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A Vodafone le iría mejor si fuera un grupo convergente

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Francisco Román, presidente Ejecutivo de Vodafone España, arremetió el pasado lunes contra el actual sistema de contratación de servicios de telecomunicaciones de las diferentes administraciones públicas. Entre otros reproches, el directivo aseguró que el 80 por ciento de este tipo de licitaciones favorecen al operador incumbente, es decir, a Telefónica. En opinión de Román, esa situación “no puede ser buena” ya que -entre otros detalles-, resulta muy complicado competir “con quien tiene todo”.

No le falta razón al primer ejecutivo de la multinacional británica en España al reclamar un mejor trato por parte de las administraciones públicas a la hora de valorar sus ofertas en los concursos. Sin embargo, Román se aleja de la consecución de sus objetivos al no situar las inversiones en fibra óptica entre las prioridades de su compañía. Sólo de esa forma el “operador rojo” podría situarse a la altura de su principal competidor.

Vodafone es uno de los líderes mundiales en telefonía móvil, pero todavía está muy lejos de alcanzar la misma consideración en actividades de telefonía fija y acceso a Internet. Históricamente, se trata de una multinacional del móvil que desde hace unos años se ve obligada a ganar terreno en las telecomunicaciones unificadas. No tiene más remedio: Las compañías y las administraciones públicas (y los consumidores) demandan ofertas integradas y convergentes de telecomunicaciones y, por lo tanto, acuden a los operadores especializados en satisfacer este tipo de necesidades.

Esa tendencia de mercado será cada vez más nítida, lo que en buena lógica debería obligar a Vodafone a reforzar sus puntos débiles, es decir, la banda ancha fija. Estas carencias se ponen especialmente de relieve en un momento en el que se debate sobre la financiación de las nuevas redes de fibra óptica. Unos quieren compartir las redes del antiguo operador incumbente (o que éstas se abran a todos los rivales) y otros exigen certidumbre normativa para invertir con la convicción necesaria.

En ese pulso hay mucho en juego, como el despegue de una nueva sociedad de la información regida por el tráfico de datos. Los países líderes del mundo lo tienen claro, mientras que España parece perder un tiempo precioso. Entre unos y otros, la casa sigue sin barrer.

(Este texto aparece publicado en la edición de papel de elEconomista del 12 de octubre)

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