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Las listas de esperas son lo más.

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Conozco una chica, una de esas princesitas de Park Avenue, las Bergdorf Blondes de la novela de Plum Sykes, que una vez me dijo sin rubor en las mejillas que a ella no le interesaba nada que no tuviera lista de espera. Personalmente me pareció un despropósito, porque uno de los encantos que tiene ser millonario es el trato preferente, el no tener que hacer colas y que tus deseos sean cumplidos al segundo de ser sugeridos. Pero como no soy millonario no le encuentro el punto a eso de que me hagan esperar en interminables listas de esperas para conseguir algo, que es precisamente lo que llevo toda mi vida haciendo sin ser rico. Ahora resulta que ser millonario no consiste en evitar las colas, sino en aprender a disfrutar de ellas. 

Y es que a un verdadero millonario nunca se le ocurriría saltarse la cola de espera para hacerse con un bolso Birkin de Hermès (sería demasiado humillante intentar hacer uso de su posición y que no le sirviera de nada). ¿Cómo se les habrá quedado el cuerpo a todas las de la lista de Hermès al leer el libro de Michael Tonello (un estadounidense residente en Barcelona propietario de un salón de belleza) titulado Bringing Home the Birkin en el que asegura haberse hecho con más de cien Birkins sin pasar los dos años pertinentes en waiting list. Su técnica parece ser que es entrar en las tiendas de Hermès como si fuera un cliente habitual y empezar a gastar miles de euros en chucherías para poner la guinda pidiendo un Birkin. La dependienta, según él, entra al instante en la trastienda y le sirve uno ipso facto. Tonello afirma que la lista de espera es un elemento de marketing más y que no responde a la realidad sino que sirve para crear el aura de exclusividad. 

¿Recuerdan el horrible bolso de Vuitton llamado el Tribute Patchwork que costaba el año pasado alrededor de 40.000 €? Se crearon 24 unidades. ¡Pues hubo quien lo compró, a pesar de ser tan feo, por el mero hecho de ser exclusivo y tener que entrar en una lista de espera! Supongo, a la vista de esto, que los millonarios de todo el mundo deben tenernos a los españoles una envidia feroz por nuestra sanidad pública. Y nosotros, desagradecidos españolitos, clamando porque desaparezcan las listas de espera de la sanidad cuando es lo último de lo último. 

Lo menos que se le puede pedir a un bolso si va a costar una millonada y vamos a tener que sufrir una lista de espera es que esté a la altura de nuestras expectativas, como las creaciones ¨made to order¨ de JaF (Just a Few) [arriba], firma que puede presumir de tener el bolso más caro que actualmente se encuentra a la venta (de 13.920 a 34.800 euros dependiendo de los materiales). Sus líneas elegantes y clásicas lo hacen ideales para convertirse en una ‘inversión’. Un bolso-joya de elaboración artesanal, a medida, con pieles exquisitas (cabra, búfalo, cocodrilo, avestruz y pitón) y la más fina joyería (oro de 18 quilates y diamantes incrustados que componen todos sus herrajes). Pero no son el colmo del lujo por el bolso en si (que también) sino porque sólo se vende mediante invitación y escogiendo a la clientela más selecta a través de las mejores joyerías del mundo, distribuidoras de sus invitaciones. Y es que las diseñadoras Teresa Roca y Veronica Mondelo han debido de darse cuenta de que los únicos que no entran en crisis son los grandes capitales.

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