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Las dos Españas (electorales): ¿cómo hubiera sido España con una barrera única del 3% en todas las autonomías?

29/04/2015 - 9:16
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Papeletas electorales en los últimos comicios andaluces. Imagen: Reuters

España es un país plural hasta en lo que a sistemas electorales se refiere. Tiene sus dos hechos diferenciales en Asturias y Murcia y tiene también regiones en las que es mucho más fácil conseguir representación en las Cortes.

En términos democráticos podría decirse que somos un país de dos velocidades, o más bien un país con dos varas de medir. Hay autonomías que exigen a cualquier formación que quiera entrar en su Parlamento autonómico un mínimo del 3% de los votos, mientras que en otras esa cifra sube hasta el 5%. Es como ir a una discoteca y poder encontrar a un portero tranquilo o a uno que sabes que te lo va a poner difícil para dejarte entrar.

En la parte 'dura' de España están las dos ciudades autónomas y las dos comunidades insulares, además de otras siete autonomías peninsulares. En la parte 'blanda', otras ocho autonomías

Primero que nada, ¿por qué esas barreras de entrada? Como casi todo lo que se refiere a regulación electoral, ese tipo de trabas se ponen para evitar que cualquier partido que se presente a las elecciones opte a escaño. Es una especie de 'mínimo' sin el cual no se computa para entrar. Una vez pasas la criba, dependerá del sistema de circunscripciones y el número de escaños que se elija en cada circunscripción.

Así, esa barrera de entrada no es el único obstáculo que una formación encontrará por el camino, pero sí el primero y quizá el más importante: es el que decidirá si cuentas o no, y luego ya se verá si cuentas mucho o poco en función de si tus votos vienen de una región importante, de una menos importante o si están distribuidos.

Cualquier tipo de traba electoral genera distorsiones en el sistema. Izquierda Unida ha sido un ejemplo tradicional, de partido importante en peso de votos totales en el país, pero con poca representatividad porque estaba muy diluida. El caso contrario pasaba recientemente con UPyD, que pese a no tener capilaridad en la mayor parte de las autonomías, basaba su poder en Madrid, una región clave en cuanto a escaños se refiere.

La España 'dura'

La cuestión es suponer qué hubiera pasado en estas tres décadas de elecciones si la barrera hubiera sido siempre la misma, la mínima, la del 3%. La respuesta es sencilla: que muchos más partidos hubieran conseguido representación parlamentaria, lo que hubiera obligado a repartir más los escaños y, por lo tanto, hubiera debilitado las mayorías

¿Es mucho el impacto de tener la barrera puesta en el 5% respecto a tenerla en el 3%? Baste un dato: de las once regiones con una barrera alta sólo una no habría notado la diferencia, la de las Baleares. En todas las demás ha habido formaciones que se han quedado por el camino y que, de haberse presentado en otros territorios, hubieran podido tener presencia parlamentaria.

Hasta 44 en ocasiones ha habido formaciones que se han quedado a las puertas de conseguir representación tras haber obtenido más de un 3% de los votos, pero menos de un 5%. De entre todas ellas hay dos fuerzas históricamente más perjudicadas: Izquierda Unida, que se ha quedado a un pelo en trece ocasiones, y el CDS, en siete. Por detrás otras más recientes, como UPyD, con dos, o formaciones regionalistas como el Partido Socialista del Pueblo de Ceuta, con tres, o el Bloc Nacionalista Valencià, con dos.

En pocos casos su entrada hubiera supuesto un terremoto: si acaso uno o dos escaños autonómicos, pero quizá suficientes para desequilibrar investiduras o romper mayorías.

¿Y cómo afectará esto las próximas elecciones?

Si se cumplen los sondeos, cabe esperar que haya más fuerzas en todos los Parlamentos (especialmente en aquellos acostumbrados a solo dos o tres partidos). Si hasta ahora el bipartidismo se llevaba casi el 70% de los escaños, ahora el 'tetrapartidismo' podría llevarse una cuota aún mayor.

Sin embargo, eso que es una buena noticia en términos de pluralidad, tiene una cara negativa: en esa España 'dura' del 5%, a la vez que pasa eso se acabará por laminar a los partidos pequeños. Entre los cuatro grandes (PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos) y algunos medianos (IU, UPyD y regionalistas o nacionalistas) desaparecerá cualquier opción de sorpresa para la enorme mayoría de los pequeños.


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