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Red viaria más deficiente.

10 Abril 2012 por Antonio Montañés

Reanudando mis reflexiones sobre las carreteras de las que disponemos en nuestro país y el uso que los conductores podemos hacer de ellas, me llama poderosamente la atención que nadie parece alarmarse ante el creciente deterioro que experimenta el sistema vial: pasa el tiempo y continúa sin hacerse absolutamente nada para mejorarlas y señalizarlas correctamente.

Esta vez, la excusa es la dichosa crisis, y con los recortes presupuestarios, pasarán al menos otros dos años para que nuestros gobernantes vuelvan a retomar el tema y se conciencien de las deficiencias en materia de seguridad vial que tiene nuestra red viaria. Mientras tanto, los conductores tendremos que resignarnos una vez más a apechugar con los peligros y trampas cada vez mayores que seguiremos encontrándonos en nuestros viajes. Sólo que ahora, con el paso de los años, la pasividad de Fomento y de las administraciones autonómicas y locales en tareas de conservación hará que los condicionantes negativos para la conducción se vayan incrementando con el paso del tiempo. La culpa de los posibles accidentes recaerá como siempre sobre nosotros, que conducimos habitualmente y que supuestamente no respetamos nunca los límites de velocidad.

Enseñar educación vial para fomentar el uso correcto de las vías y una mejor utilización del vehículo en carretera tampoco parece ser una prioridad de las autoridades responsables. Y sin embargo, muchos conductores, que nos jugamos la vida en el asfalto, tenemos derecho a exigir a las administraciones responsables respuestas imaginativas a la necesidad inaplazable de reparación y conservación de nuestras carreteras. Tenemos derecho a exigirlo aunque otra cosa es que realmente les preocupe.

Una de las curvas de la muerte

19 Marzo 2010 por Antonio Montañés

La carretera M-607 ha saltado a los distintos medios de comunicación porque hace unos días una mujer, Esther Rincón, se topó con un accidente mientras grababa en vídeo la curva en la que en fechas anteriores se había matado su hijo.

La llamada autovía de Colmenar, con un trazado endiablado y mal peraltado en muchas de sus curvas, es de las más peligrosas del Estado: 723 incidentes y nueve muertos desde 2008 son algunos de sus datos). La carretera es responsabilidad de la Comunidad de Madrid, y se prometió un nuevo desdoblamiento del tramo entre Tres Cantos y Colmenar Viejo que finalmente no se ha abordado debido a “problemas presupuestarios”. Un incumplimiento más.

La Comunidad de Madrid, también responsable lógicamente de la conservación de la vía, sacó a concurso en enero las obras para reasfaltar y rehabilitar el firme entre los kilómetros 25,7 y 35,6% por un importe de 1,48 millones de euros, pero todavía no ha comenzado la obra. Ahora, tras el famoso vídeo, el Gobierno madrileño se plantea “suprimir la curva” en cuestión a modo de urgencia, algo imposible por la complicada situación del tramo, si bien cabe ampliar el radio de la curva y señalizarla mejor, (que no con miles de señales y badenes como hasta ahora).

El Fiscal jefe de Tráfico, Bartolomé Vargas, ha anunciado que tomará cartas en el asunto y examinará toda esta vía por el mal estado; de momento, ya se ha encargado un peritaje, que habrá de concluir en seis meses. Si no se observaran conductas penales, también podría emprenderse un procedimiento contencioso-administrativo en reclamación de responsabilidades civiles contra el Gobierno madrileño.

En cualquier caso, este suceso debería sentar precedente y doctrina: es preciso identificar técnica y judicialmente los puntos negros y los tramos peligrosos, e instar a la administración responsable a realizar las reformas pertinentes en un plazo determinado de tiempo, pasado el cual podrían exigirse responsabilidades civiles y penales. Y en cuanto se detecte o perciba uno de estos puntos o tramos, debería ser obligatoria su reforma. No basta con que los conductores nos resignemos a leer la nefasta señalización impuesta con la típica aparatosidad chapucera del bombo y platillo para que se reduzcan automáticamente los accidentes.

Tráficos Mezclados

25 Febrero 2010 por Antonio Montañés

Una de las normas relevantes que rigen en los proyectos de carreteras de alta capacidad es referente a la necesidad de no mezclar tráficos. En efecto, ha de evitarse que ingresen en autopistas y autovías que forman parte de itinerarios de largo recorrido tráficos de ámbito local.

La razón es clara: el usuario de las autopistas y autovías circula con una determinada mentalidad y en general exprime al máximo las posibilidades de la vía y de su propio vehículo para minimizar el tiempo de viaje. En cambio, el conductor que emprende un simple desplazamiento local circula con una mentalidad completamente distinta: Se incorporará a una de estas vías en general a baja velocidad, porque no le proporciona ventaja alguna agotar las posibilidades de la vía durante un trayecto más reducido y el ahorro de tiempo será mínimo.

Empíricamente, se ha comprobado en numerosos estudios la inconveniencia de mezclar tráficos, ya que se genera un incremento claro de la siniestralidad (accidentes por alcance y otros). Y los técnicos aconsejan por tanto la existencia de vías de servicio que absorban el tráfico local. Pues bien, esto no se lleva a cabo en innumerables tramos de nuestra red viaria.

Un ejemplo de esto, se produce en una de las nuevas autopistas radiales de peaje de Madrid, la RIII, el disparate de permitir que el tráfico de las localidades de Velilla de San Antonio y Mejorada del Campo pueda incorporarse a la M-50 a través de un tramo de dos kilómetros gratuito conlleva un peligro añadido en ese tramo, ya que quienes viajan desde Valencia a Madrid se encuentran súbitamente con la incorporación de un caudal importante de vehículos a muy baja velocidad. El peligro es tan constante y evidente como subsanable. Otra cosa es que las administraciones competentes quieran ponerse manos a la obra y subsanar lo que aparentemente a nadie importa.

Luces en Penumbra

12 Enero 2010 por Antonio Montañés

Desde que el mundo es mundo, han existido entre nosotros, los llamados mortales, muchos iluminados, tanto de obra como de pensamiento. Nada se puede objetar a esta desviación frecuente del entendimiento, que sin duda es inherente a la condición humana; ahora bien, resulta terrible comprobar que, cuando llega el caso de aplicar un poquito de sentido común a las normas del tráfico cotidiano en nuestro país, la iluminación mental de nuestros gobernantes es muy escasa por no decir nula y disparatada.
Para constatar lo expuesto, baste leer el capitulo segundo del artículo 9 de la nueva Ley de Tráfico y Seguridad Vial recientemente aprobada por las Cortes Generales, que en resumen viene a decir que los conductores que transiten por la vía pública están obligados a comportarse de forma que no entorpezcan indebidamente la circulación, no causen peligro innecesario y pongan las medidas necesarias para evitar todo daño, tanto propio como ajeno, con especial atención a los demás ocupantes del vehículo y al resto de los usuarios del sistema viario.
Dicho esto, llama especialmente la atención, entre otros, el apartado e) del artículo 65 de la ley que contiene el cuadro general de infracciones referente al alumbrado reglamentario de los vehículos. La norma tipifica como infracción muy grave el no hacer uso de las luces adecuadas salvo que el vehículo en cuestión sea una bicicleta, en cuyo caso la infracción tendrá el carácter de leve. Por supuesto, esta infracción no supone la pérdida de puntos para el infractor. Así pues, un asunto tan fundamental para la seguridad de la circulación, como es el hacerse ver por los demás conductores, pasa a ser un asunto de mínima importancia para nuestros legisladores.
Justo cuando había comenzado a debatirse entre la opinión pública el uso del alumbrado a todas horas en los vehículos, que ya es obligatorio en buena parte de los países de nuestro entorno (como Italia), aparecen nuestros iluminados y se les funden los plomos. Así no es de extrañar que cada vez más circulen en nuestras carreteras vehículos con las luces en penumbra.

Vigilancia cotidiana constante.

27 Octubre 2009 por Antonio Montañés

Es curioso observar el comportamiento de muchos conductores después de haber recibido una sanción por haber cometido una infracción de tráfico. Todos los sancionados llegan a la misma conclusión: lo hacen solo para recaudar, exclaman. Razones no faltan para pensar de este modo, pero en muchos casos más de un conductor debería observarse a sí mismo en su conducción cotidiana y recapacitar antes de hablar.

Por desgracia, existen muchos comportamientos inexcusables y peligrosos al volante que escapan al control de los agentes. Ello es muy habitual sobre todo en zonas urbanas. No es lo mismo circular alegre y relajado en una autopista de peaje y sobrepasar levemente la velocidad máxima permitida que aterrorizar despiadadamente en ciudad a otros conductores o viandantes cuadriplicando en muchísimos casos la velocidad máxima permitida.

Las razones de estos comportamientos incívicos son varias pero una de las principales es sin lugar a dudas la falta de respeto, no sólo a las reglas elementales del tráfico, sino también a las más elementales normas de convivencia con los demás. En otras palabras, la conducción salvaje y agresiva que tan frecuentemente se observa en las ciudades es el reflejo de un comportamiento asocial y violento que alcanza a todos los terrenos. Y para poner coto a tales conductas, habría que empezar por el sistema educativo vial, y socializar a los inadaptados.

El problema reside en la dificultad que plantea establecer más vigilancia sobre la siempre extensa red viaria de las urbes por los ayuntamientos, unas veces por falta de efectivos policiales y otras por falta de presupuestos y medios para ello. No basta con poner un radar móvil una vez al mes y empapelar a todo el que pasa en ese instante; hay que acabar con los pilotajes radicales urbanos a toda costa. Y mientras no se consiga, el tráfico en las ciudades seguirá generando situaciones de peligro constante. Riesgos ciertos en cada paso de peatones, en cada semáforo o en cada rotonda.

29 Agosto 2009 por Antonio Montañés

La noticia ha estado en los periódicos: un estudio elaborado por diversos clubes automovilistas europeos, el RACE entre ellos, sobre un centenar de áreas de descanso de 16 países del Viejo Continente, nos sitúa a la cola de Europa. De las ocho áreas españolas examinadas, ninguna pasa el examen. Todas carecían de teléfono de emergencia y presentaban importantes deficiencias: falta de iluminación, falta de aseos y nula vigilancia.
La DGT aconseja a los conductores que hagan una parada cada dos horas de viaje y sin embargo no tiene en cuenta que apenas existen áreas de descanso decentes donde poder relajarse un solo instante.
No hacía falta estudio alguno sino contrastar la experiencia de los conductores para obtener esta penosa conclusión. El rigor vigilante de nuestras carreteras no se corresponde con las atenciones al usuario que serían de desear y aun de exigir. Todos sabemos que las áreas de descanso son simplemente inutilizables, tanto por la falta de servicios como porque se han convertido en peligrosos puntos de delincuencia organizada. En Cataluña, concretamente, bandas de delincuentes extranjeros campan a sus anchas desde hace años por las autopistas catalanas para desvalijar a los incautos.
La falta de respeto de las distintas administraciones a los usuarios de servicios públicos es proverbial en materia de tráfico. Con la particularidad de que éste es un país turístico, y la carencia de áreas de servicios utilizables y confortables resulta doblemente perniciosa: disuade a nuestros visitantes y enturbia la imagen de nuestro país.
En varios países centroeuropeos, por ejemplo, las áreas de descanso no sólo prestan servicio a los conductores, que pueden aliviar su fatiga en ellas, sino que son centros de excursionismo y senderismo, utilizados por los propios habitantes del entorno. Deberíamos tomar ejemplo de ellos, exigiendo los necesarios derechos de todos los conductores. En España parece ser que el conductor de un vehículo sólo tiene obligaciones y responsabilidades, de derechos nada.

Mas Formacion vial y menos sanciones

17 Agosto 2009 por Antonio Montañés

La fundación José Pons y el Comisariado Europeo del Automóvil (CEA), con la colaboración de Pons Editorial y el Colegio Oficial de Psicólogos, han presentado el primer estudio sobre “Formación Vial y su Incidencia en la Seguridad”, de donde se desprende que los accidentes de tráfico son para los conductores la primera causa de muerte, seguida del cáncer, los atentados terroristas, la violencia de género, las enfermedades cardiovasculares y el consumo de drogas.

El estudio se ha realizado a nivel nacional sobre una muestra de 1.350 individuos, conductores, que se han mostrado especialmente preocupados por las muertes producidas por accidentes de tráfico y que consideran masivamente que el elemento clave para la reducción de la siniestralidad ha de ser la mejora de la formación al volante. Además, los encuestados también consideran que reducir dichos accidentes pasa -por este orden- por la mejora del estado de las vías en cuanto a señalización y firme, por el lanzamiento de campañas publicitarias, el permiso por puntos, un mayor control policial y, por último, la aplicación de sanciones económicas. Asimismo, el estado físico y psicológico del conductor se considera una causa determinante a la hora de que se produzca un accidente de tráfico y así lo han afirmado los conductores encuestados.

En otras palabras, de este estudio se desprende que la opinión pública no cree en absoluto en la eficacia de un sistema represor basado solamente en las sanciones económicas. Ello respalda la opinión de los técnicos en seguridad vial, que consideran agotada la vía represiva y piensan que para avanzar en el camino de la reducción de la siniestralidad hay que hacer hincapié en los elementos mencionados: mejora de la formación vial –el actual sistema no es adecuado ni suficientemente estricto-, mejora y mantenimiento de las vías, concienciación permanente y modernización del parque de vehículos. ¿Cuando se va a empezar a trabajar en estas cuestiones? Solo con el actual sistema de sanciones es casi imposible que la cifra anual de muertes en carretera pueda reducirse más de lo que lo ha hecho hasta ahora.

Alcohol y Tráfico.

20 Julio 2009 por Antonio Montañés

El director general de Tráfico ha manifestado, que en este momento hay en prisión 1.250 conductores detenidos por reincidir en la conducción con una tasa de alcoholemia doble de la permitida. Unas 19.000 personas han sido presentadas al juez por esta misma razón.

Nada hay que objetar a que se adopten medidas contundentes contra una de las principales causas de siniestralidad en las carreteras. Pero cuando se alcanzan cifras como las mencionadas y se piensa que, por desgracia, apenas representan una ínfima parte del total de los conductores que siguen al volante con tasas excesivas de alcohol, habría que ir un poco más allá de la estadística y concluir en que tenemos un problema muy serio de alcoholismo que con toda probabilidad no puede resolverse por el procedimiento de instalar algunos controles de alcoholemia aleatorios en las carreteras y en las vías públicas de las ciudades.

En realidad, el problema no sólo afecta al tráfico: según estadísticas generalmente aceptadas, hay en España unos tres millones de alcohólicos, con clara dependencia y por lo tanto incapaces de prescindir de la bebida sin una desintoxicación previa. En otras palabras, estas personas, que padecen la enfermedad del alcoholismo, no pueden dejar de beber sin ayuda –sin un tratamiento médico adecuado-, por lo que lo más probable es que conduzcan habitualmente con alta concentración de alcohol en sangre que es la que necesitan para no experimentar el síndrome de abstinencia.

Así las cosas, es inútil tratar de paliar esta situación solamente mediante sanciones penales. Lo necesario es que el Estado emprenda una campaña sanitaria intensa y eficaz contra el alcoholismo. De otro modo, quizá se reduzcan los síntomas del problema al volante, pero no se atacará verdaderamente el problema en sí, y con el paso de los años es más que probable que tengamos las cárceles llenas de alcohólicos.

Gratas sensaciones al volante

3 Julio 2009 por Antonio Montañés

¿Alguna vez podremos recrearnos en los buenos momentos que pasamos conduciendo o, simple y llanamente, hemos de ir siempre con temor a ser sancionados ante cualquier leve despiste? Conozco las normas y las respeto como el que más; sin embargo, asimilar el exceso de señalización existente durante un trayecto cualquiera es una tarea ardua y complicada para cualquier conductor.

Personalmente, cuando salgo a carretera con alguno de los numerosos coches que tengo la oportunidad de probar, experimento sensaciones muy gratas que me infunden un verdadero placer en libertad. Conducir un vehículo no consiste solo en ponerlo en marcha y lucirlo ante la muchedumbre, hay que tener claro qué uso y disfrute podemos hacer con el para sacarle el máximo provecho.

Para los apasionados de este fascinante mundo del motor, existen una serie de rituales que hay que ir degustando muy pausadamente. Desde recoger el vehículo en el garaje de la marca que te lo cede, hasta evaluar el trato que necesitas darle en cada instante, todo esto forma parte del trabajo cotidiano para cualquiera de los especialistas que nos ganamos la vida con ello. Por tanto, respetar y ser respetado durante la conducción diaria en cualquier trazado es una manera propia de vivir la carretera en sintonía con las normas y los demás conductores. 

En este idílico panorama, quien no está generalmente en consonancia con el buen ambiente que se puede llegar a obtener durante la conducción de un vehículo, es la Dirección General de Tráfico, se diría más bien, que empeñada en nuestra seguridad, está dispuesta a sorprendernos en cualquiera de las innumerables trampas que inundan nuestras carreteras en forma y manera de señalización inadecuada.  Es tal el exceso de señales confusas y contradictorias entre sí, que si pusiéramos en ellas toda la atención al desplazarnos en automóvil, veríamos con qué frecuencia somos involuntarios transgresores en muchos casos de alguna de ellas.

La señalización vertical es necesaria y útil, obviamente, pero el exceso y el desorden de todas ellas, generan un riesgo añadido al no poder asimilarlas. Y nos amargan el placer de conducir con sentido común, que es uno de los más excelsos al volante. Por desgracia este tema parece no importar a nadie.

Una ley para la indefensión del conductor

21 Junio 2009 por Antonio Montañés

La nueva ley de Tráfico, que ha sido ya aprobada por el Congreso, prevé en su redacción actual que las multas quedarán reducidas a la mitad de su importe si el sancionado paga religiosamente antes de quince días, renunciando de paso a cualquier recurso y aceptando por tanto la firmeza de la sanción.El ministro Rubalcaba ha explicado que esta medida tiende a proporcionar la mayor contigüidad posible entre la infracción y el castigo, lo que incrementará la función ejemplarizante y pedagógica del sistema. Pero en realidad, lo que se pretende es la sumisión del ciudadano a la Administración, ya que se le quiere disuadir de cualquier recurso o pleito en defensa de sus derechos.La injusticia es evidente: la víctima de una sanción incorrecta tiene dos opciones: o pagar sin rechistar la mitad de la sanción, o embarcarse en un largo procedimiento de resultado incierto, a cuyo término tendrá probablemente que pagar la totalidad de la multa. Esta figura es muy semejante a la indefensión.Las asociaciones de automovilistas han advertido ya de que existe jurisprudencia del Supremo en contra de esta inequidad. Lo razonable es que el ciudadano que discrepa de la pertinencia de la sanción y decide dar una batalla jurídica contra ella, tanto en vía administrativa como contenciosa, no reciba al término de procedimiento, si pierde, el castigo adicional de una sanción doble. Porque en realidad es eso lo que se busca: el díscolo que se atreva a discrepar de la DGT tiene que pagar duramente su error.