Blogs

Una caja de joyas india

manjujasty.JPG

Nunca me han atraído las grandes colecciones de joyas. Y que me perdonen Cartier, Bvlgari, Chaumet… Pero a pesar de lo exclusivas que son sus piezas (por el precio), no dejan de tener ese halo de prêt-à-porter aunque sea a nivel de popularidad. Todo el mundo conoce los típicos felinos de Cartier, y aunque son exquisitos, no me causan asombro. En joyas siempre me excita encontrar diseñadores que son casi artesanos, pero que poseen ese toque ‘especial’ que hace de sus piezas verdaderos fetiches. 

También pienso que el minimalismo está sobrevalorado en joyería. Un buen joyón debe causar al menos espanto, que te haga exclamar “ay, Dios, qué barbaridad, ¿cuántos quilates llevas encima?” Por eso me entusiasma Manju Jasty, porque sus joyas son un deleite para los sentidos y hay que mirarlas y requetemirarlas para entenderlas y apreciarlas. No se pueden ponderar de una simple mirada. 

Esta belleza (Manju Jasty) que podría ser la favorita de un maharajá de fábula llegó a Nueva York desde su India natal para estudiar business y desarrolló una exitosa carrera en el mundo financiero durante una década en el sector de  las inversiones bancarias. Su interés en las joyas comenzó como un juego, deconstruyendo y volviendo a elaborar piezas que ella había heredado, ya que su estilo personal es mucho más simple que el intrincado gusto indio en joyas. El veneno de la joyería corría por sus venas ya que es parte de su cultura, así que cada año procuraba crearse una joya especial buscando materiales y artesanos en la India. 

No pasaron desapercibidas, y del reconocimiento entre la familia empezó a funcionar un virulento boca a boca que le granjeo cierto prestigio. Cuando dejó el sector financiero lo tenía claro. ¿Y como renunciar a esa vocación, cuando su propio nombre ‘Manju’ viene del sánscrito y significa “caja de joyas”?

Comparte este post:
  • Meneame
  • Digg
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google

Tags: , ,

Deja tu comentario