
Los atentados contra los intereses de España en Casablanca, las bombas del 11-M, el conflicto en el islote Perejil, la llamada a consultas del embajador por parte del monarca alauí, las reclamaciones sobre Ceuta y Melilla o las tensiones permanentes en la frontera ante la avalancha de inmigrantes... El Gobierno no quiere que haya más sorpresas con Marruecos y está dispuesto a pagar por ello todo el dinero que haga falta.

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