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La mentira, en sede parlamentaria

22/10/2015 - 14:02
El Congreso de los Diputados. Imagen: EFE

Con la disolución de las Cortes que estipulará el Real Decreto del próximo lunes, termina una décima legislatura agria y desagradable, no tanto como aquellas del primer lustro de los 90, con Aznar convertido en azote cruel de un Felipe en caída libre, pero muy cercana en voltios y en descalificaciones.

El gobierno con una mayoría más amplia en una década ha sufrido mayor erosión que los anteriores, sometidos a una necesidad de pactos que volverá irremisiblemente después del 20 de diciembre. Rajoy ha visto pasar frente a él a dos líderes del PSOE, otros dos de IU, ha visto descomponerse a UPyD y a CiU, y sin embargo todos coincidimos en que es el más quemado de los candidatos a la presidencia... y el que más posibilidades tiene de ganar. Una realidad ésta última que confirman las encuestas, aunque sea por un margen pequeño, y en contra de toda lógica.

El desgaste del poder, su inoperancia ante la corrupción en sus filas, la gran operación de acoso de larga duración en medios de comunicación y en la calle, ser el único partido que no ha aprobado aún sus candidaturas, que no ha dicho nada de su programa electoral mientras los demás aprovechan cada día, cada minuto, para posicionarse ante la opinión pública... Todo ello convierte en milagrosa la primera posición en los sondeos de esta formación política, que pese a mantenerla va a tener muy complicado seguir gobernando en España.

El líder socialista aprovechó la última sesión en el Congreso para lanzar uno de sus acostumbrados ataques plagados de descalificaciones. "Usted miente más que habla" dijo, con el pretexto de los Presupuestos Generales aprobados sólo unas horas antes. Imputar una mentira a quien ha aprobado las cuentas por la forma en que lo ha hecho, calculando un déficit y un crecimiento determinados y seguramente equivocados, lleva implícito acusar de falsario al gobierno de Zapatero, apoyado en un grupo parlamentario en el que Pedro Sánchez votaba "religiosamente", por su nulo acierto durante los años de la crisis al hacer su cálculo macroeconómico mientras negaba que existiera decrecimiento.

Eso, por no hablar del déficit que dijo entregar aquél ejecutivo y el que realmente estaba recogiendo el siguiente. Nunca unos presupuestos mienten a la ciudadanía, ni ahora ni con el PSOE en el poder, todo lo más suponen un exceso de optimismo por parte de los gobernantes que el tiempo regula en su justa medida.

Sin ir más lejos, quien podría haber mentido es el Ayuntamiento de Zaragoza, al ocultar el desfase de sus cuentas ahora desvelado, o la Generalitat de Cataluña por idéntico motivo. Ni siquiera en la despedida de las sesiones parlamentarias hemos podido los españoles asistir a un mensaje de fe y esperanza en el futuro por parte de ningún grupo político, ninguno de ellos ha perdido la ocasión de socavar y erosionar al poder hasta el último suspiro de la legislatura. Ni un guiño hacia el necesario entendimiento en educación o en pensiones, ni una sola frase de ilusión hacia una ciudadanía que asistirá en las próximas ocho semanas al combate electoral partidista más competido (y encanallado) de las dos últimas décadas.

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