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¿Escapa el nuevo graffiti del vandalismo? Las ciudades gastan millones de euros en su limpieza

Juan Carlos Rodríguez
21/02/2008 - 17:26

El graffiti escapa del vandalismo. La estética sigue: el hip hop, el skate, el break-dance… pero el escenario se renueva. De la noche al día. Entra en los museos, ocupa las subastas -el fenómeno Banksy ha transformado su percepción artística- y se reproduce en "graffiteros virtuales", "laser-graffiteros", "ciber-grafiteros", "LED-graffiteros", "electro graffiteros"... El nuevo arte callejero se expresa con píxels y watios en lugar de spray.

Pero ellos son la aristocracia del barrio de la era post digital. Y están politizados en exceso, según los parámetros al uso: de hecho, surge en los Estados Unidos para protestar contra la invasión de Irak.

El nuevo lenguaje se reproduce con pintadas virtuales en escenarios insospechados que desaparecen en pocos segundos. Evan Roth y James Powderly lideran el colectivo Graffiti Research Lab, verdaderos impulsores del nuevo arte callejero. Ambos trabajan en el instituto Eyebeam de Nueva Cork, que nutre de nuevas tecnologías y estrategias a los graffiteros postdigitales.

Ellos han ideado las llamadas "incursiones": ráfagas luminosas de graffitis (por ejemplo, con power point), llegada de la policía y desconcierto, porque de repente la "pintada" se apaga y no deja rastro. Mientras, lo graban todo y pocos minutos después hacen las delicias de los internautas. De ahí, que Roth y Powderly hayan bautizado el nuevo arte como "ciber-graffiti" o "LASER tagg". El blog Woostercollective lo cuenta todo.

Hay otras tendencias acorde con los tiempos, como el denominado "ciber-spray", nueva arma que exhiben los hacker para dejar sus graffitis en los muros de Google, Yahoo! o Wikipedia. Pero, en esencia, poco o nada tiene que ver con el grafismo –que es la grafía que busca imponer la Real Academia Española– tradicional, que a la vez que vive el desembarco de las nuevas tecnologías se renueva. Ahora el proceso de creación de las pintadas se graba y se asciende a los altares de Youtube.com, sin el que nada existe.

Aumenta la moda del graffiti

Lejos de desaparecer, el graffiti aumenta. Y las cifras abruman. Según la encuesta realizada por el muralista Antoni Gabarre, "el 10% de los jóvenes varones de las ciudades de más de 80.000 habitantes, pinta o ha pintado graffitis o realizado firmas", conocidas en el entorno como tacs. El perfil social de esos graffiteros es "de clase media y media-alta, con problemas familiares y en su entorno escolar. Tienen en su mayoría una autoestima baja, y se encuentran en una fase de maduración tardía".

Este grupo social actúa y agrede con su vandalismo estético en los centros históricos de las grandes ciudades, en urbanizaciones y barrios dormitorios. "En muchos casos, no sólo es provocación o vandalismo, sino denuncia de la situación de las ciudades, el abandono o el deterioro urbano", afirma.

Ahora bien: existe otro grupo de jóvenes que realizan agresiones estéticas, que utilizan las paredes para anunciar que existen escribiendo sus nombres de pila y frases con un contenido social de denuncia y reivindicación. Uno y otro grupo no se mezclan, aunque a veces se confunden. Hay múltiples diferencias, la fundamental: "Prácticamente el 96 por ciento de los graffiteros describen sus pintadas como arte".

Jóvenes grupales

Y la media de edad va descendiendo. De los 16,5 años de 2003 a los 15 de 2007, a la vez que aumenta el promedio de sprays usados (de 15,85 a 21,25 al año), aunque en la encuesta realizada por el propio Gabarre entre 165 jóvenes de municipios de menos de 250.000 habitantes el 90 por ciento admite haberse iniciado a los 12 años, por la influencia de amigos (un 20% por "moda" y otro 15% "por fastidiar"). 9 de cada 10 sólo actúa en grupo y, uno menos, ocho, declaran que "expresan sentimientos y emociones".

La "tolerancia cero" no ha resuelto el problema. Gabarre (Barcelona, 1949) trabaja actualmente como técnico en programas culturales en el Ayuntamiento de Jerez y ha investigado, por su contacto diario con jóvenes graffiteros y su larga experiencia, el fenómeno hasta convertirse en uno de los impulsores de los talleres artísticos y sociales: "No se está educando, la tolerancia cero no resuelve nada, porque sólo se emplea dinero en limpieza y no se invierte en desarrollar el espíritu creativo de los jóvenes".

Su argumentación está armada de cifras, sonsacadas de los propios presupuestos municipales, como gastos por limpieza de graffitis: a Madrid le cuesta 5,7 millones de euros, 1,2 a Barcelona, 0,4 a Alicante. Y así entre los 375.000 euros que gasta Granada y los 95.000 de Vigo. Esa es su mayor insistencia: si el dinero que se invierte en limpieza, o una parte de él, lo gastamos en programas de formación artística el graffiti, como se está demostrando, sale del guetto, se transforma en una salida profesional y deja de ser una preocupación social y económica.

Sus cifras incluyen dos reveladoras: en Estados Unidos se gastan en limpieza 1.400 millones de dólares, que se multiplican hasta 29.000 en todo el mundo, 52.000 millones de dólares, afirma, si se tiene en cuenta "el gasto que supone a los empresarios y a los propietarios eliminar las pintadas".

Gabarre cita el ejemplo de Jerez y de Alicante como ciudades que llevan años trabajando con los jóvenes graffiteros. En la ciudad andaluza se ha pasado de 55.000 euros en 2001 a gastar sólo 5.000 euros en 2005 destinado a limpieza de graffitis. ¿Qué ha ocurrido? La puesta en marcha de un plan estratégico que incluye talleres en los que el joven graffitero va encontrando salidas profesionales, que van desde el diseño gráfico a la programación, y, a la vez, se introduce en circuitos oficiales de grafismo, como concursos, festivales o exhibiciones, además de ofertarles muros a lo largo y ancho de la ciudad.

"Hay que dejar que pinten y acompañarles en esta creación, hay que abandonar el miedo, porque no pasa nada", señala. Sin embargo, los metros cuadrados por graffitero caen tras alcanzar en 2006 una media de 11,53 por joven a 9,23 el año pasado. Es apenas el único resultado de la llamada "tolerancia cero". La Policía está más alerta.

La edad critica en la que un joven grafitero se plantea dejar de hacer vandalismo, son los 18 años. Esta edad supone la mayoría de edad y todo lo que supone este hecho. Una falta leve pasa a ser una falta grave y, por lo tanto, un delito. El cambio es importante, se puede pasar de recibir una sanción económica de poca cuantía o pasar a cantidades de entre 1.500 a 3.000 euros. Se puede ser condenado incluso a prisión, como ha sido el caso de algunos jóvenes en Madrid, Barcelona o Badajoz.

El fenómeno Bansky

"Hay una gran necesidad de espacios", reclama Gabarre, que atesora más de veinte años de experiencia como muralista urbano, y por eso apuesta por el graffiti como una estética capaz de mejorar el entorno urbano con verdaderas obras de arte. Lo hace Banksy, aunque su fama mundial ha venido de la mano de su capacidad para colarse en los espacios más insospechados, como el British Museum, el MOMA o el Louvre, y dejar en él sin ser ni tan siquiera apercibido.

Pero, en cierto modo, su fama está abriendo puertas a la evidencia: "Lo que separa a un verdadero graffitero de un simple vándalo es la calidad artística de su pieza". Y si hay permiso, el esmero artístico también es mucho mayor.

"Banksy se ha salido de la dinámica del graffiti, porque en esencia el graffiti no reivindica nada, tan sólo el ego del autor. Es un fenómeno al margen, porque no ha abandonado el vandalismo, pero a la vez sus obras se valoran en miles de euros", señala Gabarre. Hasta 430.000 euros se ha llegado a pagar una pintada de Banksy en un muro de Portobello Road, en Londres. Y no es el único, porque al fenómeno se ha sumado otros muchos, alentado por las galerías y casa de subastas de arte, como la parisina Artcurial.

Aunque hay más vía abiertas, como "dos casos representativos de buen ejemplo a seguir en cuanto a profesionalización del graffiti", que son el grupo americano TATSCRU y el europeo McCLAIN.

Gabarre protagoniza otra dura misión: convencer a las pujantes empresas de pintura de que dediquen parte de su presupuesto a la formación de los graffiteros. Su argumento no es sólo los 15 millones de botes vendidos en Europa en 2007, sino que ha elevado una denuncia al Defensor del Pueblo por el daño que el uso de estos sprays está causando en la salud de los jóvenes.

En ráfagas:

La experiencia de Alicante

Alicante ha puesto en marcha el programa "Murart" y en él participan 18 jóvenes entre 14 y 18 años que han pintado más de mil metros cuadrados de muros y paredes de la ciudad.

Museo del graffiti en Sevilla

La Delegación de Cultura pretende crear un museo al aire libre sobre el graffiti en el parque de Miraflores, mientras el de María Luisa se dedicará a la literatura y la lectura.

Salto a la Universidad

En la Facultad de Ciencias de Información de la Universidad Complutense de Madrid existe desde hace un par de años la asignatura «Graffiti, breakdance y rap. Hip-hop y medios de comunicación».

Dos años por pintar en el metro

Dos años de prisión y una multa de 2.400 euros a un joven por pintar graffiti en estaciones y en convoyes del metro de Barcelona.

Tendido eléctrico en Gijón

En Gijón las cajas de tendido eléctrico en las aceras se han convertido en el soporte artístico de esta forma de expresión.

La mala experiencia de Cáceres

Las pintadas se han convertido en uno de los caballos de batalla del Ayuntamiento, en especial porque afecta incluso a edificios protegidos.


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