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¿Quién 'inventó' las Fallas valencianas? De labradores de campo a carpinteros de ciudad

10:19 - 18/03/2017
  • A pesar de numerosos estudios, el nacimiento de la fiesta no está del todo claro
  • La teoría más extendida es que fue el Gremio de carpinteros de la ciudad su precursor
Una de las fallas de esta edición. Imagen: EFE.

Este año, las Fallas, el santo y seña de Valencia, han estrenado reconocimiento mundial. Tras una larga pelea, el pasado diciembre la Unesco aprobaba la entrada de la fiesta en la lista del patrimonio inmaterial. De esta forma, la organización valoraba una tradición que se ha transmitido de padres -y madres- a hijos durante generaciones. Sin embargo, el origen de esta festividad caracterizada por impulsar la cohesión social y el imaginario colectivo no está nada clara.

Ninguna de las numerosas investigaciones que se han llevado a cabo ha logrado ni acotar en qué momento de la historia comenzó ni cómo surgió. Aún así, muchos expertos se atreven a señalar a las primeras décadas del Siglo XVIII como los primeros años de las Fallas tal y como hoy se conocen. Sus hipótesis se fundamentan en un documento municipal de 1740 -el primero en donde se citan- que prohíbe quemar fallas en las calles de Valencia debido a su estrechez.

La huerta valenciana, su procedencia más probable

Desde la Universidad de Valencia, el sociólogo y antropólogo Gil-Manuel Hernández Martí, señala que "las primeras referencias eruditas" sobre las Fallas las realizaron viajeros románticos como Lady Holland en 1803. Esta londinense dedicó un capítulo de su diario a la fase primitiva de estas fiestas, que poco tenía en común con las Fallas actuales. Y es que recoge como en la huerta valenciana los labradores quemaban espantapájaros o 'stots' en hogueras tras la cosecha. Una práctica que no era exclusiva de la Comunidad Valenciana, aunque si que era allí donde más se realizaba. Sin embargo, raramente surgían dentro de los muros de la ciudad, ya que en sus inicios la Santa Incisión las perseguía. Además, aunque era habitual empezar a verlas en marzo, también podían aparecer en otros meses.

Quizás esta teoría es la que más opciones tiene de ser real. Según ésta, las Fallas nacen como la fase final de un antiguo ritual que buscaba tanto bendecir la cosecha como maldecir a cualquiera enemigo que quisiera destruirla. En el sortilegio, los espantapájaros colocados durante todo el año en los cultivos tenían un papel crucial. Y es que si conseguían ahuyentar los peligros, el agricultor, tras recoger la cosecha, los quemaba en una hoguera para que los animales volviesen y removiesen la tierra para la siembra.

Normalmente, estos espantapájaros estaban acompañados de un mensaje -lo que ahora sería la crítica que acompaña a la falla- para ahuyentar a los pájaros. Este texto en ocasiones se podía cambiar por una 'petición de justicia' con el que se deseaba el mal a una persona. Esta 'maldición' comenzaba un vez que se quemara el espantapájaros. Si esto ocurría, el 'stot' pasaba a llamarse ninot, que es el auténtico precursor de las actuales fallas.

El Gremio de Carpinteros, el origen más extendido

Entre todas las creencias que explican su nacimiento, la que apunta al Gremio de Carpinteros de Valencia como su precursor es la más extendida. Según esta teoría, en vísperas de la fiesta de su patrón -San José-, los carpinteros de la ciudad quemaban delante de sus talleres los candelabros y demás utensilios de madera con los que se iluminaban durante los meses de invierno. Sería por este motivo, por lo que la Cremà siempre coincide con el 19 de marzo.

El primero en citar este supuesto origen es el Marqués de Cruilles en su 'Guía urbana de Valencia antigua y moderna' en 1876, aunque no aporta ninguna fuente histórica, sino testimonios muy vagos. Además, en los documentos del Gremio en ningún momento aparece esta forma de celebración, incluso se señala en multitud de textos antiguos que el patrón de los carpinteros es San Lucas, no San José. Por todo esto, se cree que en realidad los ebanistas de la época trajeron la fiesta del campo a la ciudad, siendo posteriormente edulcorada por la Iglesia ante la imposibilidad de prohibirla debido a su gran popularidad.

Esta creencia ha ido perdiendo peso entre los valencianos en los últimos años, incluso "ya está pasada de moda", como señala desde Distrito Fallas, portal digital dedicado en exclusiva a la fiesta, su creador Carles-Andreu Fernández. Aun así, ha calado de tal modo durante tanto tiempo que hasta la Comunidad Valenciana en su pagina web oficial señala a este Gremio como los precursores de la Fallas. "El origen de la fiesta se remonta a la antigua tradición de los carpinteros de la ciudad", se puede leer en la primera línea del artículo.

Europa como cuna de la fiesta

Otra de las teorías que se han manejado para explicar las fiestas es la que las relaciona con una de las costumbres más extendidas por Europa: la quema de monigotes grotescos. Está constatado que en diferentes países se prendía fuego a un muñeco que representaba un personaje impopular entre el tercer día de Cuaresma y el Sábado Santo. Éste previamente se había atado a un poste mediante cuerdas y se paseaba para que todos los vecinos lo viesen. Una costumbre que provendría de rituales paganos que festejaban el fin del invierno y que el cristianismo habría hecho suya.

Según los defensores de la teoría, con los años la popularidad de la fiesta habría hecho que estos monigotes proliferaran de tal modo que la gente empezó a realizar una hogueras en las plazas para quemarlos. Partiendo de ahí, la fiesta habría evolucionado hacía la sátira y un mayor trabajo de construcción de los ninot, hasta llegar hasta las fallas que hoy se conocen.

A principios del siglo XIX se tiene constancia que en la ciudad de Valencia era algo habitual durante todo el año las quemas públicas de monigotes grotescos, aunque no por motivos exclusivamente festivos. Y es que a las puertas de los cafés, epicentro de la vida social en esa época, se prendía fuego a muñecos que representaban políticos de formaciones contrarias. Una práctica que buscaba espectacularidad a la vez que se hacía una sátira del personaje público.

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