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El último pueblo nómada de Canadá presenta un ambicioso proyecto social

AFP
20/05/2008 - 18:40

Los algonquines de Kitcisakik, 'los últimos nómadas' de Canadá, habitan en pequeñas casas de madera sin agua ni electricidad a lo largo de un camino de tierra en el bosque, pero lanzaron un proyecto ambicioso para salir de su precario estado.

Kitcisakik es una curiosidad histórica. A 450 kilómetros al norte de Montreal, los habitantes de esta comunidad amerindia se negaron durante mucho tiempo a vivir en una reserva india, prefiriendo ser 'ocupantes ilegales' de sus tierras ancestrales.

Fueron los últimos amerindios de Canadá en abandonar la vida nómada. Algunos de hecho aún emigran todavía en verano a campos de caza, pero esta práctica es hoy marginal entre los 428 habitantes.

Canadá cuenta con 1,3 millones de autóctonos repartidos en 640 comunidades diferentes. Unos 9.000 algonquines viven en el sur de la bahía James, en Quebec.

"La gente de Kitcisakik tenía la impresión de que el gobierno quería acorralarnos en una reserva para tomar el territorio y los recursos. La respuesta siempre fue un no categórico al estatuto de reserva", explica James Papatie, antiguo jefe.

Sin reserva, los algonquines de Kitcisakik no tienen derecho a los subsidios del gobierno canadiense previstos por la 'Ley sobre los indios', un texto adoptado en 1876 que reguló las tierras y fiscalidad de los autóctonos.

Pese a estar en una provincia rica en hidroelectricidad como Quebec, los edificios públicos y las casas del pueblo se alimentan por generadores y no tienen agua corriente.

Las familias locales deben exiliarse para educar a sus niños en la ciudad o confiárselos a familias de Valle de Oro, ciudad minera situada a 80 kilómetros, para que puedan ir a la escuela.

Pero las cosas están comenzando a cambiar. Una pequeña escuela para alumnos de cinco a siete años fue acondicionada y los habitantes lanzaron un proyecto ambicioso bautizado 'Wanaki' (paz, serenidad) que prevé la construcción de un pueblo permanente, el desarrollo de empresas basadas en la explotación duradera del bosque y en el ecoturismo.

"Le proponemos al gobierno canadiense un modelo que no ha sido experimentado en ninguna otra parte en Canadá y que puede servir de ejemplo para sacar a comunidades autóctonas de la pobreza", dijo Papatie.

Canadá considera "muy esperanzador" el proyecto de los habitantes de Kitcisakik pero "no tomó la decisión" sobre su financiamiento, que estimó en 100 millones de dólares, explica Christian Rouleau, responsable regional de los acuerdos con los autóctonos.

Para recibir el financiamiento, los algonquines de Kitcisakik deberían aceptar el estatus de 'reserva indígena', algo difícil para una comunidad que ha convertido su rechazo en un tema de honor.

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