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Reinicien sus asientos

Botons airbus

Como me paso la vida probando cacharritos, estoy acostumbrado a tener que reiniciarlos de vez en cuando para recuperar su funcionamiento normal, y a actualizar su software para evitar defectos de la versión anterior y acceder a nuevas funciones: ordenadores, teléfonos móviles, tabletas… Lo último que he tenido que actualizar ha sido el software de mi televisor conectado, algo impensable hasta hace muy cuatro días. Pero hasta hace pocos días, no había necesitado reiniciar mi asiento.

El caso es que, en un reciente vuelo transoceánico de vuelta a Barcelona con la compañía Delta Airlines, al llegar la orden, previa al aterrizaje, de poner nuestros asientos en posición vertical, descubrí que el mío se negaba a obedecer. Fuera cual fuera el botón pulsado, el asiento permanecía en la posición horizontal que me había permitido dormir cómodamente mientras sobrevolábamos el Atlántico, pero que no es reglamentaria durante los despegues y los aterrizajes. Cuando el auxiliar de vuelo me conminó a seguir las instrucciones del piloto, le expliqué el problema, y al poco tenía junto a mí a media tripulación de cabina trasteando, sin éxito, con los 17 pulsadores (ni uno menos, como se ve en la foto) que sirven para regular la inclinación y la extensión del respaldo, el reposapies y el apoyo lumbar.

Hasta que apareció la sobrecargo de Delta: ‘Disculpe, señor, pero vamos a tener que reiniciar su asiento’. ‘¿Cómo?’, dije yo. ‘Sí, a veces ocurre’, me aseguró. ‘Pero tendremos que consultar el modo hacerlo. Es la primera vez que tripulamos un avión de este modelo (un Airbus 330) y no sabemos cómo se hace’. Efectivamente, tras un buen rato buceando en las pantallas del ordenador táctil que controla la mayoría de las funciones de la cabina de pasajeros y en los manuales de operación impresos, encontraron la manera de devolver mi asiento a la posición vertical. Al cabo de unos minutos, el avión tomaba tierra en El Prat.

La digitalización general de todo tipo de sistemas hará que este tipo de incidencias sean cada vez más frecuentes. Nuestra vida cotidiana depende de aplicaciones y sistemas operativos desconocidos para el consumidor. Los sistemas electrónicos de control son más flexibles y baratos que los mecánicos, pero se ven afectados por defectos de software que hay que corregir mediante actualizaciones. Las veremos en electrodomésticos, en automóviles y en plantas de producción. De lo que se trata es de que los posibles fallos no supongan un riesgo para los usuarios ni para terceras personas.

Y, por cierto: sospecho lo que el lector está pensando, pero en esta ocasión se equivoca: el ordenador de control del Airbus 330 no utiliza Microsoft Windows, sino el sistema operativo Ubuntu Red Hat Linux. Ni siquiera el software libre está libre de sospecha.

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