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Estas fresas blancas cultivadas en Japón se venden a precio de oro

9/06/2017 - 14:57
  • La fresa blanca es un híbrido entre la Fragaria chiloensis y la Fragaria virginiana
  • Esta fresa puede llegar a medir hasta entre 15 y 23 centímetros
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Fresa blanca. Imagen: YouTube Great Big Story

Existen cantidad de frutas exóticas en el mundo caracterizadas por su exclusividad y la fresa blanca es una de ellas. Su escasez y su grato sabor hacen de esta fresa única un alimento muy codiciado para cualquier amante de la fruta.

También conocida como la joya blanca o pineberry, se trata de una variedad de la fresa común. Aunque a diferencia de la fresa común y como su propio nombre indica, es de color blanco. No obstante, sus aportes nutricionales son los mismos que los de cualquier otra fresa.

Esta variedad de fresa blanca con semillas rojas es extremadamente dificultosa de cultivar, por lo que su precio es muy elevado. Su sabor, según dicen los que la han probado, es semejante al de la piña tropical y se intensifica cuanto más madura es la fruta.

Se dice que sus orígenes se ubican en Chile y su 'nacimiento' surgió gracias al cruce accidental de dos especies de fresa, la Fragaria virginiana y la Fragaria chiloensis. Este híbrido en un primer momento recibió el nombre científico de Fragaria x ananassa, y no tardó en comercializarse por América central y América del Sur. En una ocasión estuvo a punto de extinguirse, pero afortunadamente en el 2003 agricultores holandeses decidieron llevar a cabo su cultivo y pudieron hacer posible el resurgimiento de esta fruta.

Hoy en día, solamente hay una persona en el mundo que se ocupa de su cultivo. Se trata del japonés Yasuhito Teshima, quien en su granja de Karatsu cuida con mucho mimo su plantación de fresas blancas. Un trabajo que ha ocupado cuatro años de la vida de este agricultor japonés en los que ha tenido que luchar duramente por sacar adelante este fruto. Asegura que su máxima aspiración es que su fruta sea única en cuanto a sabor y textura.

Yasuhito se siente muy orgulloso y fascinado por haber conseguido convertir la fresa blanca en algo tan deseado para muchos, en especial para la población nipona. Cuenta que tanto la forma de la fresa como su textura son aspectos realmente espectaculares que nunca había visto antes. Por esto y por el trabajo que supone conseguir una buena colecta de estos frutos, Yasuhito Teshima las comercializa a precio de oro: alrededor de diez dólares por unidad. Un manjar que no todo el mundo se puede permitir.

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