Los niños de entre siete y doce años parecen inclinados de forma natural a sentir empatía hacia el dolor ajeno, según un estudio mediante imágenes de resonancia magnética funcional realizado por investigadores de la Universidad de Chicago en Estados Unidos que se publica en la revista 'Neuropsychologia'.
MADRID, 11 (EUROPA PRESS)
Los niños de entre siete y doce años parecen inclinados de forma natural a sentir empatía hacia el dolor ajeno, según un estudio mediante imágenes de resonancia magnética funcional realizado por investigadores de la Universidad de Chicago en Estados Unidos que se publica en la revista 'Neuropsychologia'.
Las respuestas de los escáneres de resonancia magnética funcional (IRMf) eran similares a los de los estudios en adultos. Los investigadores descubrieron que, como los adultos, los menores muestran respuestas ante el dolor en las mismas áreas del cerebro. La investigación también descubrió aspectos adicionales del cerebro activados en los niños, cuando los chicos veían que una persona era lastimada de forma intencionada por otra persona.
Según explica Jean Decety, autor del trabajo, "este estudio es el primero en examinar en niños la respuesta neural al dolor en otros y el impacto de alguien que causa dolor a otra perona".
Decety señala que la empatía es algo que se encuentra en el cerebro normal de los niños y que no es por completo un producto de la educación de los padres o de la crianza. Comprender el papel del cerebro al responder ante el dolor puede ayudar a los investigadores a comprender cómo los defectos cerebrales influyen en conductas antisociales como el acoso escolar o 'bulling'.
Los investigadores mostraron a 17 niños de entre siete y doce años fotos animadas de personas que experimentaban dolor, ya fuera por motivos accidentales o porque alguien se lo había provocado de forma intencionada. El grupo incluía nueve niñas y ocho niños.
Mientras que los menores pasaban por los escáneres de IRMf, también observaban animaciones que utilizaban tres fotografían de dos personas de las que sólo se veía su mano o pies derechos. Las fotografías mostraban personas con dolor causado de forma accidental, como cuando se caía una bolsa pesada sobre la mano o alguien pisaba de forma accidental a la persona. También se les mostraba imágenes no referentes al dolor y animaciones en las que las personas ayudaban a alguien a aliviar su dolor.
Los escáneres mostraban que las partes del cerebro activadas cuando los adultos veían el dolor eran las mismas que en los menores.
"De forma consistente con los estudios de IRMf previos sobre empatía ante el dolor realizados en adultos, la percepción de otra persona dolorida en niños se asoció con una mayor actividad hemodinámica en los circuitos neurales que participaban en el procesamiento de la experiencia del dolor directa, incluyendo la ínsula, la corteza somatosensorial, la corteza anterior mediocingulada, el área gris periacueductual y motora suplementar", añade Decety.
Sin embargo, cuando los niños veían animaciones de alguien que era lesionado de forma intencional, las regiones del cerebro que participaban en la interacción social y el razonamiento moral también se activaban.
Según los investigadores, el estudio proporciona nuevos conocimientos sobre las percepciones de los niños sobre el bien y el mal y cómo su cerebro procesa la información. Decety señala que, aunque el estudio no entra en el juicio moral explícito, la percepción de un daño intencional sobre otra persona es probable que evoque la conciencia de maldad moral en el observador.
Entrevistas posteriores con los niños mostraron que eran conscientes de esta "maldad" en las animaciones en las que alguien era lesionado. "Trece de los niños pensaron que las situaciones eran injustas y preguntaron por la razón que podría explicar esta conducta", indica Decety.

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