
El futuro está en el grafeno. Un material que no es nuevo -se conoce desde los años 30 del pasado siglo- pero cuyas aplicaciones para el mundo de la tecnología están empezando a desarrollarse desde hace relativamente poco. Las posibilidades son infinitas: su aplicación a pantallas táctiles autoenrollables, chips mucho más rápidos o paneles solares, se encuentra en pleno apogeo, y los resultados de los primeros experimentos comienzan a ver la luz.

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