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Mondragón despide entre la rabia y el miedo a ex concejal asesinado por ETA

AFP
8/03/2008 - 20:05

"Era un hombre que supo dar la cara en territorio comanche. Un valiente. Por eso está en ese ataúd": así despide Antonio Lizán a su "amigo de toda la vida", Isaías Carrasco, ex concejal socialista asesinado por ETA el viernes en Mondragón (norte).

Cientos de vecinos congregados el sábado en la iglesia San Juan Bautista de esta localidad vasca recibieron con emocionados aplausos el féretro de la última víctima de la organización armada separatista vasca, que atravesó el pueblo bajo una triste lluvia y cargado a hombros por sus compañeros de partido y familiares. "Todos somos Isaías", se leía en una pancarta.

"El pueblo está consternado pero tiene miedo a salir a la calle, a decir lo que piensa, a gritar que ya basta", explica Miren, una vecina que no quiere dar su apellido.

Durante el funeral, al que asistieron representantes de los principales partidos políticos, decenas de escoltas intentaban pasar desapercibidos entre los asistentes, los policías antidisturbios controlaban los accesos a la iglesia y los francotiradores estaban apostados en los tejados de algunos edificios cercanos.

"Lo más duro es pensar que quien le mató probablemente lo conocía. Y sabía que ya no tenía escolta. Es asqueroso y cobarde", asegura entre lágrimas Elena Pinedo, amiga de la familia de Isaías Carrasco.

Mondragón, símbolo de la prosperidad económica del País Vasco, es también un espejo de las llagas abiertas de este pueblo. La localidad está gobernada por Acción Nacionalista Vasca (ANV), formación de izquierda abertzale (independistas radicales) cuyos dirigentes, comenzando por la alcadesa, Inocencia Galparsoro, no han condenado el asesinato de Carrasco.

Las paredes del pueblo están cubiertas con carteles que piden la libertad para los presos vascos y la abstención en las elecciones generales del domingo, a las que ANV no ha podido presentarse por decisión de la justicia española, que la considera vinculada con Batasuna, formación política ya ilegalizada y vista como el brazo político de ETA.

"Esto nos da todavía más ganas de ir a votar el domingo. Es nuestra revancha democrática contra esta mafia de ETA que ya no representa a nadie", asegura rabiosa Lola Álvarez, residente en la cercana ciudad de Vitoria.

A media voz, los vecinos aseguran que Carrasco tenía enemigos en el pueblo "porque hace falta tener mucho valor para ser socialista en Mondragón" y apuntan que "alguna rencilla del pasado", sumada al hecho de que fuera un blanco fácil, le convirtieron en una "víctima perfecta".

"Yo tengo dos primos en la cárcel por etarras. Pero no todos somos iguales. En Mondragón hay gente buena. Lo más importante es que la gente comienza a estar muy harta", explica Xabier, contemplando la entrada de los restos mortales de Carrasco.

En su emotiva homilía, el obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, pidió a la familia del ex concejal asesinado y a todo el pueblo que no se resignen, que exijan "la desaparición de ETA" y no olviden que "sin esperanza el pueblo muere".

Sus palabras no consiguieron detener el llanto de la viuda, María Ángeles, y de Sandra y Ainara, hijas de Carrasco. "¡Ánimo, guapas!", les dijo un amigo.

Cuando el féretro de Carrasco abandonó la iglesia, sólo un vecino se atrevió a lanzar un tímido grito de "¡Asesinos!", que la multitud no acompañó.

Sobre el ataúd del ex concejal no había banderas ni mensajes, sólo una rosa, símbolo del partido socialista, depositada por su familia.

bl/esb/mcd

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