
La opinión pública catalana -partidos y medios de comunicación- va percatándose poco a poco de la gravedad de la encrucijada después del naufragio. El fracaso del TC a la hora de aprobar el quinto borrador de sentencia, a causa -se dice- de la "traición" del magistrado supuestamente progresista Manuel Aragón, no ha impedido en realidad la convalidación del nuevo Estatut sino una severa mutilación del mismo que, con ser grave, se refería apenas a las cuestiones más chirriantes, más difícilmente compatibles con la Constitución.

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