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Dejar la silla de ruedas en el pantalán, una alternativa de ocio sin barreras

30/08/2009 - 17:36
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  • Sociedad

Pelayos de la Presa (Madrid), 30 ago (EFE).- Cuando aquel hombre de ojos vivarachos y generosa sonrisa se disponía a dejar su silla de ruedas en el pantalán y subir a aquel velero, ante la expectación de su familia y con la misma ilusión que un niño, un mismo pensamiento invadió a quienes le observaban: Antonio Villegas es uno de esos héroes anónimos que ni tan siquiera saben que lo son.

El accidente que sufrió el pasado mes de mayo no le hizo "ni un rasguño" pero le dejó en una silla de ruedas y cambió, en apenas un minuto, la vida que hasta ese instante conocía.

Antonio, de 38 años y empresario de profesión, realizaba labores de reparación en el coche de trial 4x4 que solía pilotar cuando el gato hidráulico con el que sostenía a su vehículo cedió y éste cayó sobre él.

En los últimos tres meses, tanto él como su esposa, Nuria, se han afanado en reajustar su vida y la de sus dos pequeños, los únicos que comprendieron, desde el primer momento, que "las piernas de papá se han quedado dormidas" para siempre.

Antonio ingresó en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo y su familia buscó una casa de alquiler para acompañarle en el tratamiento medular y la rehabilitación física, psicológica y social que recibe en el centro.

Su encomiable actitud para encarar su nuevo día a día, junto con el apoyo de su familia y sus amigos, bastaron para que este bilbaíno que creció en Santander se replanteara en un tiempo casi de récord retomar sus aficiones y volver a subirse a un barco, ya que tras el accidente se había visto obligado a vender el suyo en Santander, porque "no había manera de subirse a él", según afirma su mujer.

Por ello, ninguno de los dos se lo pensó en exceso cuando, a través del Hospital Nacional de Parapléjicos, surgió la oportunidad de probar el Gos 16, un velero insumergible ofertado por la empresa toledana Fiberships Náutica para ser dirigido por cualquier tipo de persona, con o sin discapacidad.

A bordo del barco, en el pantano madrileño de San Juan, Antonio volvió a navegar sobre un agua sin sal, pero con un horizonte aún más infinito que el que le ofrecía el mar Cantábrico.

Una posibilidad "emocionante" de volver a disfrutar de la naturaleza y descubrir, por primera vez, "hasta dónde puede llegar una persona con este tipo de dificultad", según afirmó su mujer.

Sonia Ruiz, una joven baloncestista del C.D. ONCE Andalucía de 28 años, se sumó a la misma aventura a través del hospital toledano y afirmó, con cierta ironía, que aunque suele practicar deportes "en tierra", le encanta el mar y también "la posibilidad que te da un barco como éste de poder competir o navegar, al mismo nivel que una persona sin discapacidad".

La náutica es "uno de los deportes más accesibles", según afirma la joven, que muestra su intención de repetir "seguro" la experiencia, así como dársela a conocer a sus compañeros de equipo, puesto que se trata de una actividad "divertida" y "fácil" que no se había planteado realizar, ni antes ni después del accidente de motocicleta que sufrió hace años y que la dejó parapléjica.

La posibilidad de surcar las aguas a bordo de un velero insumergible te da "más confianza y seguridad" debido a la pérdida de equilibrio que se sufre tras el accidente.

El monitor de la escuela náutica ubicada en el pantano de San Juan, Juan Manuel López, destacó la igualdad de condiciones que existe en la vela.

"No hay ninguna diferencia entre ser discapacitado o no con veleros como éste, se puede competir en igualdad de condiciones y no hay por qué hacer un campeonato especial de vela adaptada", señala.

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