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En el taller de Antonio García

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A veces caemos en el error de pensar que de Despeñaperros para abajo no existe la moda. Craso error. Bien es ciertos que excepciones haylas que nos recuerdan el profundo acervo creativo andaluz, caso de Victorio & Lucchino, que sin ‘traicionar’ a su tierra han logrado levantar su pequeño imperio estilístico desde Sevilla. ¿Pero se queda ahí? No, de ninguna manera.

Me encontraba en el número 2 de la calle Riberos de Sevilla, donde el diseñador Antonio García tiene su taller, para conocer su colección de la próxima primavera que había presentado un par de semanas antes, y a cuyo desfile yo no había asistido con dolor de mi corazón por razones que no vienen al caso. El estudio lo tiene en una bonita casa antigua de pleno casco histórico-comercial, en un inmueble que conserva su estructura original y el portalón de madera con cancela interior tan característico, pero que está rehabilitado.  

Para que pudiéramos hablar de su trabajo había hecho el esfuerzo de despejar su agenda, tarea bien ardua porque por experiencia sé que su casa es un continuo ir y venir de clientas donde el teléfono no para y a todas se trata de atender con el esmero que merecen. Su principal actividad es la Costura, aunque su prêt-à-porter empieza a despegar con timidez pero con paso seguro. “Creativamente necesito nuevos horizontes, y en esta colección ya se puede ver un giro hacia nuevos conceptos más prêt-à-porter. Por ahora el prêt-à-porter sólo lo vendemos en Andalucía, para ir creciendo en sucesivas temporadas y traspasar fronteras. Creo que todo es un proceso, gradual, no se puede forzar. Ya empezamos a tener bastante repercusión en prensa y eso hace que empiecen a llamar del resto de España”. Su mejor embajadora es la ex-Miss España y presentadora Eva González que lo tiene como diseñador de cabecera ‘no oficial’ como se comprueba semana a semana en el programa de RTVA que presenta la guapa sevillana o en la última gala de los Premios Onda donde lució un espectacular vestido verde (aunque el diseñador tampoco se quejará de la repercusión mediática del vestido que lució Marisa Jara en los Prix Marie Claire). 

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La mano de Antonio García, para el ojo más o menos experto, es fácilmente identificable: Estructuras trapecio muy de los 60, limpieza de cortes, bastante rectos, glamour de los 50 bastante cinematográfico. “No creo en aquello de que cualquier época pasada fue mejor, pero los años 50 y 60 son una referencia básica. En esa época se  sientan las bases de la costura contemporánea y es indudable que es donde se apoya mi oficio” me explica el diseñador. “Esa vuelta constante al pasado que vemos en las pasarelas no sé sinceramente si es falta de creatividad en algunos casos, pero de cualquier forma la revisión es buena, siempre y cuando no se caiga en el disfraz”. 

Lo cierto es que sus diseños son siempre muy femeninos y favorecedores. “Mis clientas buscan unas señas de identidad muy marcadas, que por un lado es justo ese look años 50 y 60 que me caracteriza, geometría pura en las estructuras, y por oto lado vienen buscando ese ‘extra’ que ofrece la costura en cuanto a calidad que se percibe hasta en lo invisible, como en los interiores muy elaborados”. En un momento de crisis generalizada como en el que vivimos son muchos los diseñadores que se refugian en la costura, por que es un producto con una demanda bastante inelástica, y más en el sur, dónde hay una profunda cultura de ‘costura’ que ha pervivido hasta nuestros días. “A mi clienta le gusta la moda por si misma, la disfruta. Cuando viene a mi casa lo que encuentra es calidad, un diseño que le gusta. Además viene por el trato, es fiel, y agradecida porque al estar satisfecha no dudan en traer a sus amigas y conocidas para que se conviertan en clientas también”.  

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Es curioso como las casas de costura siempre han sido como clubes privados donde las ‘socias’ entran sólo por recomendación, mediante el boca a boca, y donde se genera una especie de vínculo silente entre ellas. “En mi estudio se oferta lujo. Pero no queda reducido a un diseño fantástico y personalizado y unas telas suntuosas. Además ese lujo se ofrece en el trato, desde que se le coge el teléfono para concertar una cita a cuando la clienta se va con su vestido. Yo tengo una concepción muy global de la moda y el servicio que les doy es así”. 

La conversación deriva hacia el prêt-à-porter y la dimensión empresarial del diseñador. Tema de discusión inevitable: ¿existe una identidad del ‘diseño andaluz’? “No, no creo que exista tal cosa” me confiesa Antonio, “en mi caso, si te das cuenta, no hay referencias andaluzas en mis creaciones”. Es cierto, hay volantes, sí, pero no tienen nada que ver con el volante andaluz, sino con ese recurso que se puede usar por igual en París, Milán o Nueva York. “Conscientemente, a mí, Andalucía ni me influencia ni me limita. Ahora bien, sí estoy sumergido en un contexto cultural-estilístico del que me nutro”. 

Mientras contesta una llamada telefónica que se ha filtrado echo un ojo a unos bocetos de bolsos que hay sobre su mesa (ya contaré sobre ello más adelante) y antes de despedirme me hace pasar a las vísceras de su estudio, donde están las costureras y donde se expone un hermoso vestido de novia digno de Jane Austen que aguarda a su ilusionada propietaria. Ese vestido resume la esencia de la Costura y el trabajo de Antonio García: dar forma textil a los sueños e ilusiones de sus clientas.

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