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Confrotación, electoralismo, claves del debate del estado de la Nación

Antonio Papell | 10/05/2009 - 18:19
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Los dos líderes se verán las caras el próximo martes.

Pese al sorprendente resultado del último sondeo del CIS, que otorgaba una leve ventaja al PSOE sobre el PP, la gravedad de la recesión y la situación negativa de los grandes indicadores el paro en primer lugar- hacen temer a los socialistas una derrota en toda regla en las elecciones europeas del 7-M.

...Aunque objetivamente irrelevante desde el punto de vista de la política interna, dejaría al Gobierno psicológicamente postrado y pondría la iniciativa política en manos de la oposición.

Elecciones europeas en el horizonte

En este marco, la decisión de Zapatero de adelantar el gran debate sobre política general a estas vísperas de la campaña electoral europea, que de hecho ha comenzado ya, ha de deberse por fuerza al deseo de clarificar la dialéctica ideológica y de dar visibilidad a las dos opciones de gestión de la crisis que se ofrecen a la opinión pública. La socialdemócrata, basada en el mantenimiento del gasto social y la inversión productiva con cargo al déficit público, sin reformar la legislación laboral ni reducir impuestos, y la neoliberal, consistente en reducción de impuestos y en las eufemísticamente llamadas reformas estructurales, que consisten en el abaratamiento del despido y en la contención del gasto. En definitiva, políticas de demanda (PSOE) frente a políticas de oferta (PP).

Soluciones izquierdistas a la crisis

En definitiva, todo indica que Rodríguez Zapatero pretende explicitar y concretar su política izquierdista frente a la crisis, con los mensajes ya conocidos: negativa al abaratamiento del despido y a cualquier reforma laboral que no tenga el beneplácito de los sindicatos (requisito necesario pero no suficiente para evitar la huelga general); mantenimiento del gasto social; fuerte inversión pública para cebar la bomba de la inversión privada; y la propuesta estrella, subsidio a los desempleados que hayan agotado el plazo de prestación, en colaboración con las comunidades autónomas. Estas ayudas, del orden de 400 euros mensuales a los parados que no tengan cargas familiares, son por lo demás indispensables si no se quiere convertir a este país en un avispero social al borde del estallido.

Los escasos apoyos de Zapatero

Lógicamente, en este empeño Zapatero tratará de seducir a la izquierda parlamentaria (IU, ERC, BNG), que sin embargo no parece dispuesta a prestarle apoyo. Y tendrá enfrente a las formaciones nacionalistas: PNV por razones obvias y CiU por causa de la financiación autonómica. A menos, claro está, que el presidente realice algún anuncio espectacular sobre este asunto que satisfaga a CiU, algo francamente improbable dado que el modelo de financiación está en plena negociación en estos momentos. Lo inexplicable es que Zapatero no haya resuelto este asunto antes del gran debate, pero a lo que parece su deseo de plantear y confrontar las bases programáticas ha podido más. A su favor está la evidencia de que todos los países desarrollados están practicando políticas de oferta. Y que en el reciente congreso del Partido Popular Europeo en Varsovia, sólo el representante albanés coincidió con Rajoy en la conveniencia de bajar impuestos.

En fin, que el debate será abrupto, sin posibilidad de consenso porque las dos grandes fuerzas han optado por una estrategia de confrontación que no deja apenas espacios comunes, salvo, quizá, en lo tocante a la defensa del sistema financiero. Es muy improbable, además, que el PP perfile con claridad cuáles son sus opciones reales, ya que si diera satisfacción a las apetencias empresariales se alejaría del centrismo moderado que quiere impulsar Rajoy para preservar su electorado de clases medias. En definitiva, es de esperar que el PP se limite a proclamar su crítica frontal al Gobierno y a afearle (paradójicamente) que en realidad y solapadamente esté recortando algunos gastos sociales (becas, mayores, dependientes), sin acabar de perfilar un programa alternativo.

Es claro que este debate a cara de perro, con posturas previsibles e irreductibles, irritará todavía más a una opinión pública atemorizada y perpleja que reclama abiertamente unidad política frente a la crisis, y acentuará las tendencias abstencionistas, tan explicables, con vistas al 7-J. En definitiva, habremos de soportar una vez más un debate electoralista en que las formaciones políticas jugarán las cartas con la mirada puesta en las europeas más que en los problemas reales del cuerpo social.

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