'Artapalo' tiene nombre de pirata pero fue un pistolero de ETA, 'Fittipaldi' no conducía bólidos y 'Txelis' se cayó del caballo como Tarso, y pasó de terrorista a santurrón. El 29 de marzo de 1992, en plenos años del plomo, tres de los máximos jefes etarras acabaron engrilletados en una operación de la que este miércoles se celebra su 25 aniversario y que ha sido considerada durante tres décadas el modelo a seguir por las fuerzas de seguridad de España y Francia. La fecha coincide en el tiempo con el anuncio de desarme de ETA, que aún tiene 200 armas y cinco toneladas de explosivos en su poder.

La decapitación etarra en Bidart, a siete kilómetros de Biarritz (Francia) y a 20 de la frontera, supuso el mayor golpe contra la organización criminal en toda su historia: por primera vez se desarticulaba la cúpula, que además llevaba más de una década en el poder a golpe de coche bomba y tiro en la nuca.

Francisco Múgica Garmendia, 'Pakito' o 'Artapalo' (número uno etarra y responsable de comandos), José María Arregui Erostarbe, 'Fittipaldi' (el experto en bombas), y José Luis Álvarez Santacristina, 'Txelis' (ideólogo y estratega de la banda del hacha y la serpiente), fueron arrestados en una macrooperación cocinada a fuego lento, con colaboración a ambos lados de la frontera, un topo de la Guardia Civil infiltrado y sobre todo paciencia, mucha paciencia.

Barcelona 92 y la Expo en la cabeza

Tras la incautación de Sokoa en 1986 y la matanza de Hipercor en 1987 (21 muertos en Barcelona), el Pacto de Ajuria Enea y las conversaciones de Argel incardinan el marco donde germinará Bidart. El éxito se gestó en la infiltración de un topo entre los terroristas, según la versión del general de la Guardia Civil, Enrique Rodríguez Galindo, más tarde condenado por los GAL. Tras la puesta fuera de circulación del Comando Eibar en 1989, una información de un confidente (conocido por el Cesid como 'Pedro' según Interviú, era un miembro legal que se convirtió en chivato) "lleva a Galindo a vigilar durante meses a un dirigente de ETA hasta que le guía a la dirección de la banda", tal y como confirma a El País José Luis Corcuera, por aquel entonces ministro del Interior. Una agenda perdida por José Luis Urrusolo Sistiaga, del comando Barcelona, hizo el resto.

Así pues, un operativo de la Benemérita vigilaba la zona aquella tarde de domingo. Llevaban cuatro meses sobre la pista e incluso tuvieron la opción de dar un paso adelante hacía solo una quincena.

Pasada media hora de las seis, los agentes ven como 'Txelis' llega sobre una moto a un caserío de Bidart, donde ya está 'Fitti'. Poco después, otro terrorista hace de chófer de un desconocido en su Ford Escort. Sus gritos, sus imprecaciones y el hecho de que han cambiado de vehículo hasta en tres ocasiones, no deja lugar a dudas: es un pez gordo. Un oficial del instituto armado llega incluso a reconocerlo: son los rasgos de 'Artapalo', es 'Pakito', el máximo objetivo en la lucha antiterrorista española.

Luz verde: la unidad de élite gala (ya que el instituto armado no puede actuar sobre suelo francés) ejecuta la operación a velocidad vertiginosa. Aunque los tres llevan pistolas, apenas tienen tiempo para tratar de quemar fotos y documentos. Todo está en calma a las siete menos 20.

La Moncloa respira aliviada: faltaban solo 22 días para la inauguración de la Expo de Sevilla y ese verano se celebraban en Barcelona los Juegos Olímpicos. El zarpazo antiterrorista era una gran victoria.

"Se acabó", espetó Rodríguez Galindo a 'Pakito' en la comisaría de Bayona. Para el colectivo Artapalo, como era conocido este talde (comando, en euskera) terrorista llamado igual que su líder, desde luego sí.

González y la bomba que no fue

Antes de Bidart, el ex presidente del Gobierno Felipe González pudo "dar una orden para liquidar a toda la cúpula de ETA", tuvo "una oportunidad" y se negó, tal y como explicó en una entrevista con el rotativo de Prisa en 2010. Según su versión, el espionaje español había detectado una reunión la dirección de la banda en Iparralde, el País Vasco francés: "Cabía la posibilidad de volarlos todos juntos". "Dije no", explicó entonces.

González, que fecha ese momento entre 1990 o 1989, explicó cómo sucedió este episodio: "Se localiza lugar y día, pero la posibilidad que teníamos de detenerlos era cero, estaban fuera de nuestro territorio. Y la posibilidad de que la operación la hiciera Francia en aquel momento era muy escasa. Ahora habría sido más fácil (...) En aquel momento solo cabía la posibilidad de volarlos a todos juntos en la casa en la que se iban a reunir (...) La decisión es sí o no. Lo simplifico, dije: no. Y añado a esto: todavía no sé si hice lo correcto", indicó.

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