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La cruz de ser experto en moda

Odio mi profesión. No, no, me encanta ser periodista de moda, pero es que hay días en que me siento como un famoso. ¡Que no!, ¡que no tengo delirios de grandeza!, me refiero a esa cruz que llevan los famosos que se ven avocados a que todo el mundo le pida besos, fotos y autógrafos. A los críticos de moda nos pasa algo parecido, siempre te piden consejos de moda gratis. Estoy seguro de que a los ginecólogos no les piden una exploración vaginal gratis e improvisada a los 5 minutos de haberlos conocido (a no ser que sean terriblemente guapos, pero ese no es el caso).

El domingo salí con unos amigos y venía una pareja conocida de una amiga. Yo, dentro de las reuniones, soy lo que podríamos llamar el elemento ‘exótico’: “¡Oh, trabajas en moda, es maravilloso, yo me moriría por ir a los desfiles!” dice ella, “¡y tener a las modelos tan cerca!” añade él. Pues yo, señora –me dieron ganas de decirles- mataría porque todos los desfiles fueran on-line como aquel de Viktor & Rolf y no tener que patearme las ciudades de arriba abajo, de este a oeste, un centenar de veces en el día durante las semanas de la moda. Lo de tener las modelos cercas no lo rebatí, porque cada cual tiene sus fetichismos, y si con eso se conformaba él, ¿quién era yo para quitarle la ilusión?

Lo siguiente que te piden es ‘LA EVALUACIÓN’: “mira estos zapatos nuevos, ¿qué te parecen?” Obviamente optas por no ser sincero en el 99% de los casos y dices que te gustan, que están muy bien, de veras, en serio, chachi… Y pides otra copa preguntándote si sería muy mal educado irte de allí a los tres minutos de haber llegado. Esta pareja que conocí el domingo también me pidió LA EVALUACIÓN por partida doble:

-Mi chico es muy estiloso –dijo ella dedicándole una mirada cómplice- y siempre va a la moda. Le gustan los trajes entallados como a Obama. Da una vuelta, nene.

El nene dio una vuelta luciendo palmito, o lo que fuera aquello que lució. Yo sonreía bobaliconamente preguntándome por qué demonios no me hacía efecto la bebida y caía en un coma etílico por compasión.

-Guau, bonito traje –le dije-, es…

Me quedé sin palabras… palabras educadas, quiero decir.

-Sí, es de marca –arremete ella- lo compramos en… -nombró el centro comercial donde lo habían comprado, y la marca del traje, que resultó ser la gama barata de la casa, pero marca al fin y al cabo. Me dijo el precio, 175 euros, asegurando que era una ganga y yo pensando que era un robo. Y lo que es más, hizo que él se quitara la chaqueta para enseñarme la etiqueta.

En aquel momento decidí retirarle la palabra a la amiga que me los había presentado (si iba a más me vería obligado a matar a mi amiga). Pero antes de que concretara la manera en que la iba a matar, la buena señora volvió con LA EVALUACIÓN a la carga y me hizo que reparara en su blusa. “¿A qué está a la moda, qué complemento puedo ponerle?”. A ver… blusa de seda, estampado horrible, hombreras a los ochenta, cuellos encogidos por un mal lavado y, lo que era lo peor, se trasparentaba la ropa interior.

-Te gusta llevar blusa, ¿no? –ella afirmó-, pues te recomiendo Hamilton-Paris, es la última sensación.

Hizo que su marido apuntara el nombre de la marca y me preguntó si la habría en El Corte Inglés. Dije que podía ser, me volví y puse los ojos en blanco. Espero que no se haya molestado en buscar las blusas de Hamilton-Paris porque están fuera de su alcance económica y geográficamente. Cuando se de cuenta espero que pille mi perversa ironía, pero seguramente ni siquiera se le pasará por la cabeza que fue una burla.

Aquí viene la parte didáctica del post: Hamilton-Paris es una firma de moda que toma la blusa como punto de partida y la reinterpreta de distintas formas. Nace de la unión de diseñador Charles Sebline y su musa Sophie Hamilton. Él está graduado por la Central Saint Martin‘s de London y ha trabajado en el atelier de alta costura de Yves Saint Laurent y en el año 2000 Tom Ford lo eligió para formar parte de su equipo de Yves Saint Laurent Rive Gauche. Sophie, por su parte, es una norirlandesa de familia bien (hija de un duque, por lo que es Lady Sophie) con especial gusto por el vintage (abrió su propia boutique de moda vintage en Londres).

Os dejo fotos para que os deleitéis con las creaciones de Sebline, aunque he estado tentado de poner de cabecera una foto de la pareja de la que hablo, pero se supone que este blog va de cosas agradables para la vista. Gracias Sandra por presentármelos, te echaré de menos como amiga.

hamiltonparis.jpg

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6 respuestas to “La cruz de ser experto en moda”

  1. jana glamurama Dice:

    hola Agustín! no sabes lo que me ha gustado este post! cuanta razón llevas!! y el remate de las fotos ha sido fantástico! he disfrutado mucho leyendolo!
    besos
    jana

  2. máver Dice:

    jajajajajaaa, ere un crá compadre!!!
    No hace falta poner la foto de la “parejita”. Los he visto..

    Un abrazo, wei -hazme ya una visita.

  3. RYE Dice:

    Querido señor Velasco permítame que le augure el éxito mediático si usted persiste en practicar esta formula estilística en su columna toda vez que la vuelve cercana y terrenal pero divertidamente chic!!!

    rye

  4. yolanda Dice:

    Genial, Agustin.Crítica glamourosa. Sigue asi.

  5. ylm-spain Dice:

    Tu no eres malo, ERES MALÍiiiiiiiiiiiSIMO… que conste que me he reído con el post. ;-)

    Me he acordado de una temporada en la que trabajaba en una tienda de decoración, mi jefe un día, para vender unas telas, se tiró el moco de que eran de un diseñador que estaba de moda por aquel entonces, un tal Peter Thomson de Nueva York,?¿?¿?¿?…. yo me ponía colorada con las cosas que se inventaba, pero lo mejor de todo era cuando la gente decía que lo conocían…

    (Preciosa la última blusa)

  6. alfonso Dice:

    jajajajajaja buenísimo

    gracias a tu ex-amiga te ha salido un post muy divertido

    el momento etiqueta (para que vieras que no te mentía) no tiene nombre

    puede que la próxima vez que los veas ella te sorprenda con una blusa
    hamilton-parís jajajajajaaj

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