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Telefónica y Telecom Italia no tienen prisa para casarse

Que nadie venga con prisas porque puede equivocarse. Telecom Italia será española un año de estos, ya que no existen realmente plazos para acabar con el actual noviazgo. Las operaciones de estas dimensiones requieren su reposo. Se cincelan con miles de horas-hombre de consultoría, con cientos de noches de desvelos y con infinidad de intereses difíciles de consensuar. “Los frutos caen cuando están maduros”, dicen los que saben. Además, los asuntos de Estado dan y quitan votos, y el futuro de Telecom Italia toca la fibra sensible del gobierno y del pueblo italiano. Y eso son palabras mayores.anillos_bodas1.jpg

El operador transalpino es mucho más que una simple empresa de telecomunicaciones en su mercado doméstico. Se trata de la compañía bandera cuyo apego histórico no se valora con euros. Los ciudadanos italianos pueden contratar los servicios de telefonía móvil de cualquier empresa británica (Vodafone), hongkonesa (3) o egipcia (Wind), pero siempre teniendo a la local TIMen el abanico de elección. En Italia muy pocos apuestan por cambio de la actual situación a corto plazo. De hecho, si la adquisición de Telecom Italia por parte del Grupo Telefónica fuera una cuestión exclusivamente política, el operador español puede armarse de paciencia durante décadas. Silvio Berlusconi, jefe del gobierno italiano, daría un gran disgusto a sus paisanos si no salvaguarda la italianidad de la compañía líder de su país. En un país en permanente estado electoral, este tipo de detalles siempre se tienen en cuenta.

Pero si la conquista de la italiana fuera una trama estrictamente empresarial, la operación estaría al caer. Sería el momento de que Telefónica hiciera sus números, de pagar un poco por encima del precio del mercado y de que los ingenieros financieros emprendieran nuevas piruetas contables para que la deuda del grupo no se desboque.

Si alguien en Europa tiene músculo inversor para tirar de talonario y emprender este tipo de aventuras, esa compañía es la que preside César Alierta. Sus ratios de ebitda sobre deuda, su generación de caja y su confortable estructura crediticia son circunstancias que causan envidia en el sector. Además, es conocido que los socios de Telefónica en Telco están deseando obtener plusvalías por una inversión que realizaron con calzador. Las entidades bancarias Mediobanca e Intesa Sanpaolo y la aseguradora Generali miran con celos a Sintonia, empresa de la familia Benetton que a finales del año pasado redujo su participación al 2 por ciento de Telco, consorcio a su vez que atesora el 24,5 por ciento de Telecom Italia.

Pero como las cosas no son blancas ni negras, los observadores de este negocio pueden estar seguros de que el futuro de Telecom Italia seguirá como está, y permanecerá así durante largos meses. La prensa italiana marcó el pasado lunes un plazo de tres meses para que ambas compañías formalicen el matrimonio o la ruptura de la relación. Se trata de un noviazgo especialmente incómodo en casa y muy mal considerado en Latinoamérica, donde Argentina amenaza con intervenir la filial Sofora. Las autoridades competencia brasileñas tampoco aceptarán que Vivo y Telecom Brasil pertenezcan al mismo holding. Los consultores estratégicos llevan años pregonando que el sector de las telecomunicaciones está abocado a la integración. Argumentan que esa tendencia no hay quién la pare y que sólo habrá un par de grandes operadores en cada región del mundo. Ese escenario de futuro obliga a las telecos que no estén en la primera fila a buscarse un hueco en un mercado regido por las sinergias y las economías de escala. Deutsche Telekom y Orange han formalizado su fusión en el Reino Unido, con la intención de ir más lejos si la convivencia resulta satisfactoria. En cuanto alemanes y franceses unan sus operaciones globales, a muchos otros operadores les entrará la prisa. Quizá entonces sea el momento de convertir en boda el feliz noviazgo con Telecom Italia.

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