No fue a cortarse el pelo... Un delegado de la SGAE entró en la peluquería de Esteban Criado, en L'Hospitalet de Llobregat, para ponerle un contrato sobre el mostrador. Para poner música debía firmarlo y abonar 12 euros al mes. A los pocos días recibió una carta certificada de la SGAE en las que le amenazaba con acciones legales.

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