
Cuando saluda, aprieta la mano con fuerza y fija la mirada sin miedo. Segura de sí misma, María Dolores de Cospedal (Madrid, 1965) no teme a los retos. Al contrario, le gustan. Y mucho. Ahora tiene un aún más grande: ser la nueva Secretaria General en un PP dividido.
Por eso no se amilanó cuando le propusieron presidir el Partido Popular de Castilla-La Mancha y el más difícil todavía: conquistar la tierra del Quijote tras 25 años de gobiernos socialistas.
Licenciada en Derecho, su extenso currículum es un sumatorio de cargos siempre en ascenso. Abogada del Estado desde 1991, su primer destino fue el País Vasco. De allí saltó al servicio jurídico del Ministerio de Obras Públicas, en 1992, y dos años después ya era abogada del Estado Jefe en el Ministerio de Asuntos Sociales.
El triunfo popular en las elecciones generales de 1996 le llevó a formar parte del equipo de asesores del ministro de Trabajo, cargo que abandonó para saltar a la embajada española en Estados Unidos, hasta que en 1999 asumió la Secretaría General Técnica del Ministerio de Trabajo. Con el segundo mandato popular pasó a ocupar la Subsecretaría de Administraciones Públicas y, posteriormente, la del Ministerio de Interior.
Este currículum ha servido a sus detractores para acusarle de ser una mujer de partido, demasiado técnica y poco curtida en los ruedos de la política. Unas críticas que ella replica con hechos consumados.
Liberal e independiente, rompe moldes dentro y fuera de su partido. Su condición de divorciada y madre soltera por fecundación in vitro dibujan un perfil poco común y dado a la polémica que nunca ha escondido. Como tampoco ha dudado en alzar la voz y defender medidas tan polémicas como la caducidad del trasvase Tajo-Segura. Postura que ha levantado ampollas en algunos frentes del PP especialmente en Valencia y Murcia.
Pero su compromiso está con Castilla-La Mancha, donde asegura que pueden mejorarse las condiciones sociales rebajando la presión fiscal y reduciendo los gastos del aparato burocrático. Un dinero que promete destinar, por ejemplo, a un fondo de pensiones que garantice una jubilación a las amas de casa.
De hecho, las mujeres son uno de sus caballos de batalla preferidos; y la búsqueda de la igualdad un principio inapelable que no pretende alcanzar con cuotas, sino eliminando las raíces de la discriminación y, sobre todo, garantizando la igualdad de sueldos.
Ella lo ha conseguido. Tocar poder y romper moldes sin renunciar a sí misma. "Es que la jefa tiene un par... de tacones", dicen sus colaboradores, que reconocen el fuerte carácter de Cospedal , pero también su preocupación por los demás y una virtud difícil de encontrar en las cúpulas: sabe pedir perdón.
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