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El Gobierno que votó la España rural: bipartidista, tradicional... y el último feudo socialista

10:21 - 12/09/2016
  • Media España vive en lugares de menos de 60.000 habitantes
Rajoy, cosechando el voto rural antes del 26J. Imagen: Reuters

Hay vida fuera de las ciudades. Aunque gran parte de las noticias que leemos en los medios y muchos de los problemas que se siguen a escala política pasan por las capitales o por los núcleos más poblados, media España vive en lugares de menos de 60.000 habitantes. Y ahí entran ciudades medianas, pueblos y hasta seis capitales de provincia -Ávila, Cuenca, Segovia, Huesca, Soria y Teruel-. Hay vida fuera de las 124 grandes ciudades que concentran a la mitad de la población española. En total, casi 8.000 poblaciones en las que se disgrega la otra mitad de España, compuesta por 8.120 asentamientos, según el INE.

En política se habla mucho de hegemonías, aunque a veces con poca fortuna didáctica (como le sucedió a Errejón y su enrevesado comentario sobre el -núcleo irradiador-). La hegemonía pasa por ser un partido de mayorías, tan asentado que incluso en las peores circunstancias saca un resultado mínimo. Algo así -y mucho más, pero por reducir- como tener un importante suelo de votos. Al PP le sucedió tras el 11M, cuando perdió la mayoría absoluta y pasó a la oposición, una gran derrota que -sin embargo- no sucedió tanto por su caída en votos (que la tuvo, pero no tan grande) sino por el subidón de los socialistas, que aprovecharon una corriente de movilización a favor.

La hegemonía se nota en cosas como lo que Noelle-Neumann acuñó como 'la espiral del silencio'. En una conversación en grupo, por ejemplo, si se muestran ciertas opiniones en un sentido es posible que varios miembros acallen su discrepancia para evitar un conflicto con el resto. Eso produce que haya ciertas opiniones que parezcan mayoritarias, incluso unánimes. Pero no es así. Por eso, por ejemplo, es difícil encontrar a gente que afirme que va a votar al PP si todos están en contra... pero luego llegan las elecciones y no sólo gana con diferencia, sino que amplía dicha diferencia.

La hegemonía normalmente se sedimenta en lugares donde el voto es lento al cambio, y esas zonas en nuestro país se corresponden con el inmenso entorno rural: pequeños nichos, muy desperdigados, pero muy constantes. Lugares a los que los nuevos partidos no llegan por estructura y donde las fuerzas grandes y clásicas acaparan un voto que, en muchas ocasiones, tiene más de tradición que de convicción.

Todo este entramado político y teórico se puso a prueba en cuanto surgieron otras formaciones nuevas, y el sistema ha demostrado responder: el bipartidismo no sólo sobrevive, sino que hay síntomas de desgaste tanto en UP como en Ciudadanos, a juzgar por su bajón de resultados en los comicios del 26J. De nuevo la espiral del silencio, nadie pensaba que... pero sucedió. Y en eso tienen mucho que ver las áreas rurales del país.

Esa hegemonía, ese dominio en la sombra, no es sólo cosa del PP. Ha sido, y aún es aunque en menor medida, del PSOE. Los dos grandes partidos llevan tanto tiempo asentados en el sistema que no sólo son una constante en la mente del elector, sino que además gozan de una enorme capilaridad: raro es el municipio español en el que ambos no son las dos primeras fuerzas, y cuando no sucede eso es porque hay otras fuerzas nacionalistas que les desplazan.

Las teorías del dominio

El voto en las zonas menos pobladas del país, las alejadas de las grandes capitales, sería como aplicar otra teoría, la de la larga cola, al plano electoral: la suma de esa inmensidad de pueblos acaba siendo más importante que la conquista de grandes capitales, siempre más volubles -como demostraron las confluencias en las municipales- y más susceptibles a impregnarse de nuevas corrientes e ideas.

El PP ha disfrutado de la casi total hegemonía rural durante años. Hasta las últimas elecciones municipales y autonómicas dominaba casi por completo toda la geografía del país. Y sin embargo, los datos del 26J demuestran que el PP fue más fuerte que el PSOE también en el entorno urbano.

Si conquistar las capitales de provincia o las grandes es indispensable para ser una fuerza hegemónica y conseguir gobernar, no es menos importante tener estructura y capilaridad como para librar la batalla de los pueblos. Y aquí se vota diferente.

Si en las grandes ciudades el PP consigue conservar su liderazgo y UP adelanta al PSOE, en la otra España más rural algunas cosas cambian. Aquí el PP sigue fuerte, pero también el PSOE: la mitad de la población más separada del foco público es la que contribuye a asentar el bipartidismo, la que se lo pone más difícil a los partidos nuevos para hacerse un hueco y la que, al final, acaba decidiendo las mayorías. Sus votos ocupan menos titulares, pero valen exactamente lo mismo que los de la otra mitad.

¿Qué sucede si se acerca el foco al extremo más rural? Baste una pequeña muestra de 299 habitantes: los que viven en los 27 pueblos más pequeños de España en los que viven menos de 15 personas, ubicados en su mayoría en las regiones con menor densidad de población como son Guadalajara, Soria y La Rioja.

En un entorno tan extremo en el que un solo voto puede decantar la balanza los resultados tienen una progresión aritmética: el PP dobla al PSOE, que dobla a UP, que dobla a Ciudadanos. Apenas hay hueco para otras formaciones, que suman un 1,3% de los sufragios.

En esta mínima muestra de la España más rural dominan los populares: ellos suman un 52,4% de los votos (19 puntos más que su resultado global el 26J), mientras que el PSOE encuentra todavía cierta raigambre, con un 27% de los votos (4,5 puntos por encima de su resultado global).

Mientras el PP se dispara y el PSOE se aferra, los partidos nuevos se derrumban: apenas un 13,5% de apoyos para UP y un 5,6% para Ciudadanos. Las nuevas fuerzas son exclusivamente urbanas.

Y de todos esos polvos, este bloqueo. El PP es rural, pero también urbano. El PSOE ya casi sólo es rural. UP y Ciudadanos son sólo urbanos. Ese mapa explica por qué el PP sigue ganando, pese al desgaste, y muestra una España -como casi siempre- dividida. Hasta el punto de, ciudades por un lado y pueblos por otro, seguir sin gobierno un año después.

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Comentarios 2

#1
12-09-2016 / 12:49
diegolou
Puntuación 0

"Sus votos ocupan menos titulares, pero valen exactamente lo mismo que los de la otra mitad."

Claro, por eso un voto en Guadalajara vale 3 veces más que en Madrid o en Barcelona. Tienen la ley electoral hecha a medida y lo llaman democracia.

#2
12-09-2016 / 12:51
diegolou
Puntuación 0

"Sus votos ocupan menos titulares, pero valen exactamente lo mismo que los de la otra mitad."

Claro, por eso un voto en Guadalajara vale 3 veces más que en Madrid o en Barcelona. Tienen la ley electoral hecha a medida. Y lo llaman democracia.