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La adicción a mentir, la ciencia ya tiene la respuesta

15:04 - 14/04/2017
  • Al mentir activamos una amígdala produce la sensación de negatividad
  • Un estudio llevado a cabo con 80 participantes desvela interesantes datos
  • Cuantas más mentiras, más grandes éstas, pero menor el grado de aversión
Mentiras. Imagen: Getty Images

Mentir es una de las adicciones que, sin lugar a dudas, más se practican a día de hoy. Pero, ¿por qué llevar a cabo una mentira tras otra se convierte en algo tan sencillo?

Seguramente todos en algún momento hemos mentido. Ya sea en beneficio propio, para ocultar algo a un amigo o familiar. Estas mentiras pueden ser más piadosas que otras, pero no cabe duda de que se convierten en algo adictivo. Una lleva a la otra, una historia o acontecimiento al que nosotros mismos damos la forma que queremos para conseguir ciertos fines, sea el que sea.

Puede que alguna vez os hayáis detenido a pensar si contar una mentira ha estado bien o mal, pero "y a intentar discernir porque se convierte no ya casi en rutina, un acto reflejo, sino la facilidad con la que podemos hacerlo" Un estudio realizado por neurocientíficos y publicado en la revista Nature Neuroscience ha ofrece algo más de luz al respecto.

"Cuando mentimos interesadamente nuestra amígdala produce una sensación negativa que limita el grado en el que estamos dispuestos a mentir"; explica Tali Sharot, uno de los neurocientíficos encargados del estudio. "Sin embargo, una vez llevada a cabo la mentira esta respuesta se desvanece a medida que continuamos mintiendo y conforme más se reduce dicha actividad más grande será la mentira que nosotros consideremos aceptable"; añade.

Una mentira lleva a otra por culpabilidad

En otras palabras, contar varias mentiras hace que nuestro cerebro se vuelva en cierta manera insensible a las sensaciones negativas que éstas pudieran crear al no relatar la verdad. Tali lo define como "una pendiente resbaladiza donde los pequeños actos de insinceridad se convierten en mentiras cada vez más significativas".

Un gesto clásico a la hora de mentir. Imagen: GettyImages

Neil Garrett, otro de los responsables del proyecto también aportó ciertos detalles esclarecedores sobre el estudio. Y es que la activación de la amígdala durante las mentiras y su rechazo a los actos indecorosos "podría aplicarse de la misma forma a acciones como las que tienen a los comportamientos violentos como protagonista".

Nada mejor para llevar a cabo el estudio que un sencillo juego al que fueron expuestos un total de 80 participantes. Con el fin de comprobar hasta dónde serían capaces de llegar a la hora de mentir para lograr beneficios propios, los participantes se dividieron en varios grupos. Éstos debían concretar el número de monedas que se encontraban en un bote. Acercarse a la cifra dejaría beneficios a ambos integrantes del grupo; mientras que sobrepasar el número o no llegar a la cantidad repercutiría en premiar únicamente a uno de los participantes.

"El resultado de la prueba". Los participantes trataron de lograr beneficios pero a costa de mentiras. A la hora de plantear la cifra para ser premiados, la amígdala se activa cuando se trataba de ser insinceros, reduciendo la respuesta de ésta conforme más mentiras llevaban a cabo.

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