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Mis primeras 48 horas con el ‘iPhone 4S’

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Acabo de cumplir 48 horas con el iPhone 4S en mis manos. Sí, pude cacharrearlo horas antes de que se pusiera a la venta y desde entonces llevo sometiendo al test de estrés que merece. Ya se sabe que el diseño es el mismo que el iPhone 4 de hace año y medio, lo que en este caso me ha permitido exponerlo a la vista del prójimo sin que llamara la atención. Sinceramente, hubiera preferido que mi nuevo (y prestado) iPhone 4S fuera blanco, no sólo por la novedad, sino también para diferenciarlo del anterior y no solo por las ralladuras de la pantalla del viejo.

Como es preceptivo, lo primero que toca es sacar la criatura de su cascarón, de un paquete minimalista y compacto, donde ni sobra un centímetro cuadrado ni cabe ni una mota de polvo. Me gusta tocarlo con cuidado, sentir su peso y sus formas ya sobradamente conocidas. Engatusa su puesta en escena y presentación.

 Configuro el idioma y lo conecto al ordenador. Las rutinas son las de siempre. Todo funciona como debe y cada opción la resuelvo casi de memoria: ok, siguiente, ok, siguiente, siguiente, sí, te quiero mucho, siguiente, ok, siguiente…

La primera duda aparece al tener que elegir entre actualizar el gadget con una de las dos copias de seguridad que conservo en mi PC: la del iPad o la del viejo iPhone 4. Por aquello de Murphy y sus leyes, opté por la del iPad 2, dispositivo que me tiene cautivado desde que llegó a mi vida. Las consecuencias fueron veniales, ya que no se cargaron las aplicaciones específicas de la tableta. En fin, ya tendré tiempo para volver por mis pasos más adelantes.

Después configuré el WiFi y mis cuentas de correo electrónico activas (mi póker de ases formado por Exchange, Gmail, Yahoo y Hotmail). La configuración de Internet de mi operador de móvil también fue rápida, ya que sus parámetros son los mismos que los del iPhone 4. Los iconos que tenía agrupados y ordenados en el iPad aparecen recatados a su albedrío en el iPhone 4S, lo que me entretendrá media hora para cuando tenga un rato.

Sin perder un segundo me abalancé sobre la gran novedad del iPhone: su tecnología de reconocimiento de voz. Descarto el francés y alemán y medito elegir entre el inglés de EEUU, el británico o el australiano. Es una pena que no exista la posibilidad de inglés para los que no somos angloparlantes, colectivo que ciertamente somos mayoría abrumadora en este planeta. La opción de castellano llegará en 2012, pero todavía no hay fechas para esa actualización. Más de 500 millones de personas esperaremos lo que haga falta. Pues bien, el Siri (nombre del asistente personal que atiende las instrucciones orales) no se lleva nada bien con mi pronunciación, algo que sospechaba desde el primer momento. Las órdenes de andar por casa las atiende con premura y eficacia: music, the Arcade Fire; what time is it?; What’s the weather like?; What will be the weather like in New York next week?… Me responde con la previsión meteorológica y me pongo más contento que unas castañuelas. Y cuando me intereso por la cotización de Apple y me ilustra su respuesta con un chart, entonces reconozco que me derrumba.

Al preguntar dónde está el Hotel Palace de Madrid, me dice que no puede proporcionar planos ni direcciones de Madrid. Le inquiero la razón y responde: “no lo sé, la verdad, yo también me lo pregunto”. Por último me intereso por su estado, y me contesta con el esperado, “I’m fine, thank you”. Me agrada que me llame por mi nombre y creo que algún día existirá verdadera química entre nosotros, algún día.

El problema surge al intentar enviar un mensaje o realizar una llamada. Me pregunta el destinatario, y el móvil me entiende al tercer intento. Lo más grave es que muchos de los nombres de mis contactos los tengo duplicados, lo que desconcierta a la máquina y se sumerge en un bucle del que no puede salir. “¿A quién quieres llamar a Antonio Lorenzo o antoniolorenzo?” y así hasta el infinito sin romper el entuerto.

Otra de las grandes novedades del iPhone4S es su cámara de fotos. He visto copias de algunas de sus instantáneas y la calidad es asombrosa. (Acojonantes, con perdón). La óptica es superlativa: ocho megapíxeles de resolución (frente a los cinco megapíxeles anteriores) con una lente con generosa luminosidad de (f /2,4) y un sensor de iluminación y contraste realmente conseguido.

Para redondear la jugada, el móvil se enriquece con un editor gráfico que retoca las fotografías con sólo pulsar un icono y sin necesidad de abrir programas específicos de edición. Los ojos rojos de los retratos nocturnos que prodigo desaparecen al instante al pulsar una barita mágica que aparece en el menú inferior de la pantalla. Esa herramienta es un tesoro. Hago una foto, pulso la edición automática, y las mejoras de iluminación y contraste son absolutas. Hay que verlo para creerlo. Además, puedo elegir la zona que deseo enfocar a través de la pantalla, lo que abre un mundo de posibilidades para los que tenemos la tradicional cámara de fotos guardada en algún cajón desde hace años.

La videocámara no se queda atrás ya que pone fin a las grabaciones movidas. El nuevo iPhone 4 S dispone de un sistema de estabilización de imagen, inspirado en la tecnología de los videojuegos, capaz de corregir los pequeños movimientos o temblores que afean las grabaciones domésticas. La videocámara graba en alta definición, con 1.080 p., con la ayuda de un sofisticado sensor de iluminación, con balances de colores y contrastes. Como también ocurre al tomar un fotografía, en vídeo también se puede enfocar donde se quiera tocando con el dedo la imagen reproducida en la pantalla. Como ya ocurría con el modelo precedente, el iPhone 4S permite editar las películas, recortando las secuencias y moviéndolas y encajándolas cómodamente al gusto del usuario.

Entrando en honduras, pongo a prueba el chip A5 dual-core, el procesador más potente integrado dela historia de los iPhones. Así lo aseguró Apple en su demostración de producto y así queda de manifiesto en cuanto compruebo que la reproducción de gráficos pesados ahora resultan más fluidas que con la versión anterior. Apple dice que la velocidad de su chip es siete veces mayor que la del iPhone4, y me lo creo. La rapidez se aprecia al descargar y abrir las aplicaciones, navegar por la Red o al pelearme con los videojuegos más sofisticados.

Dicen en Apple que el nuevo microchip prolonga la vida a la batería de forma notable, lo que era una de las asignaturas pendientes no sólo del iPhone sino de todos los móviles equipados con pantallas de alta resolución y calidad. Sobre ese detalle todavía no tengo una opinión formada, ya que el uso intensivo al que he sometido estas horas al smartphone no me permite establecer comparativas fiables con el modelo anterior. He tenido que descargar varios centenares de correos y he sincronizado la media docena de redes sociales en las que ando enredado. Sospecho que Apple se ha tomado en serio la opinión de sus clientes, en su mayoría críticos con la duración de la batería. Las altas exigencias multimedia, la conectividad con redes WiFi y Bluetooth, el acceso permanente con el correo y redes sociales, así como los usos intensivos de aplicaciones y herramientas como captura de fotos, grabación de vídeo o reproducción de contenidos musicales son imponderables que exigen a los técnicos fórmulas milagrosas para exprimir la vida útil.

Ante semejante carga de trabajo, el iPhone 4S promete que ha optimizado todos los procesos internos para incrementar sus horas alejado de los enchufes. Por cierto, aunque no venga a cuento, les aseguro que invertiré buena parte de mis pírricos ahorros en el fabricante de baterías que realmente sea capaz de resolver todas esas exigencias y ponga fin al problema de la autonomía energética de todo tipo de dispositivos electrónicos.

El nuevo iOS5 ya lo escruté con el viejo iPhone y mi iPad2, y sólo puedo dar por bien empleados los disgustos y quebraderos de cabeza que en su momento me llevó la actualización de esa versión. Apple señala que dicho software facilita todas las rutinas e incorpora 200 nuevas prestaciones en los móviles y tabletas. Las más llamativas son la integración con Twitter desde Safari, Fotos, Cámara, Youtube y Mapas. También añade un sistema de mensajería instantánea iMessage que restará usuarios a la plataforma WhatsApp. El centro de notificaciones evita pasos innecesarios y toques de pantalla, ya que basta con acceder a ese sitio para manejar  todas las actualizaciones en las diferentes redes sociales, además de las cuentas de correo electrónico o mensajería corta.

El iCloud se merece párrafo aparte. Como no puede ser de otra forma, la nube del iPhone es una herramienta que harán suya con entusiasmo los usuarios de Apple en cuanto comprueben todas las posibilidades del alojamiento remoto y online de contenidos. El sistema almacena virtualmentela música, fotos, aplicaciones, correos, contactos, calendario y todos los documentos que transiten por los dispositivos iOS 5. Eso sí, todo tiene un límite y el de la compañía de Cupertino me parece exiguo: sólo ofrece 5 GB de capacidad de almacenamiento gratuito en la nube, pero menos es nada. Los que quieran guardar más contenidos deben pasar por caja.
La aplicación de videoconferencia o telellamada FaceTime no es nueva. Está muy bien, pero es más de lo mismo. Es divertido comunicarse viendo la cara del otro interlocutor, pero particularmente me distrae de mi discurso, quizá porque estoy acostumbrado a hablar con el móvil pegado a la oreja. El uso de estas herramientas se generalizará conforme vaya ampliando el parque de dispositivos compatible.

No he tenido tiempo para probar la aplicación AirPlay, que permite reproducir los vídeos del móvil en la pantalla de un televisor, lo que es una excelente excusa para reunir a la familia frente a la ex caja tonta y disfrutar en la pantalla grande de las grabaciones domésticas, las fotos o todo tipo de pcontenido almacenados en el iPhone. Pese a que sea un empeño baldío, me olvidé de maldecir la ausencia de navegador compatible con flash. Es lo que tiene la compañía de la manzana, que es muy suya.

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