
Nicolas Sarkozy, seguramente con la mejor intención del mundo, ha propuesto que el autor de El Extranjero merite su plaza en el Panteón de los Grandes Hombres de Francia, los hijos del escritor, notablemente Jean Camus refutan la idea con discreción. No porque su padre no lo merezca, porque dudan de que a su padre, tal como concibió su obra, le hubiese gustado reposar en medio de ese círculo sagrado de hombres quasi impolutos.
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