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Ciudad de México mantiene el pulso pese al temor causado por la gripe porcina

AFP
26/04/2009 - 14:20

Alberto Cárdenas, un mexicano de 27 años, camina cerca de Insurgentes, la avenida más larga de la Ciudad de México, y después de pensarlo un segundo decide el domingo entrar a un famoso comercio de tacos casi vacío no sin antes ajustarse el tapabocas, uno de los recursos para evitar el contagio de la gripe porcina.

"Había decidido no comer tacos este domingo. Todos los domingos lo hago, pero por lo de la gripe (porcina) mi intención era preparar algo en mi casa, pero al pasar por aquí no pude resistir la tentación", comenta Cárdenas con una apenada sonrisa después de pedir dos abundantes tacos de chicharrón (piel de cerdo cocinada en abundante aceite).

"Ya dijeron que no hace daño comer productos del cerdo y estos son mis favoritos", añade, después de que se los sirvieran con una inusual rapidez ante la falta de comensales.

Una vez que recibe su petición en una de las mesas del interior del establecimiento, Cárdenas reflexiona nuevamente, y más serio opta al menos por comer sus tacos en el exterior del establecimiento y lo más rápido posible.

Como este joven, el domingo hubo otros tantos mexicanos que no resistieron la tentación de acudir a restaurantes o establecimientos informales de comida típica mexicana, pero la diferencia de comensales y transeúntes con el domingo pasado es abrumadora.

"Estamos como al 20% o menos de nuestra capacidad", comenta Fabián Rojas, uno de los meseros de la taquería, mientras observa la casi desértica calle sobre la que está ubicada.

Soledad Rojas y su hija de unos 12 años pasean con el tapabocas colgando del cuello por el céntrico Parque México, intentan vivir este asoleado domingo como cualquier otro, pero se reconocen "nerviosas, preocupadas", sobre todo cuando se van dando cuenta de que son de las pocas "valientes" que decidieron salir a lugares públicos.

"No podemos quedarnos encerrados en la casa; los domingos son los únicos días que tenemos para estar juntas porque yo trabajo de lunes a sábado, y la verdad es que creí que todos pensarían lo mismo, pero no, el parque está vacío en comparación con otros domingos", dice sorprendida Rojas mientras vuelve a revisar con la mirada todo el parque.

Esta joven madre enlista todo lo que ha tenido que dejar de hacer por la epidemia, al igual que muchos de los 20 millones de mexicanos que viven en la capital y sus suburbios, una de las más pobladas del mundo.

La noche del sábado "no pude ir de copas con mis amigas", porque el gobierno capitalino ordenó el cierre de bares y discotecas, el domingo por la mañana "no pudimos ir a misa", también por una disposición oficial, "y la niña no irá a clases no sé por cuánto tiempo", lamenta. "Sólo le pido a Dios que esto se controle y que no se vaya a volver más peligroso el virus" de la gripe porcina, hasta el momento curable si se trata a tiempo, concluye.

El presidente mexicano, Felipe Calderón, dijo el domingo que se han detectado poco más de 1.300 personas infectadas con el virus, de las cuales unas 900 ya fueron dadas de alta y también dijo que su gobierno contará con laboratorios privados para una detección más eficaz y rápida del virus.

Calderón también hizo un llamamiento a "mantener la calma" y confió en que se podrá "contener este brote epidémico".

"Estamos en el momento crítico, esta semana que viene es crítica, y tenemos que hacer todo lo humanamente posible para frenar la propagación", dijo el alcalde de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard.

Ante el desabastecimiento de cubrebocas registrado desde el viernes en las farmacias, el gobierno sacó a las calles camiones militares repletos de esos productos para su distribución gratuita.

El problema es que "no tenemos muy claro dónde usarlo, nos lo ponemos y quitamos según nos indique la intuición", dice Rosa María Juárez, al descender de su automóvil acompañada de su novio.

Ambos traían puesto el cubrebocas a bordo de su coche y se lo retiraron al bajar para comprar zumos en un exclusivo establecimiento, en el que los meseros no usan mascarillas.

En contraste, los acomodadores de coches, que se cuentan de a miles en la capital mexicana, usan incluso guantes quirúrgicos en un domingo en el que sus ingresos serán seguramente muy bajos.


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