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Análisis: Los toros no pueden defenderse

Antonio Papell | 18/12/2009 - 13:41
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Nota de los usuarios: 3,3 (3 votos)
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Foto: Archivo.

Con el peregrino y pintoresco argumento de que "los toros no se pueden defender por sí mismos, eso confiere a la fiesta un punto de cobardía inexcusable", una ciudadana llamada Anna Molà, portavoz de la comisión promotora de la Iniciativa Legislativa Popular que propone la proscripción de la Fiesta Nacional en Cataluña, ha conseguido esta mañana arrastrar a una mayoría del Parlamento de Cataluña hacia la admisión a trámite de la referida iniciativa.

Combatir la estupidez es agotador y, en este caso, el discurso es tan pobre que el hastío se vuelve inmanejable. Ocioso es decir que el sesudo razonamiento de la señora Molà aplicado a los toros sirve igualmente para los pollos, los terneros, los cerdos y los corderos, que tampoco se pueden defender. Y, puestos a extrapolar, también para los peces e incluso para las plantas.

Pero al margen de este papanatismo, que oculta con toda evidencia importantes dosis de sectarismo nacionalista y particularista -de lo que se trata no es defender a los indefensos animales sino de eliminar cualquier rastro cultural español-, la propuesta incluye dosis de intransigencia que probablemente casan mejor con planteamientos fascistas que con postulados democráticos.

A toda la colectividad

Resulta sobrecogedor que un grupo de ciudadanos esté tan convencido de sus dogmas subjetivos que pretenda imponérselos a toda la colectividad. Porque a menos que aceptemos a pies juntillas los postulados del vegetarianismo, lo que daría consistencia a este argumento beneficente de la salud animal, es claro que nos encontramos en presencia de una minoría que, aprovechándose de los resortes legales de la democracia y explotando la buena fe y la apatía de sectores sociales despolitizados, pretende limitar arbitrariamente los espacios de libertad. Recuerda el caso aquel discurso del franquismo, según el cual el carácter díscolo de los españoles y su propensión a descarriarse hacían necesaria la férula autoritaria del Caudillo.

El académico Pere Gimferrer ha redactado, como es conocido, el 'Manifiesto de La Merced para la Libertad', suscrito por varios centenares de ciudadanos de relevante prestigio, en el que, entre otras cosas, recuerda que "cada vez que la libertad de alguien se ve negada o limitada, la libertad de todos pierde peso, se debilita, se empequeñece". En consecuencia, recuerda a los representantes parlamentarios que han de tomar la decisión de marras que "no es sólo la realidad cultural, festiva, tradicional, económica i social de los toros lo que está en juego: es la misma libertad, es un espacio más de libertad, de la libertad de todos, que con su voto pueden borrar o no de nuestro entorno, que podemos perder todos en nuestra casa". Concluye Gimferrer diciendo que el verbo prohibir no es reconocible ni en la tradición ni en la cultura catalana, "hecha de tolerancia, respeto, pacto, inteligencia, entendimiento y sentido común".

En definitiva, ante este disparate parlamentario (que todavía tiene improbable enmienda), adquiere todo el sentido esta afirmación de Joan Barril, periodista e intelectual contrario a los toros: "los toros me entristecen; las prohibiciones gratuitas me avergüenzan".

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Dixio

Comentarios 2

1
18-12-2009 / 15:00
SP
Puntuación 3

Resulta verdaderamente absurdo la enorme cantidad de adjetivos calificativos de su nota. Pero, por otra parte, resulta también indignante la mezcla deliberada de cuestiones que solo tienen sentido cuando la debilidad del argumento es patente: la defensa de la "fiesta nacional" y el "patriotismo" versus el "nacionalismo catalán excluyente". Así, no es posible la reflexión sobre este ni ningún otro asunto. Su comparación sobre el sacrificio de los toros y el acto de matar para comer, solo puede ser de recibo cuando el sentido común está completamente ausente. La llamada indignada de los prestigiosos intelectuales que usted menciona y que claman por la defensa de la libertad ( defensa de la libertad que no es otra cosa que encubrir con nobles ideales e irrenunciables principios el gusto por el dolor y el sacrificio sin sentido de un animal), pone en evidencia que conocimiento y sensibilidad ante el dolor no son sinónimos ni se corresponden biunivocamente

2
11-02-2010 / 18:20
Xavi
Puntuación 0

Pues si señor, como catalán, orgulloso estoy que desaparezca ese "... rastro cultural español...", y mucho mas, cuando leo las auténticas idioteces dogmáticas y realmente fascistas, de algunos supuestos intelectuales que defienden la tortura y la supremacia de seres superiores. Que pena me dan los españoles que defienden los toros !!

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