Introducir cayenas en el recto de un toro, ponerle vaselina en los ojos o pincharlo con toda clase de armas, provocarlo o cortarlo... Esto es sólo la antesala, los preliminares de la tortura atroz a la que nuestro animal más patriótico se expone en los ruedos. Un martirio y negocio nacional nutrido por gran parte de turistas 'comprados' con versiones falseadas de esta fiesta nacional, al que el Gobierno destina 550 millones de euros anuales, según constata la Fundación Altarriba.

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