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Cinco años sin ETA: lo hecho y lo que queda por hacer

7:43 - 20/10/2016
  • Las tres personas que anunciaron el cese han sido arrestadas
  • La normalidad ha vuelto a España y ha dejado de morir gente
  • La realidad ha seguido en muchos planos tal y como era antes

El 20 de octubre de 2011 ETA hacía publico un comunicado, el enésimo de su más de medio siglo de historia. La puesta en escena era la de casi siempre: tres personas con verdugo blanco y txapela negra sentados en una mesa y rodeados de la simbología acostumbrada, un cartelón con el anagrama de ETA, las banderas del País Vasco y Navarra y el 'arrano beltza'. Lo que cambiaba esta vez era el mensaje: la organización anunciaba un "cese definitivo" de su actividad terrorista.

Esas tres personas eran David Pla, Iratxe Sorzabal e Izaskun Lesaka, supuesta jefa militar, que fue capturada un año y seis días después. Los otros dos, los últimos jefes de la organización según las fuerzas de seguridad, cayeron en Francia en septiembre del año pasado.

Cambio de escenario cinco años después

Desde entonces hasta ahora han pasado muchas cosas. La fundamental, la más importante, es que ha dejado de morir gente y que la convivencia normalizada ha vuelto a las calles. De igual manera, se han reducido drásticamente el número de detenciones y operaciones policiales, los empresarios han dejado de recibir cartas de extorsión y las amenazas han ido desapareciendo de las calles. En consecuencia, el número de escoltas se ha reducido drásticamente: sólo un año después del comunicado de ETA se recortaron un 55% en País Vasco y Navarra por orden de Interior.

La izquierda abertzale ha vuelto a tener una fuerza legal, Sortu, integrada en una coalición que se puso en marcha meses antes del anuncio. También, ya sea causa o consecuencia del anuncio de ETA, ha vuelto a las instituciones, no sólo las vascas, sino también las nacionales: Amaiur primero y EH Bildu después ocupan escaños en Congreso y Senado con total normalidad.

En paralelo han sucedido otras cosas que han condicionado el devenir de los acontecimientos. Por ejemplo, que la escalada soberanista en Cataluña ha quitado presencia pública a la vasca. O que Podemos ha irrumpido con éxito en el País Vasco, lo que le ha quitado parte de los votos a la izquierda abertzale. También la Justicia se ha visto obligada por las autoridades europeas a derogar la 'doctrina Parot', lo que supuso la liberación de algunos históricos de ETA.

También salió de la cárcel Arnaldo Otegi, preso por haber intentado montar una organización política ilegal poco antes de que finalmente se decidiera que no era legal. La izquierda abertzale construyó a su alrededor la imagen de un líder perseguido en lo político y le puso como candidato a lehendakari, aunque la Justicia acabó fortaleciendo su argumentación al impedirle presentarse a las elecciones. Su presencia no sirvió para auparles a la victoria, como estuvieron a punto de conseguir cuatro años antes, pero sí evitó el 'sorpasso' de Podemos tras unos malos resultados en las últimas elecciones generales. 

En estos cinco años, de hecho, los gobiernos han cambiado de signo. Cuando ETA declaró su intención de detener la violencia, el PSOE gobernaba tanto en el País Vasco como en el gobierno central. El PNV por un lado y -fundamentalmente- el PP por el otro han cambiado mucho la gestión del asunto. Por ejemplo, toda la política de reinserción de la conocida como 'vía Nanclares' fue detenida en seco a pesar de los avances conseguidos en los últimos años. Hace unos días, sin embargo, el ministro del Interior abría la puerta a reformular la política penitenciaria en caso de que ETA se desarmara, algo que criticaban airadamente de sus antecesores.

Lo que queda por hacer

A pesar de todos estos numerosos e importantes cambios, la realidad 'post-ETA' ha seguido en muchos planos tal y como era antes, sin más cambios en lo aparente.

La mayoría de las fuerzas sociales vascas, así como todos los partidos lamentan la falta de movimiento que se ha vivido en este tiempo en el plano político. Algunos esperaban algún avance, quizá en materia penitenciaria, quizá en el lado del desarme. Algo al estilo de lo vivido en Colombia, con un acto oficial en el que el presidente del Gobierno y el líder de las FARC sellaban la paz de forma oficial, es un punto y final que en el caso de ETA no se ha vivido: hay una declaración de la organización de la que muchos desconfían, y una falta de acción por parte del Ejecutivo que otros critican.

Más allá de las cosas que han sucedido, hay muchas otras que no se han llevado a cabo y quedan pendientes. Un lado pide el regreso de los huidos y su procesamiento por parte de la Justicia, mientras otros piden su retorno sin cargos pendientes. Un lado pide la entrega de armas y la rendición sin condiciones, mientras otro pide poner fin a la dispersión de presos. Un lado pide la liberación de presos con problemas de salud, mientras otro pide el cumplimiento íntegro de condenas.

Hay, además, constantes amenazas del pasado. La paliza a una pareja de guardias civiles en Alsasua ha reabierto algunas heridas. Unos hablan de agresión ideológica de "abertzales radicales", mientras otros culpan a los agentes por su actitud. Lo que en cualquier otro punto del país hubiera pasado por una pelea de bar ha retrotraído a tensiones de otros años, con decenas de furgones llegando a la localidad y quejas sobre la presencia policial en comparación con otras regiones.

También se ha vuelto, mucho tiempo después, a encontrar un zulo de ETA de grandes dimensiones. En este se hallaron 145 armas cortas y munición, que las autoridades sospechan que la organización iba a entregar como un primer paso ante un posible desarme.

En estas semanas, además, se ha vuelto a hablar de los GAL, no sólo por la candidatura de la hermana de Joxi Zabala por Podemos en Euskadi, sino por el lapsus de Felipe González hablando de que nunca el PSOE tuvo peores resultados allí "pese a las cosas que hicimos". Este martes en Madrid un grupo de exaltados boicoteaba una charla en la universidad recriminándole su supuesta participación en el terrorismo de Estado.

Con todas sus luces y sombras, la vida sigue en Euskadi, esta vez sin la amenaza de la muerte. Ciertas prácticas han conocido la normalidad que nunca tuvieron aunque también hayan ido surgiendo dificultades y sinsabores. Quizá en cinco años más ni siquiera esas sombras del pasado reaparezcan de tanto en tanto para recordar a la sociedad cómo de terribles eran algunos aspectos de la vida cotidiana antes de esa declaración de la que muchos aún siguen desconfiando.


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Comentarios 4

#1
20-10-2016 / 08:06
_
Puntuación -6

sin ETA pero con etarras, y otros terroristas, e hijo de terrorista

#2
20-10-2016 / 08:26
X
Puntuación 6

La culpa de que ETA dejara de matar la tuvo Zapatero.

#3
20-10-2016 / 09:44
Alex
Puntuación 3

Ojala la historia ponga un día a cada uno en su sitio y se reconozca la labor de Zapatero y como Rajoy y el PP en algo tan importante como un proceso de paz no dejaron de poner zancadillas por intereses puramente partidistas. Deleznable.

#4
20-10-2016 / 10:57
Juan
Puntuación 1

3 Alex

La intransigencia ultra de la derecha cuasifascista, ni en esto ni en otras cosas, es buena para España. Por querer mantener "su" idea de país, se cargan al país.