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Nadal, una nueva gesta para la que faltan adjetivos

EFE
10/06/2018 - 19:18
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París, 10 jun (EFE).- Extraterrestre, máquina, feroz competidor. Los adjetivos para calificar el nuevo hito del español Rafael Nadal, quien conquistó este domingo su undécimo Roland Garros al batir al austríaco Dominic Thiem en tres sets, se acaban.

El rey de la arcilla, quien suma ya 17 "Grand Slam" -a tres del récord Roger Federer-, lo seguirá siendo por mucho tiempo. Con sus once entorchados, marca más distancia con el extenista sueco Björn Borg, quien conquistó seis en los 70 y comienzos de los 80.

Mientras, el aspirante a sucederle, Thiem, tendrá que esperar para hacerle sombra. Cuánto, no se sabe.

"¿Traspaso de poderes?", se interrogaba la portada de la revista oficial de Roland Garros. Había motivos para cuestionarse la hegemonía del español.

El tenista austríaco, de golpes demoledores y piernas rápidas, había sido el único en ganarle en la tierra batida en un espacio de poco más de un año. En Roma en 2017, y hace un mes y medio en Madrid. Partidos todos ellos a tres mangas, no a cinco como la de esta final.

El murmullo circulaba por las gradas y las inmediaciones de la Philippe Chatrier. Thiem, de 24 años, estaba más maduro que el pasado año y presumía del mejor bagaje de victorias en el torneo de tierra de este año: 26 triunfos.

El partido se inició con un público dividido, aunque ligeramente favorable al español. Se vieron varias banderas del país de Nadal. La lluvia que tanto se barruntaba no compareció finalmente en la Philippe Chatrier. Del cielo encapotado se pasó a un tímido sol.

Nadal no tardó en hacerle saber a su sucesor quién manda en la Philippe Chatrier, la pista en la que levantó la Copa de los Mosqueteros en diez ocasiones desde 2005 -once con la de este domingo-.

Maniató a su oponente. Le atacó con bolas altas al fondo de la pista que le impidieron sacar su potente derecha y siempre que pudo le buscó el revés.

Comenzó como un tiro el rey de la arcilla. De siete puntos iniciales logró seis y se llevó dos juegos, uno de ellos quebrando al austríaco.

Timorato, el aspirante a romper la hegemonía de Nadal en la tierra batida tardó en sacar el colmillo. Como si el peso de la historia de su oponente fuese demasiado para sus espaldas.

Sin embargo, se fue entonando a medida que avanzaba el partido. Se sacó el látigo de su derecha y recortó distancias, sobre todo cuando le devolvió el quiebre y se puso 2-2.

Thiem entonces tuvo la oportunidad de romperle y ponerse 3-2 con el servicio a favor, pero Nadal la salvó. En el sexto juego, fue el turno del número uno en desaprovechar dos rupturas.

La tensión de Thiem era ya evidente. En un golpeo en la línea lateral, el austríaco la marcó como mala. Nadal se quedó con cara de póquer, aunque no reclamó. El árbitro, sin embargo, se acercó a la zona y la dio como buena. Punto para el español.

En el décimo juego, Nadal no perdonó la oportunidad de ruptura y ganó el juego. 6-4 el primer set.

En el segundo set, Thiem se descentró. Errores a la red le enervaron y le sacaron el partido. Soltaba imprecaciones en alemán y se lamentaba cuando su rival la colocaba justo en la esquina. Cedió de nuevo su saque en el comienzo y la ruta empezó a empinarse de verdad.

Aunque hubo un momento en el que se pudo meter de nuevo en el partido. Con 4-2 abajo, disputó de una bola de ruptura. Se le desvaneció la ocasión.

En el tercer set, se soltó algo el centroeuropeo, seguramente pensando que ya no tenía nada que perder. Salvó cuatro bolas de ruptura en el primer juego. Pero de nuevo el español retomó el control de los puntos. Le hizo correr al tenista austríaco, quien además estuvo poco preciso en su servicio, con cinco dobles faltas.

El tramo final tuvo susto incluido. Nadal se quejó en el cuarto juego de su dedo corazón. "No lo puedo mover", dijo en inglés. Recibió asistencia médica.

"Vamos Rafa que lo ganas sin manos", le gritó entonces un espectador. El de Manacor se olvidó del dolor y continuó aplicando el rodillo. El austríaco vendió cara su derrota. Salvó hasta cuatro bolas de partido en el último juego.

Nadal acertó a la quinta y lo celebró. El español no sabe lo que es la acomodarse. Nunca se cansa de ganar.

Por Antonio Torres del Cerro

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