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Lo de Nokia no lo veo claro

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Lo digo y lo repito: Lo de Nokia no lo veo claro. La compañía finlandesa puede estar desenfocada, o quizá soy yo, que percibo la realidad de forma borrosa. El caso es que el mayor fabricante de móviles del mundo anda los últimos meses con la casa revuelta, y eso no puede disimularlo. Es tan noble el aprecio que siento por esa marca que me chirría su vasallaje a Microsoft. Esos cambios de personalidad tan repentinos e interesados me producen sarpullidos.

También me crea cierta congoja el hecho de que España sea uno de los motores de la multinacional, una circunstancia que puede tener una lectura preocupante, como muy bien apunta mi compañero Norberto Gallego (La Vanguardia), siempre certero.
El caso es que hace un rato he tenido un encuentro con un jefazo de Nokia, en concreto con el responsable de las ventas para Europa. Se trata de Victor Saeijs. Es el señor que aparece en la foto. Es un caballero bien parecido, elegante y con ese saber estar que no se aprende en las escuelas de negocios. Que aparezca fuera de foco puede ser accidental. O no. Habrá que preguntárselo a mi compañera Rebeca Arroyo (Europa Press), cuyo olfato, talento y tenacidad periodística invitan a pensar si lo suyo fue una foto con intenciones editorialistas.

Nokia está reinventándose. Su comité de dirección se divide entre la vieja guardia que llevó al gigante hasta lo más alto y los advenedizos de Redmond, que se retuercen de envidia ante el éxito de Apple y Google. La intención del tándem Nokia-Microsoft pasa por convertirse en los terceros en discordia, pero cada día que pasa se alejan un poco más de la estela de los líderes. Se han juntado el hambre con las ganas de comer. Deberían ser tal para cual. Unos saben mucho de hardware y cacharros y otros son los reyes del software. Los ingredientes son buenos por separado, pero tengo dudas sobre su sabor una vez mezclados o desestructurados.
Habrá que esperar a finales de año para manosear el primer Windows Phone finlandés. Cuando eso ocurra, no quiero imaginarme cuánto de lejos estará del iPhone 5 o de la criatura más avanzada de la factoría Android. Ya veremos. Mientras tanto, permítanme que perciba a Nokia pelín desenfocada.

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