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EL CRACK (el serial) - Capítulo XXIII

El fin del paraiso 

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¡Qué maravilla es no ser más un fugitivo de la ley! Mentiría si dijera que no echo de menos las playas salvajes de Sibaúma, los masajes tailandeses, las maravillosas ostras, la espléndida carta de almohadas del resort… pero el ser un fugitivo estresa. Sobre todo cuando Puppy está alrededor y decide montar una fiesta. ¿Qué diferencia hay entre una fiesta para millonarios de Puppy y la más salvaje y descontrolada fiesta universitaria en casa de los ausentes padres de un novato de la fraternidad? Que en la fiesta de Puppy los invitados llegan en helicóptero, por lo demás es exactamente igual. Al principio planeaba celebrarla en la piscina pero los no-invitados, y sin embargo asistentes, se habían multiplicado exponencialmente, así que la idea se trasladó a la playa. 

Intenté convencer a Warren para que se uniera a la fiesta: 

–¡Pero estás loco! ¡Mira toda esa gente! ¡Todos me conocen! –me gritaba histérico– ¿Cuánto crees que tardarían en delatarme? La mitad de ellos son financieros con potenciales escándalos que están deseando tener algo con lo que negociar con la justicia cuando los pillen. Delatar a un fugitivo sería perfecto para rebajar sus condenas y no entrar en la cárcel.

–No seas paranoico –está al borde de la locura, creo que es el momento de decirle que la justicia americana no lo busca.

–¡Qué no sea paranoico, dice!

–Waren…

–¡¿Qué?! ¡¡¿Qué?!! ¡¡¡¡¿Qué?!!!!

–Nada. 

Eran las cinco de la mañana cuando volví a la habitación. Era el vivo retrato de un desquiciado, con los ojos inyectados en sangre, mirando tras las persianas, con un cenicero lleno de colillas a sus pies. Aquello no era sano. Lo convencí para bajar un rato, respirar aire fresco y sentir el contacto humano. El argumento que lo convenció es que era de madrugada y todos los gatos eran pardos a esas horas, y aunque estuviera el sol en su plenitud, ya todos estaban tan borrachos que les costaba distinguir entre Scarlett Johansson y Mick Jagger (ambos asistentes a la fiesta). 

*** 

–¿No ves cómo yo tenía razón? 

Estábamos sentados en la playa con el suave aroma del mar azotando nuestros rostros y observando el plácido vaivén de las olas que se extendía tras un chaco de vómitos etílicos que había a nuestros pies. Warren parecía más humano, más relajado, nadie lo iba a recono… 

–¡Ey, Warren! ¿Dónde te has metido esta última semana? –¡Oh, Dios!, ¿quién es este ahora? A Warren le estaba empezando a dar un ataque de ansiedad al encontrarte con alguien conocido–. Jo, tío, vaya la que tenéis liada en tu empresa. Seguro que os quitan las primas de este año por culpa del cabrón ese que ha defraudado…

–Lo siento, tío –le digo al desconocido (para mí)–, pero ya nos íbamos.

–¿Quién ha defraudado? –le pregunta Warren deteniéndome en mi intento de ponerme de pie.

–¿Quién a va a ser? El tío ese que ha aparecido en todos los periódicos, el jefe contable, ¿cómo se llama? No pongas esa cara, tío, con la movida que habéis tenido en la empresa. Menos mal que se ha recuperado casi todo el dinero. Venga, confiesa, cabroncete, seguro que había algún otro jefazo implicado y le han cargado todo el muerto al de contabilidad.

–No tengo ni idea de lo que me hablas –le dice muy despacito mientras me mira a mí pidiendo una explicación.

–Vale, vale, ya veo. Pacto de silencio en la empresa. Pero, tío, yo soy colega, y de aquí no va a salir. Además ya se ha cerrado la investigación, ¿qué más da?

–¿Qué se ha cerrado la investigación? ¿Y dices que ha salido en todos los periódicos? Rafe, amigo mío, ¿es posible que a los periódicos que me subías a la habitación le faltaran páginas por casualidad?

–Bueno… esto… es que no quería amargarte las vacaciones con noticias del trabajo. Pero mañana nos volvíamos a Nueva York, ¿no te lo había dicho?, tengo los billetes, y te lo iba a contar todo…

–¿Concretamente cuándo me lo ibas a contar? ¿Cuándo estuviera subido en el avión o cuando estuviese ingresado en el manicomio? 

‘Ironía’, eso está bien, la ironía es un arma inteligente de gente no agresiva. 

*** 

Reunión en la sede Capital Investors, antes Riado-Blackman, actual feudo de mi archi-traidor-ex-asistente Robert. 

–Señor Ridao, lo esperan en… –la secretaria está entrenada para no decir nada, pero en su mirada le veo las ganas de preguntar–. Le esperan en la sala de reuniones. 

Las miradas me siguen mientras atravieso la oficina. “Debe mirarse eso” me dice un gilipollas que se me cruza, ¡como si no me lo hubiera visto ya en el espejo esta mañana! Entro sin llamar a la sala de reuniones, me niego a pedirle permiso al sátrapa traidor de Robert. 

De todas formas no estaba. Mientras llega me sirvo una taza de café. 

–Buenos días, Rafael, perdo… ¡Vaya ojo! ¿Te lo ha mirado el médico?

–Uno, no me caes bien, por lo que cíñete a lo profesional, traidor. Dos, al próximo que haga un comentario sobre mi ojo morado le arranco la cabeza. Y tres, el café de esta empresa es una mierda –digo escupiéndolo en el suelo, así marco el territorio y dejo claro que no estoy allí por placer. 

Evidentemente Warren no se conformó con la ironía a la hora de constatar que no le había sentado bien que lo tuviera engañado una semana pensando que la espada de Damocles de la justicia pendía sobre su cabeza sólo porque yo quería pasar unas vacaciones de lujo a costa de Puppy. Después de que el médico del complejo turístico me atendiera, trate de explicarle a Warren que no era mi intención torturarlo, que lo llevé allí con toda mi buena intención, para ayudarlo, aunque después se complicaran las cosas. A lo que respondió: 

–Claro que sé que lo hiciste con buena intención, ¿por qué crees que sólo tienes un ojo morado, una patada en los testículos y sólo una costilla rota? 

*** 

A Robert no le agradó la idea que le presenté para la presentación del fondo de inversión de valores ecológicos. Mi idea era fletar un avión y llevarnos a los posibles suscriptores a una aldea de aborígenes en medio del Amazonas. 

–Eso dispara el presupuesto, Rafael.

–La idea es que conozcan esas comunidades que viven en el primitivismo, los que más se benefician por las actuaciones ecologistas.

–Pero fletar aviones no es viable. ¿No tienes algo más… cercano?

–¿Aborígenes más cercanos? Claro –dije irónico– siempre podemos hacer la presentación en una comunidad Amish, allí no conocen ni el Internet.

–Me refiero a otro enfoque. Algo más convencional. Fiesta elegante, con clase, con el presidente dando su discurso de presentación. Ya sabes, lo normal.

–Para montar “lo normal” no me necesitáis. Está bien, a ver esto: una fiesta en el Museo de Historia Natural. El mensaje sería, si el hombre primitivo hubiera invertido en este fondo ecológico los dinosaurios no hubieran desaparecido.

–A parte de que el homo sapiens no coincidió con los dinosaurios y que el hombre primitivo no tenía sistema financiero ni fondos de inversión, no creo que sea mala idea. Adelante.

–Está bien, me pongo en marcha y hago un presupuesto. Y por favor, Robert –le digo en plan condescendiente–, no vayas por ahí diciendo memeces porque te pones en evidencia, claro que el hombre prehistórico coincidió con los dinosaurios, ¿no has visto las películas? 

¡Bien, mi primera fiesta profesional para seres humanos vivos!

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Una respuesta to “EL CRACK (el serial) - Capítulo XXIII”

  1. the healthy ghost Dice:

    Muchas gracias,muy amable que me ofrezcas participar en tu página.Ya la he añadido a favoritos porque es muy interesante.Si se te ocurre algo en lo que pueda participar,a tu disposición.
    XX

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