En la maltrecha bancada socialista en el Congreso hay motivos para una tenue esperanza. Cuando la presión sobre el PSOE amenazaba con alcanzar sus máximos para que el partido se abstuviera y permitiera la investidura de Mariano Rajoy, el acercamiento del presidente del Gobierno en funciones y el PP a los nacionalistas para conformar la Mesa del Congreso puede suponer un alivio para los socialistas. Iglesias se rinde: ve "prácticamente imposible" un Gobierno con el PSOE.

Con tal de apartar el balón de la abstención de su tejado, los socialistas han sostenido hasta ahora que Rajoy debería buscar apoyos en sus "afines", otorgando esta etiqueta a Ciudadanos y a partidos nacionalistas como CDC y PNV, aparte del regionalista CC. Sin embargo, los focos seguían apuntando al PSOE debido a que pocos confiaban en que tras los cuatro últimos años de mayoría absoluta del PP y con tensiones como la del reto soberanista en Cataluña los 'populares' pudieran siquiera hablar con estos partidos.

El hecho de que la alianza entre PP y Ciudadanos sumara diez votos más de los suyos para la Mesa del Congreso y de que todo apunta a que provinieron de las fuerzas nacionalistas hace que el PSOE refuerce su discurso de que votará 'no' a Rajoy ya que éste tendría suficientes apoyos para sacar adelante la investidura con Ciudadanos, CDC, PNV y CC.

Según informa el diario El Mundo, en Ferraz 'sueñan' porque se produzca ese escenario ya que, de ese modo, podrán votar 'no' a Rajoy -como han mantenido hasta ahora- pero sin que les acusen de bloquear la gobernabilidad de España en un momento delicado ni de que haya que convocar nuevas elecciones. Esta posición, además, permitiría a los socialistas consolidarse en el liderazgo de la oposición neutralizando a Podemos.

Precisamente para los de Pablo Iglesias, este vuelco en la correlación de contactos entre las diversas fuerzas políticas ha supuesto un contratiempo estratégico que en las filas del partido 'morado' no preveían. Su apuesta por el cabeza de lista de En Comú Podem, Xavier Domènech, para presidir la Cámara se hizo con la intención de que recibiera el apoyo de las fuerzas independentistas y nacionalistas antes que cualquier candidato del PP.

El fracaso de la apuesta por Domènech demostraba que los soberanistas dejaban de forma implícita que se impusiera Ana Pastor y que Podemos no había calculado bien este paso. Al desconcierto y la indignación del partido se sumaba una posición de confrontación con unas fuerzas, las nacionalistas, con las que Podemos compite ya mano a mano en cada cita electoral que hay en Cataluña y País Vasco.

Por si esto fuera poco, esta lectura de los nuevos pactos supone otro revés estratégico para Podemos. El hecho de que se empiece a vislumbrar, aunque sea mediáticamente, que Rajoy no necesita la abstención del PSOE para Gobernar deja a los de Iglesias sin su mayor baza de desgaste para la XII de legislatura, que pasaba por achacar a los socialistas que permitiesen un Ejecutivo del PP y rechazasen de facto intentar encabezar una alternativa de izquierdas.

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