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La eutanasia se silencia en el Congreso

  • Los diputados olvidan que la muerte voluntaria ya es un derecho
  • PP, PSOE y C's se mostraron indiferentes a una demanda social
Imagen: Pixabay

El martes 21 de marzo asistimos a un lamentable ejercicio de cinismo político en el Congreso de los Diputados. A la propuesta de Unidos Podemos de que en las Cortes se abriera un debate sobre la eutanasia, PP, PSOE y Ciudadanos se mostraron indiferentes a una demanda social que tiene el apoyo del 84% de la población.

Para justificar que nadie pueda disponer de su vida el Partido Popular comparó la eutanasia con la esclavitud. Un disparate. "No hablaré de santos padres, ni de sumos pontífices", dijo la diputada Pilar Cortes. No fue necesario, porque la religiosidad de su posición se hizo tan evidente como en la réplica de Ciudadanos, que con un discurso reaccionario y antiliberal aseguró que "el suicidio asistido no es el derecho a disponer de tu vida, sino el derecho a morir a manos de otros".

Los diputados olvidan que la muerte voluntaria ya es un derecho, pero sólo cuando tu vida depende de un tratamiento. Que cada día se toman miles de decisiones sobre la muerte en el contexto de una relación de confianza entre el médico y el paciente sin la intervención del notario ni otros "fedatarios". Y que los médicos no "mataron" a Inmaculada Echevarría cuando esta rechazó la ventilación mecánica que la mantenía con vida, ni lo hacen cada vez que practican una eutanasia clandestina, que se realizan por respeto, humanidad y compasión.

Lamentablemente, el PSOE también enarboló la bandera del fundamentalismo de la santidad de la vida poniendo en duda las garantías de las leyes de eutanasia aprobadas en otros países, mencionando -cómo no- la pendiente resbaladiza y citando de forma interesada al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que en todas sus sentencias ha afirmado que la eutanasia es una cuestión que deben regular los Estados, como Bélgica, Holanda o Luxemburgo, pertenecientes a la Unión Europea.

A falta de otro argumento que no sea la sacralidad (que la vida humana está en manos de un dios), que es respetable, pero que en una sociedad plural no debería imponerse a todos a través del Código Penal, los diputados recurrieron a tópicos y falacias que no soportan el mínimo escrutinio o contraste con los datos disponibles. ( La asociación Derecho a Morir Dignamente -DMD - ha respondido a muchos de ellos en la web libreshastaelfinal.org).

Tanto para PSOE como para Ciudadanos la prioridad es el desarrollo de los cuidados paliativos bajo la premisa -errónea- de que son un antídoto frente a la eutanasia. Y quieren impulsarlos con una ley de muerte digna virtualmente idéntica a las que ya han aprobado por unanimidad la mayoría de comunidades autónomas a pesar de que estas no han mejorado de forma relevante la calidad de la muerte.

Tanto la iniciativa de Ciudadanos como la del PSOE serán, probablemente, tan inútiles como sus predecesoras autonómicas. Pero además, no tienen nada que ver con una ley de eutanasia, con la que podrían ser perfectamente complementarias.

En Países Bajos y Bélgica cuentan, además de con una ley de eutanasia, con los mejores sistemas de paliativos de la Unión Europea (solo por detrás de Reino Unido). En ambos países, varios miles de personas solicitan la muerte asistida cada año pese a contar con los mejores cuidados en el final de la vida que ofrece la medicina. Porque la decisión de morir nunca es por un dolor tratable, sino porque la vida que queda se ha deteriorado de forma irreversible y carece de sentido. Los paliativos ni adelantan ni retrasan la muerte -a excepción de la sedación, que la acerca unas horas o unos pocos días- así que es imposible que estos cuidados atiendan la voluntad de quien ha decidido que quiere morir.

En un ejercicio de absoluta incongruencia, el PSOE, cuyos diputados autonómicos han solicitado desde siete parlamentos regionales que se despenalice la eutanasia, afirmó que no rehuía el debate pero simultáneamente impidió con su voto que este pudiera darse.

Muchas de las críticas estaban, sencillamente, fuera de lugar. No se votaba la aprobación de la ley, sino su toma en consideración. Su admisión en el Parlamento para ser debatida, de forma sosegada, sin plazo, sin precipitación, con la participación de todos los grupos, la sociedad y los profesionales. Si después de ese debate -que han hurtado a una sociedad que lo reclama-, e incorporadas las enmiendas que los grupos políticos vieran necesarias, la propuesta de ley no convencía a los socialistas o a los liberales habrían tenido todo el derecho a votar en contra de su aprobación.

Pero no nos engañemos. Desde que se registró la proposición de ley en enero, el objetivo de PSOE y C's nunca fue llegar a un consenso sobre una ley de eutanasia entre una mayoría de la Cámara, sino rechazarla porque la proponía un rival político. Después de arremeter contra la eutanasia con tópicos y falacias, el ponente socialista concluyó su intervención con estas palabras: "Ustedes no han buscado el consenso, si así fuera hubieran recurrido a nosotros para presentar una iniciativa conjunta. Ustedes han buscando ponerse la medalla tratando de humillar a otros grupos de esta Cámara".

Un grave error, porque impedir el debate de la eutanasia es un desprecio a los ciudadanos que desean que se aborden sus problemas, independientemente de quién los plantee primero. Silenciar su voz por intereses partidistas es una traición a los votantes y desvirtuar la misión que estos encomiendan a sus representantes.

*Fernando Marín es presidente de la asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD) Madrid.

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