Blogs

EL CRACK (el serial) - Capítulo XII

Mi pequeño milagro de Navidad 

christmasrockefeller.JPG

Es muy triste estar sólo en Nueva York en Navidad. Mientras ando por calles que no tienen ni un cartel en cristiano pienso que quizás tendría que haberme vuelto a España como me ofreció papá. No, es absurdo, yo tengo a mis amigos aquí. Bueno, el único amigo que tengo es Warren y ya está un poco harto de mí. Sí, me tendría que haber vuelto a España, allí tengo a mi madre… que está en Francia con su amiguito esquiando (me da arqueadas de pensar que mamá tiene un “amiguito”). Yo debería estar ahora en algún paraíso exótico tomando el sol en la cubierta de un yate con la panda de siempre, creo que este año tocaba Costa Rica, y sin embargo aquí estoy, intentando recordar cómo llegar al restaurante de Helen Hunt, a la que quiero decir que me acuerdo de que le debo dinero aunque no puedo pagárselo en ese momento. Porque me han podido privar de mi identidad y dignidad, pero sigo siendo un hombre de honor y palabra. Después de recorrer tres veces Allen St. creo estar razonablemente seguro de saber cuál es el restaurante. Está más lleno de lo que esperaba para ser Navidad, porque la ciudad queda desierta en este día. Todo cierra, hasta los museos, último destino de los solitarios. Sólo los verdaderamente desesperados, como yo, se lanzan a la búsqueda de uno de los restaurantes que no entienden de Navidad y permanecen abiertos. 

Al entrar veo al encargado tras la barra, un tipo con pinta musulmán con gorro de Papá Noel. Pero no veo a Helen Hunt sirviendo mesas. No tengo dinero para tomarme nada, hasta mañana no cobro mi primera semana en la tienda de cómics, así que me dirijo al encargado para preguntarle por ella. 

–Amigo, estoy buscando a la camarera rubia del otro día. 

Al principio parece no recordarme, pero en cuanto cae, abre los ojos como platos y me dice: 

–Belinda americana, papeles –¿pero qué dice?, ¡ah, es verdad!, el tipo creía que yo era de inmigración.

–No, no, sólo quiero hablar con ella.

–Belinda papeles.

–Vale, lo sé, Belinda papeles –es imposible–, ¿tú…?

–Yo papeles, yo americano –me señala una bandera raída que tiene en una esquina del restaurante.

–No, no, digo que si tú puedes decirle a ella… Bueno, déjalo.

–Bel se ha ido a casa –me dice otra camarera que se ha acercado a hacer un pedido–, ¿para qué la quieres, guapo?

–Le debo dinero del otro día y quería…

–¡Ah!, si es eso no te preocupes, me lo das y yo le digo que le has pagado.

–Pero es que no tengo el dinero, venía a decirle que no me olvido de la deuda.

–Bueno, pues cuando vuelva yo le digo la ha estado buscando… ¿cuál es tu nombre?

–Rafael, Rafael Ridao. Pero no creo que me recuerde. ¿Cuándo vuelve?

–¿Qué le debes dinero y no te va a recordar? ¡Tú sueñas! Ella vuelve para el turno de Año Nuevo.

–Volveré. 

Me voy mientras escucho cómo la camarera intenta tranquilizar al encargado y explicarle que no soy de inmigración. 

*** 

He cobrado mi primer cheque. Jamás un trocito de papel me ha parecido tan hermoso. 211 dólares espléndidos, amorosos, fantásticos, extasiantes, útiles, necesarios… no, ¡imprescindibles! 

Ya puedo empezar a ver apartamentos. Me compro el Village Voice y echo un ojo a las ofertas. Un momento, algo debe estar mal. Llamo a mi jefe de la tienda: 

–Hola, soy Rafael, te llamo porque creo que hay un error en mi cheque… Sí, un error, debe faltar un cero o algo… ¿211 dólares? Sí, eso pone. Pero no puede ser, porque he mirado los alquileres y no hay nada decente que baje de 2800. Por eso digo que… ¿Salario mínimo?… ¿Que busque en qué zona?… No, no estoy dispuesto a irme al otro extremo de los Estados Unidos para encontrar un apartamento. He estado mirando cerca de donde tenía en mío, en Park Avenue, ¿de qué te ríes?, estoy hablando en serio… Pues, perdona, pero no me siento valorado en este trabajo… No, no tengo ni idea de cómics, pero yo tengo otras cualidades… Sí, pues quizás debiera pensarme buscar algo más acorde con mis capacidades… Vale, ya me tranquilizo, pero es que esto del apartamento me ha puesto nerviosos… ¿Compartir? ¿Compartir con quién? No sé, yo es que soy muy mio para esto de la convivencia.  

¿Compartir piso? Ummmm. Puede ser una solución provisional. Le echo otro vistazo al periódico. Visto mi sueldo no puedo optar a nada que cueste más de 400 dólares al mes, 500 si suprimo una comida al día. A ver… ¡Uno de 125 dólares! Ah, pero en New Rochelle, eso es lo mismo que irse a Alaska, ¿por qué llaman Nueva York a zonas a las que no llega el metro? (Que por cierto tendré que probar en breve, pero me da miedo). Uno de 150 dólares, pero no, gracias, no fui a la universidad para terminar en el Bronx. ¡Ajá! Uno de 175, en “Yankee Stadium”, no gracias, eso es un eufemismo para llamar al Bronx. 100 dólares en Queens, claro, y el resto del sueldo en transporte hasta la ciudad. 200 dólares, sólo mujeres, en el ¡Harlem! ¡¿Es qué no hay nada asequible en Park Avenue o la Quinta Avenida?!  

¿Cómo era el nombre de la agente que me consiguió mi apartamento? Tengo que tener la tarjeta por algún lado. ¡Ajá! ¡Gloria! Esta tía es un genio, va todo el día hablando por el Bluetooth, y no tardó más de dos horas en encontrarme mi antiguo apartamento. 

–Hola, soy Rafael Ridao, Gloria. Necesito que me busques un apartamento.

–¿Qué tenías pensado?

–Algo pequeño, nada de grandes lujos, cerca de Central Park Este.

–Ummm, tengo algo fantástico para un ejecutivo como tú, dos habitaciones, cocina americana, pero muy chic, justo al lado del Cooper Hewitt Museum.

–¡Fantástico! ¿Cuánto?

–Unos 3500 dólares, pero ya sabes que todo es negociable.

–Bueno, se sale un poco de mi presupuesto.

–¡Ah! ¿“Presupuesto”? Si te he de ser sincera no me siento cómoda trabajando con presupuestos. ¿De cuánto hablamos?

–Unos 400 dólares, aunque puedo llegar hasta los 500.

–Rafael, ¿eres consciente que la comisión mínima que cobro a cada cliente es de 1000 dólares? 

No sé qué decir. Pasado tres minutos de mutismo por mi parte Gloria corta la comunicación sin siquiera decir adiós. 

*** 

He dejado el tema del apartamento para más adelante, más que nada por desesperación. Es día 31 y la gente anda como loca. Como si cambiar de año fuera a solucionarlo todo. Ha sido un mes realmente horrible. Tengo los 15 dólares de Helen Hunt y 10 más que le voy a dar de generosa propina por el retraso. Su compañera me dijo que trabajaba en el turno de fin de año, y allá voy, con 7 grados bajo cero, andando por Wall Street. Hubiera cogido el metro, pero aún me da miedo someterme a esa experiencia y no creo que mis 211 dólares semanales me den para taxis.  

La calle está muy animada a pesar de ser cerca de las 10 de la noche. Todo lo vivido aquí me parece tan lejano. Es como si los recuerdos que conservo de mi vida como financiero de éxito fuera el residuo que una vieja película ha dejado en mi cabeza. Y sin embargo llevo un traje de 3200 dólares que compré hace menos de dos meses. Ahora no podría ni acercarme al escaparate de Brooks Brothers para ver un traje como este. Debo esmerarme por conservar mis fabulosas prendas impecables, es lo único que me queda de mi vida pasada. Este abrigo de vicuña es un tesoro que ojalá pudiera revender por su precio original, podría alquilar con ese dinero un apartamento decente durante meses. Pero no puedo venderlo y debo conservarlo impeca… “¡Hijo de puta!” 

Un mensajero en bicicleta ha intentado pasar entre un coche parado en el semáforo y mi cuerpo que no había terminado de cruzar y se ha enganchado en mi abrigo desgarrándolo. Y ni siquiera se para, sino que se vuelve pedaleando y me hace un gesto con el dedo sobradamente popular.

¡Dios! ¿Por qué todo me tiene que salir mal? ¡¿Por qué?! ¿Es que no puedo tener mi pequeño regalo navideño? ¡Algo! ¡Algo que me alegre para afrontar el 2009! 

–¿Te encuentras bien?

–Perfecta… –es Clive Ziff III o IV o V, no me acuerdo, un ex-colega– …mente.

–Van como locos. Oye, que lo siento mucho.

–Sólo ha sido el abrigo.

–No, me refiero a lo de Madoff.

–¿Qué?

–Leí en el periódico que uno de los estafados eras tú, que habías perdido 36 millones.

–¿Yo?

–El periódico lo decía bien claro, Rafael Ridao, 36 millones.

–Pero si yo no he invertido en mi vi…

¡Papá! ¡Claro, Rafael Ridao “padre”! ¡Gracias Dios! ¡Gracias por mi regalo de Navidad! ¡Papá ha perdido 36 millones! ¡Así aprenderá a tratar a su hijo de la manera que me ha tratado! Él me lo ha quitado todo, y el karma se lo ha quitado… bueno, le ha quitado un poquito. Pero estará que se sube por las paredes. ¡¡Gracias!!

Comparte este post:
  • Meneame
  • Digg
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google

Tags: , , ,

Deja tu comentario