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Cómo conjugar el verbo ‘twittear’

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A finales del año pasado (qué lejos queda ya), publiqué en la edición de papel de elEconomista unas líneas sobre el fenómeno Twitter, posiblemente una de las grandes revelaciones del 2009. Por aquello de que el papel se recicla, ahora me atrevo a copiar y pegar esas reflexiones en el soporte online. El título original era “El año en el que aprendimos a conjugar el verbo twittear”.

Yo twitteo, tú twitteas y llegará un día en que todos twittearán. El año pasado podría pasar a la historia de las telecomunicaciones por media docena de razones, pero entre todas ellas deslumbra la confirmación de Twitter como la herramienta de comunicación más sorprendente del momento. El servicio de mensajería en tiempo real nació hace más de dos años en el barrio de SoMA, en San Francisco (California, EEUU), pero ha sido en 2009 cuando ha empezado a convencer a los usuarios españoles. Su difusión se ha disparado de forma prodigiosa en nuestro país, con más de 900.000 usuarios de los 60,3millones de usuarios únicos que ya suma en todo el mundo, datos de los que se desprende que su explosión popular todavía está por llegar. Eso se producirá en cuanto Twitter y sus hermanos eliminen sus actuales barreras de acceso en todas las redes y dispositivos. Es verdad que la herramienta funciona de forma satisfactoria desde ordenadores y móviles. Pero por ahora no sirve para cualquier teléfono, ya que el microblogging sólo triunfa en los smarphones (teléfonos inteligentes) conectados a la banda ancha con tarifas planas.

Los dueños de Twitter anunciaron recientemente la compra de MixerLabs, empresa con la que reforzará sus servicios en el ámbito de la geolocalización. Esta semana, también Google y Microsoft firmaron un acuerdo con Twitter para incorporar el contenido de la red social en sus respectivos buscadores, todo ello a cambio de 25 millones.

Con este dinero, la plataforma tiene asegurada su estabilidad financiera a corto y medio plazo. La prosperidad estará garantizada en cuanto se incorpore publicidad en los microblogs, algo en lo que Twitter trabajan con ahínco. Lo que parece claro es que, más pronto que tarde, todos los usuarios de telefonía celular podrán acceder a Internet con sus móviles con la misma facilidad con la que envían un mensaje corto (SMS). Y cuando eso ocurra, compañías como Twitter, Facebook o Tuenti serán la envidia del negocio de las telecomunicaciones. A grandes rasgos, los usuarios de Twitter disponen de 140 caracteres para escribir lo que quieran a todos sus contactos. Generalmente los mensajes suelen describir sus pensamientos, sus acciones o sugerir algún enlace con contenidos que quieren compartir.

El fundador de la empresa, Jack Dorsey (33 años), “quería saber lo que sus amigos estaban haciendo”, según explican en la compañía. Así, la pregunta inicial ¿Qué estás haciendo? se resumió hace poco a dos palabras: ¿Qué pasa? Fuentes de la empresa estadounidense consideran que el éxito de su propuesta consiste en la simplicidad del concepto. “La gente tiene ganas de ponerse en contacto con otras personas y Twitter lo hace fácil y al instante”. En poco tiempo se podrá twittear de viva voz y, quién sabe, si los nietos de nuestros nietos podrán hacerlo de forma telepática. En cualquier caso, y para disgusto de McLuhan, “el medio no es el mensaje”. Pero si el visionario canadiense levantara la cabeza y viera el poder de Twitter, podría consolarse al ver cómo la aldea global que preconizó está ahora más unida que nunca gracias a la complicidad de los nuevos medios electrónicos de comunicación.

Entre las virtudes de Twitter destaca la libertad de los usuarios para recibir mucha o poca información de sus contactos. No hace falta responder a los mensajes, como el email, porque las reglas no escritas del invento sólo invitan a conocer lo que los emisores quieren proclamar a los cuatro vientos. “Esto significa que puedes estar dentro o fuera del flujo de información como te parezca, de tal forma que no se acumula la demanda de tu atención. Además de esto, los usuarios tienen todo el control sobre quién recibe actualizaciones, cuándo las reciben y en qué dispositivo.

El joven vehículo de comunicación colecciona filias y fobias casi por igual. Lo que algunos consideran un “exhibicionismo intelectual” –con mucha razón en el caso de determinados usuarios especialmente divagadores-, otros celebran el prodigio con un entusiasmo que roza la adicción. Estos últimos son capaces de acomodar cada pensamiento público en apenas 140 letras con sus espacios. Para lo bueno y para lo malo, este año hemos aprendido a conjugar un nuevo verbo que, posiblemente, algún día llegará al Diccionario de la RAE, como ya ocurrió con Internet, la web o el teléfono móvil. Ya lo twittearemos”.

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