
Siempre vuelvo a leer a Oriana Fallaci, no de ahora, desde muy joven; yo tenía veinte años, y la conocí en La Habana. Leí Un hombre, un libro extraordinario sobre su amigo Alekos Panagoulis y la dictadura griega, luego Carta a un niño que nunca nació, novela publicada en 1975 cuando hervía en su punto la polémica europea del aborto, y también Entrevista con la historia, la entrevista con Yasser Arafat vale un millón. No me gustaba Arafat, era amigo de Castro y mentía; tampoco me gustaba Sharon.

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