La organización terrorista ETA no podía faltar a su campaña de verano e hizo estallar ayer algunos artefactos en Cantabria, lo que podría revelar la falta de efectivos de la banda, incapaz de alejar a sus comandos del País Vasco. Laredo y Noja han sido los objetivos de la insidia criminal, que se ha saldado sin víctimas aunque con la natural alarma.
Los atentados, sin embargo, trascienden esta vez de su propia significación ya que inciden directamente en la campaña del lehendakari Ibarretxe en pro de un referéndum de autodeterminación planeado para el mes de octubre. ETA había filtrado su intención de mantener una 'minitregua' en tanto durara la operación política del Ejecutivo Vasco ?en realidad, abortada ya por la suspensión de la ley de la consulta decretada por el Tribunal Constitucional- para que Ibarretxe pudiera alegar una situación de "ausencia de violencia", requisito que mantuvo al menos durante el desarrollo del primer "plan Ibarretxe", que fracasó en las Cortes. Ahora, las bombas de ETA dejan una vez más al lehendakari en evidencia porque se hace bien ostensible que no existe en Euskadi una situación normalizada que permita emprender cualquier debate político que linde con las pretensiones independentistas de la banda armada.
Aunque las verdaderas intenciones de Ibarretxe son un enigma hasta para sus propios correligionarios, todo indicaba que Ibarretxe aprovecharía la firmeza del Estado frente a sus extravagantes pretensiones para exhibir su victimismo durante la campaña previa a unas elecciones autonómicas anticipadas que podrían celebrarse antes de final de año. Ahora, con ETA poniendo bombas, es la propia organización terrorista la que frustra este proyecto. Porque no puede olvidarse que el Partido Comunista de las Tierras Vascas, que representa a Batasuna en el Parlamento de Vitoria, ha contribuido decisivamente a que la iniciativa del lehendakari prosperara en las instituciones vascas.
En definitiva, las bombas de ETA confirman que la política de Ibarretxe, que arrastra al PNV, no contribuye al apaciguamiento de la banda armada, que continua buscando sus lunáticos objetivos al margen de las instituciones. Esta constitución es un duro golpe a las posibilidades electorales del nacionalismo, que ya padeció un significativo varapalo en las elecciones generales del P-M y que según el último Euskobarómetro de la Universidad del País Vasco podría verse abocado a pasar a la oposición en el Parlamento de Euskadi.
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