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El laboratorio de la muerte de la violenta Ciudad Juárez

AFP
1/07/2009 - 18:35

"Din don, din don, son las cosas del amor", suena la voz del baladista argentino Leonardo Favio desde una radio colgada en la morgue de la mexicana Ciudad Juárez, una de las más violentas del mundo, donde el trabajo de los forenses es a destajo y en estado de máxima tensión.

"Los médicos necesitan la música suave para distraerse, porque es muy duro su trabajo en este sitio", dice Héctor Jaule, jefe del Centro de Servicios Periciales y Ciencias Forenses de Ciudad Juárez, a AFP.

Jaule precisa que el promedio es de siete autopsias diarias, la gran mayoría producto de los enfrentamientos del crimen organizado.

Un cuerpo envuelto está depositado sobre la camilla, otros dos están apilados en unas tarimas y todo el recinto huele penetrante, el olor de la muerte, que es el que se respira en una ciudad agobiada por la violencia del narcotráfico.

La morgue integra un moderno complejo en el que trabajan 110 personas en las áreas de criminología, balística, química y genética, antropología y administración, todo para intentar saber cómo y quién en una ciudad que se acostumbra a reportes de una decena de asesinatos diarios.

Ahora la mayoría de las víctimas son jóvenes distribuidores de droga, que integran pandillas que se disputan palmo a palmo cada barrio y cada calle por el mercado 'minorista'.

Estos jóvenes son el primer eslabón de una guerra a gran escala entre los poderosos cárteles de Juárez y Sinaloa, que tienen la mira puesta ahí muy cerca, cruzando el límite para abastecer a Estados Unidos, el mayor mercado mundial de cocaína.

"Se ha construido este centro por la gran cantidad de hechos, para dar más servicio", admite Saúl Chávez, criminalista de campo, que acompañó a un equipo de AFP en un recorrido por todas las áreas del Semefo (Servicio Médico Forense), donde se resume la parte más violenta de Ciudad Juárez.

El área de balística asemeja a una tienda de armas sofisticadas, surtida de los modelos más modernos, apenas un muestrario del elevado poder de fuego de los cárteles que se abastecen con pocas restricciones en Estados Unidos.

"RFG" son las iniciales con incrustaciones de oro de una pistola incautada tras uno de los tantos enfrentamientos en Ciudad Juárez, que se exhibe junto a otra veintena de armas de calibres diversos. Adriana Saenz, experta en balística, desconoce a quién corresponden esas tres letras.

"Este es un fusil Barrett calibre 50 capaz de traspasar cualquier blindaje, el arma más poderosa que se confiscó en Juárez, y este otro es un artificio creado en un penal que consiste en un pequeño cilindro de metal que dispara con sólo golpearlo contra un material duro", muestra Saénz.

Rosa Almeida, del área de química, detalla que desde enero al 23 de junio se sacaron muestras biológicas a 1.164 cuerpos, la gran mayoría por homicidios del crimen organizado, contra 2.392 que se contabilizaron en todo 2008.

"Creo que este año vamos a superar la cifra del 2008", estima.

Un total de 47 cuerpos hallados en 2008 en dos fosas clandestinas de Ciudad Juárez, relacionadas con homicidios del crimen organizado, mantiene en vilo a la sección de genética y de antropología.

"De los 47 cuerpos ya hemos identificado a 32", dice Eberth Castañón, cuyo trabajo es obtener muestras genéticas a partir de evidencias que se recolectan en la escena del crimen.

El día de la visita el parte cotidiano de las autoridades marcó seis asesinatos en Ciudad Juárez, una cifra levemente inferior al promedio, tal vez un ligero respiro que no ilusiona a nadie.


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