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Análisis: Por la regulación de la muerte digna

Antonio Papell | 20/11/2010 - 19:17
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La crisis económica ha desarbolado esta legislatura, cancelando la inmensa mayoría de los designios previstos en el programa electoral de la mayoría gobernante o en las agendas de la demanda social. Y ahora, a quince meses del fin del cuatrienio, cuando ni siquiera está claro que el Ejecutivo Socialista consiga culminar realmente la legislatura (un resultado rotundamente adverso en las autonómicas y municipales de mayo obligaría a Rodríguez Zapatero a convocar elecciones), se ha rescatado un proyecto de ley de gran calado: el del derecho a una muerte digna de los enfermos terminales. Según el programa acordado el viernes por el consejo de ministros, la norma será aprobada en marzo. Ojalá se consiga, dicho sea con todo escepticismo.

Ciertamente, esta norma es una asignatura pendiente. No se trata de una ocurrencia sino de una ley que ha de abrir camino sobre criterios y principios ya interiorizados por esta sociedad con gran consenso y, en su mayor parte, implementados ya en la normativa. No se pretende, en fin, regular subrepticiamente la eutanasia ?regulación que estaba sin embargo incluido en el programa electoral del PSOE y que se ha abandonado por el fuerte rechazo que ha suscitado la idea en medios religiosos- ni mucho menos el suicidio asistido, asunto todavía más controvertido. El debate sobre la eutanasia seguirá, pues, pendiente, como sucede en otros países de nuestro entorno.

Lo que se pretende ahora es desarrollar y convertir en ley la Estrategia Nacional de Cuidados Paliativos que se elaboró en tiempos de Bernat Soria en el Ministerio de Sanidad. En línea con la norma francesa sobre el particular, muy exitosa y elogiada, y con la ley andaluza de la muerte digna, que, pese a los remoloneos iniciales del PP, se aprobó con gran consenso en dicha comunidad autónoma.

La norma andaluza surgió del drama de una mujer, Inmaculada Echevarría, que tuvo que superar innumerables obstáculos y una exposición pública lamentable para conseguir que la desconectaran del respirador que la mantenía con vida. La norma fue redactada por un comité de expertos que incluía un sacerdote. Y, consiguientemente, los obispos andaluces apoyaron explícitamente la ley a su término. Ésta, además de ordenar la normativa vigente, recoge, entre otras novedades, el derecho a recibir sedaciones paliativas, incluso a domicilio; y la garantía de cobertura jurídica para los profesionales que atienden a los enfermos terminales (lo que pone fin a la inseguridad jurídica de los médicos y a casos penosos como el del hospital de Leganés, en Madrid).

Rubalcaba, en sus explicaciones, ha hecho referencia a la ley francesa de 2005 ?Ley de Derechos del Paciente y Final de la Vida-, que fue aprobada por unanimidad y ha resultado ser un hito en la jurisprudencia europea sobre la materia. Dicha ley rechaza el "encarnizamiento terapéutico", entendido como el pacto médico "inútil, desproporcionado o sin más efecto que el mantenimiento artificial de la vida". El paciente puede rechazar este tipo de prácticas e incluso no permitir que se le apliquen sin que el médico incurra en responsabilidad alguna por atender ese deseo. Tal voluntad puede quedar establecida en un documento legal, que es revocable y que para surtir efecto ha de tener al menos una antigüedad de tres años en el momento en que sea requerido el tratamiento paliativo.

Además, la ley francesa obliga a tratar el dolor de personas en fase avanzada o terminal de una enfermedad, aunque ello pueda representar un acortamiento de la vida. La única polémica todavía abierta versa precisamente sobre la alimentación, que algunos intérpretes de la norma consideran que es uno de los medios desproporcionados de prolongación de la vida que le ley autoriza a suspender.

No hay duda de que la atención de los políticos debe estar centrada en la crisis económica, en cómo salir de ella, en aquellas actuaciones encaminadas a poner a este país en condiciones de recuperar el resuello y el crecimiento. Pero ello no ha de impedir que salgan también adelante normas de profundo contenido humanista que se echan en falta y que una vez anunciadas no deben posponerse. Sería terrible descubrir que nuestros parlamentarios no son capaces de hacer dos cosas al mismo tiempo.

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Comentarios 1

1
20-11-2010 / 22:54
Puntuación -1

Antonio Papell sigue la voz de su amo el P$OE defendiendo la eutanasia. ¿Veremos a Antonio Papell alguna vez abordar los temas de importancia y oponerse a las tesis oficiales de los sociatas?

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