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La detección precoz de la tartamudez es "vital" para el futuro del niño

22/10/2015 - 10:58
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Este jueves se celebra el Día de Tartamudez. Imagen: Archivo

La detección temprana de la tartamudez es "vital" para el futuro del niño porque ayuda a mejorar los resultados del tratamiento, según ha asegurado la jefa del servicio de Logopedia del centro médico El Castro Porriño de Pontevedra, Raquel Escobar Díaz, con motivo de la celebración del Día de la Tartamudez.

Se trata de un trastorno de la comunicación que se caracteriza por interrupciones involuntarias del habla acompañadas de tensión muscular en cara y cuello, miedo y estrés. Sus efectos psicológicos pueden llegar a ser severos, afectando al estado de ánimo de la persona y llegando a ser causa, en muchos casos, de un importante aislamiento social.

Organización del lenguaje o tartamudez

La tartamudez suele comenzar entre el segundo y cuarto año de vida, aunque a veces se confunde con las dificultades propias de la edad a la hora de hablar. De hecho, es habitual que los niños pequeños, entre 2 y 5 años, no tengan una fluidez total en el habla hasta que aprenden a organizar las palabras y las frases.

Sin embargo, tal y como ha detallado la experta durante un curso sobre disfemia, celebrado en Granada y organizado por el Colegio Oficial de Logopedas de Andalucía (Coloan), las disfluencias del niño pueden ser atípicas, por lo que es imprescindible diferenciarlas de las más corrientes para tratarlas lo antes posible.

La logopedia

En este sentido, y pese a no tener cura, los efectos de la tartamudez pueden aligerarse mediante los actuales tratamientos logopédicos, tanto en niños como en adultos. Y es que, los cuadros primarios de tartamudez se van agravando con el paso del tiempo tras la aparición de comportamientos secundarios, que pueden ser de tipo emocional (enfado, frustración) o de tipo verbal (sustitución de unas palabras por otras, giros en el discurso).

Además, este trastorno puede llegar a generar ansiedad o baja autoestima en el niño. De hecho, según ha informado la experta, estas manifestaciones aparecen en el 91 por ciento de los niños a lo largo del primer año, siendo perceptibles ya desde las primeras disfluencias en el 60 por ciento de los casos.

"Debido a estos comportamientos secundarios, durante muchos años se ha creído que el origen de las disfemias era de tipo psicológico y derivado de una presión en el entorno cercano de los niños. Hasta hace bien pocos años, el protocolo de actuación era no actuar, no hacer nada, para no crear un conflicto en el niño y una conciencia de su tartamudez. Hoy podemos afirmar que la tartamudez tiene un origen neurológico y un elevado componente genético, entre el 60 o 80 por ciento presentan un familiar que tartamudea", ha zanjado.


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