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El centro de Bangkok, de paraíso de las compras a campo de batalla

EFE
20/05/2010 - 16:10

Bangkok, 20 may (EFE).- Un panorama desolador de cenizas y destrucción es el que ofrece hoy el que fuera paraíso de las compras en el centro de Bangkok, convertido en campo de batalla durante el desalojo del campamento de los "camisas rojas".

Cristales rotos, escombros aún humeantes y vehículos calcinados evidencian la resaca de los altercados que anoche se produjeron en el cruce de centros comerciales de lujo del barrio de Rachaprasong, frecuentados habitualmente por miles de turistas extranjeros y tailandeses adinerados.

Esta mañana apenas había unas decenas de forasteros, la mayoría periodistas o curiosos que no querían perderse la oportunidad de ver sobre el terreno la "zona cero" de las protestas el día después de su fin.

"Nos ha impactado. Es muy, muy triste", comenta a Efe un turista estadounidense recién llegado a la ciudad.

Al entrar al perímetro acordonado, los soldados tailandeses en el control de seguridad están demasiado ocupados tomando fotos de la tragedia con sus teléfonos móviles para registrar a todo aquel que entra.

La primero que llama la atención no es una imagen sino el sonido de la pegadiza música pop local que emite por megáfonos un camión de la Policía, una estrategia del cuerpo para promocionarse de cara a la población que nunca llegó a seducir a los "camisas rojas".

Según se avanza hacia la "zona cero" aparecen cientos de tiendas de campaña en las que han vivido durante dos meses los activistas que querían derribar al Gobierno.

Ahí es donde es más visible que los 3.000 manifestantes tenían intención de quedarse hasta el final, pues no habían recogido sus enseres y tuvieron que dejarlo todo al ser sacados a la fuerza por los militares.

Cacerolas, colchonetas, sillas de plástico, ventiladores e incluso juguetes de los niños han quedado abandonados y a merced de los rateros, que sortean el cordón de seguridad por las callejuelas y se llevan todo lo que pueden.

Otros son vendedores ambulantes que se trasladaron al fortín de los "camisas rojas" para hacer negocio vendiéndoles comida.

"Somos trabajadores, no manifestantes. Estamos recogiendo nuestras cosas para regresar a casa", afirma una mujer que mete en una bolsa sus cacharros de cocinar.

Ya en la "zona cero", parece que una enorme bomba hubiera reventado Central World, uno de los mayores grandes almacenes de Asia y, tras el incendio de anoche, reducido a un amasijo retorcido de escombros y vigas metálicas humeantes.

La ira de los "camisas rojas" por su desalojo también se cebó contra las boutiques de marcas tan lujosas como Loewe, Prada o Louis Vuitton, cuyos escaparates agujereados por balas son una imagen de postal de la tragedia.

Frente lo que queda de Central World, un par de soldados vigilan a los periodistas de televisión y curiosos que hacen cola para hacer la entradilla o fotografiarse delante de los bomberos que siguen extinguiendo el fuego, pero sólo los dueños de las tiendas pueden entrar al edificio, que puede derrumbarse en cualquier momento.

Otros policías, por su parte, se dedican a arrancar pegatinas que llaman asesino al primer ministro tailandés, Abhisit Vejjajiva, y la pancarta del escenario principal, que proclama: "Somos manifestantes pacíficos, no terroristas."

El otrora centro de las protestas se ha convertido en una atracción turística de la ciudad, incluso para los residentes.

"Miedo siempre tienes un poco. Estamos a la espera a ver qué pasa, pero creo que se ha exagerado mucho el tema en los medios", indica Joel, un joven español que desde hace dos años trabaja en Bangkok para una empresa de exportación.

"Es bastante grave lo que ha pasado. Es muy triste para todos los tailandeses, porque están divididos. No veo una solución inmediata. Creo que las batallas en la calle se van a tranquilizar, eso espero, por el bien de Tailandia y de los que vivimos aquí", concluye.

Carlos Santamaría

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