
Arnaldo Ramos Lauzurique es uno de los recién excarcelados cubanos que decidió quedarse en su país: Cuba; y desde que salió de la prisión no ha cesado de escribir, de manera muy acertada, sobre la economía cubana, que no es cubana como tal, que es esa economía destruida por el castrismo, y a la que debemos llamar economía castrista.
Ramos Lauzurique tiene 68 años, en el 2003, durante la llamada Primavera Negra de Cuba, fue condenado a 18 años, de los cuales hizo casi ocho, enfermo, dentro de celdas de extrema precariedad. Su delito fue haber creado un Instituto de Economía Independiente junto a la también economista y opositora Martha Beatriz Roque.
Sin embargo, pese a sus 68 años, y su estado de salud, al igual que el Dr. Oscar Elías Biscet, quien acaba de ser excarcelado, y que es considerado uno de los presos más importantes de los Castro, algo así como la joya de la corona, Ramos Lauzurique se negó rotundamente al destierro, y sin la posibilidad de volver a trabajar de manera normal, sin recibir una pensión, sin ninguna entrada económica, decidió empezar a escribir sobre el tema por el que lo condenaron a privación de su libertad: La economía.
Dentro del grupo de presos de los 75 de la Primavera Negra, Arnaldo Ramos Lauzurique, mulato, en la tercera edad, casado, continúa arriesgando su vida a favor de poner en práctica sus conocimientos y de hacerlos llegar al mundo, mediante internet. Es uno de los periodistas y especialistas en economía que merece un puesto entre los mejores periódicos del mundo. Nadie lo ha llamado, nadie lo ha premiado, pocos han reparado en su labor, la labor diaria de una hormiguita y la organización de las abejas, y ya sabemos que las hormigas y las abejas son los animales más organizados y ahorrativos, y también los más productivos.
Los mejores trabajos de análisis acerca de la economía cubana que yo recomendaría con los ojos cerrados son los de este hombre, porque son escritos tratados en un lenguaje sencillo, accesible, directo, crítico, pero también pleno de esperanza, y constituyen el ejemplo de que los buenos cubanos, los que todavía quieren y saben trabajar con dignidad y sin aparatosidad, los que de verdad luchan por la libertad, y dentro de esa libertad, por la libertad económica que merecen los cubanos, no son una rareza inalcanzable en una torre de marfil. Arnaldo Ramos Lauzurique es ese tipo de ser humano esencial, al que uno puede leer entero a través de sus palabras, sin medias tintas, y con el valor intacto.
Jamás lo he oído referirse a sus dolencias, o rara vez lo hizo, su vida es su escritura, el periodismo especializado, la economía. Puedo asegurar, con los ojos cerrados, que si no hubiera nacido en Cuba, podría haber sido un brillante ministro de economía en cualquier otro lugar del mundo, así como Martha Beatriz Roque hubiera podido serlo también.
El desgaste y empobrecimiento de la economía cubana sólo tiene un culpable: el castrismo. El embargo de Estados Unidos le propició a los Castros que durante más de 30 años fuéramos absolutamente dependientes del desaparecido CAME, así como de la URSS, y de otros países comunistas, durante la Guerra Fría. Tras la caída del Muro de Berlín, y del comunismo, Cuba se ha valido del pretexto del embargo para recibir créditos, ayudas, y contratos por un tubo y siete llaves, como decimos vulgarmente en Cuba, a tutiplén, de parte de la Unión Europea, de las ONG?s norteamericanas, las que burlando el embargo, a través de México y de Canadá, han nutrido a la isla de ayudas multimillonarias.
Necesitamos de los análisis de Arnaldo Ramos Lauzurique, del pensamiento de Martha Beatriz Roque y del Dr. Oscar Elías Biscet, y de otros, que como ellos, sin detenerse en galardones ni en condecoraciones de ningún tipo, han dedicado sus vidas a conseguir lo que otros han logrado con su esfuerzo intelectual y físico, de manera normal: que el mundo sea mejor y que las personas vivan en razonables condiciones humanas. A esos otros se les pagan salarios adecuados, y se les reconoce por su productividad y eficiencia. A los cubanos se les encerró durante años en cárceles, sin piedad ninguna, ninguneándolos, borrándolos. Solamente por esa razón debemos ayudarlos a conseguir que el mundo repare en ellos, y que puedan contar como seres influyentes en el futuro de una Cuba próspera. La prosperidad de la isla aliviará al resto del mundo de deudas inconcebibles y proporcionará trabajos y bienestar a los millones de desempleados, entre los que se encuentra actualmente más de un millón de cubanos.
Arnaldo Ramos Lauzurique, un trabajador, un economista, un hombre que conoció el dolor detrás de las rejas, es hoy un hombre libre, aprovechemos sus conocimientos. Hombres como esos, que saben lo que es la crisis más horrenda, la de la falta de libertad, nos pueden ayudar a salir de esta otra, la crisis económica mundial.
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