Al menos 200 armas de fuego, entre cuatro y cinco toneladas de explosivos y una importante cantidad de detonadores y efectos para confeccionar artefactos es el armamento que obra aún en poder de ETA y el que la banda terrorista tendría que entregar o señalar si realmente se desarma.

Pero, ¿lo hará? ¿Será este material el que los autodenominados "mediadores" o "artesanos de la paz" han anunciado que se entregará para culminar el 8 de abril ese proceso y llegar al día 9 como una organización desarmada, como ellos mismos han dicho?

Fuentes de la lucha antiterrorista consultadas cuantifican en esas cantidades lo que ETA puede conservar en depósitos y zulos, la práctica totalidad en Francia, aunque no descartan que haya más ubicaciones que la escasa decena de etarras activistas que aún le quedan a la banda ni siquiera conozca.

El problema de las armas 'manchadas'

Otra pregunta que se hacen estas fuentes: ¿entregará sólo las armas que no han sido utilizadas en ninguna acción terrorista o se arriesgará a poner a disposición de las fuerzas de seguridad algunas que pueden ser clave para la resolución de atentados aún sin esclarecer? La mayoría apuesta por la primera.

Desde su convencimiento de que ese desarme llega tarde, algunos expertos creen que ETA tiene claro cómo va a hacerlo y opinan que ofrecerá ese mismo día 8 las coordenadas de los depósitos de las armas, de las que no han utilizado porque lo normal es que las usadas en acciones terroristas las hayan hecho desaparecer.

Son solo algunas de las incógnitas que no han despejado esos "artesanos de la paz", a los que dio voz el pasado día 17 el sindicalista y ecologista Jean Noel Etcheverry cuando en unas declaraciones al diario francés Le Monde anunció la intención de ETA de desarmarse.

Y poco más. Porque este hombre, detenido por la Guardia Civil en diciembre pasado en la operación "Seminario" tras el hallazgo de un depósito de ETA que iba a servir para simular un desarme, según el Ministerio del Interior, ya no dio más pistas, como tampoco los otros "mediadores", salvo instar a que se acuda el día 8 a Baiona (Francia) para ser testigos del "día del desarme".

"No es normal que una noticia de esa trascendencia la haya dado una persona que fue detenida", subraya una de las fuentes consultadas antes de recordar que ETA ha fracasado en todos sus intentos de "sacar provecho" de las armas que tiene, es decir, de conseguir alguna concesión a cambio de ellas, al menos de momento.

Un lento desangre

Lejos de ello, las fuerzas de seguridad han ido golpeando a la banda, que ha ido "desangrándose poco a poco" hasta el punto que, según las fuentes, no le ha quedado más remedio que anunciar este gesto, "el gesto final de una derrota".

Y ha llegado a esta situación con apenas diez activistas ubicados sobre todo en Francia, con sus "exiliados" en Latinoamérica fundamentalmente y con sus presos como moneda de cambio pero sin dirección. Porque desde que ETA anunciara el fin de la violencia, hace cinco años y medio, no ha dejado de recibir golpes policiales.

Gracias a las operaciones policiales, sobre todo de la Guardia Civil y la Dirección General de Seguridad Interior (DGSI) francesa, han ido desmoronándose desde el frente logístico de ETA hasta sus cúpulas, pasando por sus estructuras de apoyo.

Así, en julio de 2015 acabaron con el aparato técnico-logístico con la detención de sus dos cabecillas, Iñaki Reta Frutos y Xabier Goienetxea, a lo que hay que sumar el descubrimiento de varios zulos o las operaciones "Jaque" y "Mate" contra el frente de cárceles.

Pero sobre todo, la desarticulación por agentes del instituto armado y de la DGSI de la última cúpula de la banda, con el arresto de David Pla y de Iratxe Sorzábal, sustituidos por Mikel Irastorza, al que le duró menos de un año su "mandato".

Todo ello en paralelo a los intentos de negociación con los gobiernos francés y español, que, al menos en sus declaraciones públicas, han mantenido la misma postura de no hacer concesiones. De todos modos, dicen las fuentes, los golpes policiales han ido dejando a la organización con menos ases en la manga para negociar.

No obstante, hay quien tiene claro que tras el desarme, si se produce, vendrán decisiones que afecten al colectivo de presos, porque ETA podría hacer una declaración final de desaparición que abriría las puertas a beneficios penitenciarios para sus reclusos. ¿Hasta el acercamiento? Otra incógnita a despejar.

Estas otras fuentes no creen que el gesto del día 8, se haga como se haga, sea un "me rindo y se acabó", apostillan. 

Mientras sigue la incertidumbre, hay otra cuestión que preocupa a las fuerzas de seguridad, como los conatos de "kale borroka" que ha habido en Bilbao y Pamplona o las agresiones a los guardias civiles de Alsasua (Navarra).

No se ha llegado a los niveles de los años de efervescencia de la violencia callejera, pero, dicen las fuentes, existe un "caldo de cultivo" y un ambiente "propicio" a la violencia que "habrá que ver hasta dónde llega".

Quizá para que no se propague, opina un experto, sería necesario hacer lo que se ha hecho con los protagonistas de los incidentes de Pamplona y Alsasua: actuar cuanto antes y considerarlos judicialmente como actos terroristas para poder "cortarlos de raíz".

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