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Las ‘telecos’ quieren morder la manzana de Apple

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Criticar a alguien a sus espaldas es de mal gusto. Y ese es uno de los pecados en los que ha incurrido estos días la industria de las telecomunicaciones en el Mobile World Congress de Barcelona. Todas la compañías se miran el ombligo (y el del prójimo), con sus presentaciones, prototipos y lanzamientos. Con mayor o menor derroche creativo, los fabricantes se afanan para seguir el rastro de la compañía de California, al tiempo que vituperan todo lo que huela a la manzana mordida. Por norma general, los grandes prebostes del tinglado del móvil suelen anunciar terminales con novedades que Apple ya hizo suyas hace casi tres años: pantallas táctiles y tiendas de aplicaciones. Desde aquello no hay realmente disruptivo bajo el sol.

En el MWC que hoy se clausura no hay nada peor que comparar cualquier nuevo móvil con el viejo iPhone. Bueno, quizá existe otra cosa más ominosa: especular con el impacto de la nueva versión del móvil de Apple que llegará el próximo verano y que, a poco que cumpla con la tradición, dejará al resto del sector con la boca abierta.

Los eventos como el MWC duran cuatro días para que la industria no sufra de bizquera durante mucho tiempo. Desde el más pequeño al más grande, todos se vigilan entre sí con el rabillo del ojo para buscar las costuras al rival y propagarlo a los cuatro vientos. Y con Apple ocurre lo mismo, pero sin disimulo alguno. Las compañías acomodadas en el negocio asumen que antes se vivía mejor que ahora, especialmente cuando Apple sólo enredaba con sus Macintosh o Ipod o cuando Google se limitaba a una barra de búsquedas en Internet. El gigante online ya ha dejado claro que su presencia en el móvil es estratégica y que está dispuesto a compartir ingresos con aquellos que remen en su misma dirección.

El iPad fue el gran ausente de una feria en la que numerosos observadores se explayaron con las minusvalías de un dispositivo que, al parecer, puede cojear más de lo que aparenta. Es un equipo que no sirve para leer un libro o periódico electrónico bajo la luz del día por culpa de los reflejos; no permite realizar dos funciones a la vez; está huérfano de puertos USB, ranuras para tarjetas de memoria y sistema de cargador universal.

Es posible que la tableta de Apple no sea perfecta, como no puede ser ninguna primera edición de casi nada. Sin embargo, el prodigio evidencia una necesidad casi indiscutible: se navegaría por el iPhone de forma más cómoda si éste tuviera una pantalla mucho más grande y generosa. Los usuarios de vista cansada seguro que agradecen la navegación sin merma de diotrías, con los dedos como herramientas y con la misma rapidez de acceso a Internet del que enciende una bombilla. Aunque sólo sea por eso, el iPad merece las líneas de promoción gratuitas que la factoría Apple suele ganar con sus productos icónicos.

Apple todavía se percibe como un advenedizo en la industria del móvil. Eso duele a los gigantes del sector que ahora matan por recibir las migajas del App Store. Pese a las críticas, la compañía de Steve Jobs marca el camino de la innovación con varios años de adelanto. Su ideario se reduce a tres conceptos, tres leyes que deberían grabarse en fuego los que se dedican a fabricar artilugios de telecomunicaciones: Tecnología, diseño y sentido común. Tan fácil como morder una manzana.

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