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Archivo de Julio, 2009

¿Alta Costura, costura o confección a medida?

Mircoles, 8 Julio 2009

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Hoy tocaba hablar sobre la Alta Costura y podría haber rendido tributo al emocionado ‘adiós’ que ha protagonizado Lacroix con un desfile magistral, de los pocos que se pueden considerar Alta Costura de verdad (sigo sin entender esas colecciones que nos muestran como Alta Costura y que son replicables desde el prêt-à-porter), pero no, no hablaré de Lacroix, eso lo dejo para un artículo para el periódico. Podría hablar de cómo la crisis ha afectado a las presentaciones de Haute Couture, pero también lo dejaré para plasmarlo en papel. Prefiero usar la Alta Costura como punto de partida de una reflexión personal.

Hace poco me invitaron a formar parte de un comité que evalúa las propuestas que se presentan en una pasarela regional con el propósito, no tanto de determinar si un diseñador merece o no estar en el programa del evento (cosa que sí debería hacerse), sino para opinar sobre si un diseñador merece tener un desfile para él solo o debe compartirlo en plan colectivo. Pues bien, muchas de las propuestas vistas se trataban del trabajo de modistos que cosen a medida y esto, como experto en moda, te pone en un serio dilema: ¿debe estar la confección a medida sobre la pasarela? Es evidente que lo que conocemos como Alta Costura sí, porque es una expresión más (una ramificación, si se quiere) de la actividad de una firma de moda que raya en el arte. Pero cuando se trata de modistos/as cuya actividad se reduce a la BBC (Bodas, Bautizos y Comuniones), y que en verdad no aportan nada nuevo, pues sinceramente pienso que mejor nos lo ahorren.

“¡Qué fascista!”, me llamaran los aludidos. Pues mire usted, con su dinero monte todos los desfile que quiera, pero es que usted está jugando con dinero público (¿he comentado que la pasarela está muy bien subvencionada… como todas las españolas?). Y a colación de eso se me ocurren unas reglas básicas para saber quién debe desfilar en una pasarela institucional:

1. Diseñadores con actividad comercial (se sorprenderían cuántos montan un desfile y luego viven de otra cosa, es una cuestión de ego).

2. Que respondan a unos estándares cualitativos (ahí eliminamos los que encojen las costuras y cometen errores garrafales de patronaje, porque tienen muy claro lo que quieren construir, lo que no tienen  tan claro es cómo).

3. Que aporten algo nuevo, una mirada artística o un sello distintivo (cuántos hay que se creen diseñadores cuando repiten una y otra vez los modelitos del catálogo de El Corte Inglés del 85 con telas cada vez más estrambóticas… sí, se vende bien en la boutique de barrio, pero no es moda).

Y entonces, me dirán, “estás discriminando a la Alta Costura, que es un sector muy importante en este país”. Oiga usted, lo primero es que se tiene que lavar la boca con jabón de Marsella antes de pronunciar el nombre de la Alta Costura en vano. Alta Costura es un término protegido por la legislación francesa así que absténgase. En todo caso lo suyo es costura, y ni eso, llamémoslo confección a medida. Cuando sea usted capaz, ya no de confeccionar chaquetas como las presentadas por Galliano en el desfile de Dior de Alta Costura de esta semana, sino simplemente de imaginarlas, entonces ya hablamos. Cúrrese las telas, busque proveedores exclusivos, trabájese el tema de bordados y demás filigranas, y salga de los patrones básicos superados hace más de dos décadas, y podremos discutir hablando el mismo lenguaje.

No me impresiona que venda usted mucho en la Conchinchina, más ropa vende el mercadillo ambulante de los domingos que se pone en mi barrio y no por ello me vuelve loco. Y si usted se considera diseñador debe controlar ese desfile por el que tanto clama y no usar los primeros zapatos que alguien le presta, debe ser consciente de los estilismo, que deben tener un hilo conductor, crear una narrativa visual, etc…

¡Qué cansado estoy con este tema! Y vuelvo a él porque todo lo que se habló en aquella comisión a puerta cerrada se ha filtrado (no me sorprende, contaba con ello) y sé que hay gente muy molesta con mis opiniones (que no sólo eran mías, lo que pasa es que yo siempre hablo más alto y claro). Así que mejor dejar las cosas claras desde ya y desde este púlpito que es Fondo de Armario. Y si no le gusta, o no está deacuerdo con mis opiniones, recuerde aquello de la libertad de opinión.

PD. No me puedo resistir a señalar la febril imaginación de Lacroix al diseñar la novia que cerró su desfile. Miren. ¿A qué les recuerda? Sí, a las vírgenes que procesionan en la Semana Santa de Sevilla.

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Lo he probado: Afeitado con Kiehl’s

Lunes, 6 Julio 2009

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Empezamos una nueva línea de contenidos dedicadas al test de producto. A partir de ahora me dejaré llevar por mi espíritu empirista y contaré mis experiencias personales con las novedades que llegan a mis manos, en especial las cosméticas. Debo aclarar que con el tema de la cosmética no aspiro a ‘mejorar’ nada de mi físico, lo he dado por perdido, nada que la genética haya hecho se puede remediar con la cosmética. Es más bien una búsqueda de la optimización de las sensaciones a lo que aspiro.

Hoy empezaremos por el afeitado. Ya hace tiempo que trabajo temas de belleza para algunas revistas, y por ello recibo de vez en cuando algún que otro envío de nuevos productos que salen al mercado. La semana pasada recibí una línea de tratamiento de Kiehl’s y ayer domingo me decidí a probarla. Estas no se pueden hacer con el aseo diario, porque vas tan deprisa que no hacer nada como en teoría debieras hacerlo y no estás atento a las sensaciones generadas.

Comencé con algunos productos para el afeitado. Tengo la precaución de afeitarme siempre después de la ducha, y no antes, para que el vello esté apropiadamente húmedo y flexible. Suelo utilizar la maquinilla Gillette Phenomenon manual con cinco hojas que ofrece un apurado excelente en un par de pasadas, y además tiene una sexta hora trasera que ayuda a llegar a esos lugares difíciles que terminas por dar por imposible.

Estoy acostumbrado a usar espuma y a ponerme la cara como una tarta de merengue, así  que cuando probé con la crema de afeitar Blue Eagle de Kiehl’s (Ultimate Brushless Shave Cream - Blue Eagle, para ser correctos) me dio la sensación que me iba a costar bastante el afeitado. Mi sorpresa fue que la maquinilla se deslizaba mucho más sutilmente que con la espuma y apurando de forma inaudita. Además el aloe de su formulación lo hace apto para las pieles más sensibles.

Está bien, ya estoy apurado, ¿y ahora? Aparecerán las rojeces típicas del afeitado por la erosión y picará, y me rascaré hasta que me haga un desaguisado dermatológico. Pues es el momento de probar el Razor Bump Relief de Kiehl’s que está pensado precisamente para eso. Pongo un poco en los dedos y los extiendo por la barba, y voy sintiendo cierta sensación de frescor a medida que aplico el producto.  Hoy, un día después, aún tengo la piel más suave de lo que suelo tenerla, y con menos puntos rojos a causa de los vellos que salen de mala manera, ya que esta loción ayuda al correcto crecimiento del vello y a que no se incruste.

Lo mejor de todo es que estos productos de Kiehl’s no tienen olor. ¿No os parece una aberración que la espuma tenga un aroma, y el aftershave te deje un penetrante olor sobreimpreso, al que terminas añadiendo el de tu colonia o perfume? De esa manera nunca estarás seguro de estar desprendiendo el aroma que te gustaría, mientras con productos que no tienen olor tienes la confianza que tu perfume elegido no va a ser adulterado con otros aromas.

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Chaquetas nada convencionales

Viernes, 3 Julio 2009

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Ayer fui de rebajas. Yo no compro nada, sólo observo en plan antropólogo que está haciendo un documental para National Geographic. Estoy atento a loque impulsa a la gente a comprar esto o aquello. ¿Por qué? No lo sé, quizás porque simplemente estoy desequilibrado y nadie se ha dado cuenta… hasta ahora. Y en estas estaba cuando presencié una escena muy ilustrativa de las diferencias entre hombres y mujeres. Allí estaba aquella pareja, de unos treinta y pico, ella intentándo comprarle una chaqueta a él, él deseando irse de la tienda:

-¡Mira que chaqueta más bonita! -le dice ella.

-Es gris -le responde él sin mucho entusiasmo.

-Sí, pero mira que raya diplomática más elegante.

-Es gris.

-Sí, es marengo, y es preciosa, pruébatela.

-Ya tengo una chaqueta gris.

-Marengo no, y con raya diplomática tampoco.

-Es igual a la que tengo en casa.

-No lo es -le dice ella ya un tanto exasperada por el incomprensible arrebato de rebeldía estilística de él, ¡cómo se atreve a querer comprarse algo a su gusto!-, la tuya es de un gris más claro y la raya es gris, y esta raya es blanca.

-Yo quiero algo más…

-¿Más qué? –le corta ella en plan “ay, que vamos a tener las vacaciones como me lleves la contraria”.

-Algo más diferente.

Ella lo mira muy seria, levanta la barbilla, le tiende la chaqueta y le dice con una dulzura que no era previsible:

-Anda, pruébate esta por mí. Ahora buscamos algo… diferente.

Cuando él se mete en el probador ella se vuelve al dependiente y le dice en plan satisfecho:

-¡Diferente! Si lo dejara vestirse sólo terminaría como un clon de José Corbacho.

-¿El ministro? -le pregunta extrañado el dependiente, y en ese punto disimulo una carcajada fingiendo un acceso de tos y me afano en las etiquetas para que no se den cuenta que simplemente los estoy observando.

-No, hombre -dice ella-, ese de las chaquetas raras, el de Homo Zaping.

Estoy seguro que aquel pobre hombre tiene ahora en su armario otra bonita chaqueta gris marengo con raya diplomática.

Si por casualidad estás leyendo, querido amigo con el que simpatizo en extremo, déjame que te diga algo: INTERNET. No salgas a comprar con tu mujer ya que de consumidor pasas a ser simplemente un maniquí. Te aconsejo que explores las posibilidades de las boutiques on-line, y para cuando te llegue el pedido a casa y ella lo descubra ya no habrá vuelta atrás. Tú tendrás tu chaqueta diferente y ella no tendrá otra que aceptar que eres un ser independiente con gustos propios [aunque ya buscará la forma de estropearte la chaqueta de algún modo para que no puedas ponértela y así ser ella la que ría la última].

Echa un vistazo a Social Suicide (ya el nombre lo dice todo), la firma de chaquetas camisas y pantalones que hace unos cinco años montaron dos británicos locos, Matt Grey y Simon Waterfall. Social Suicide busca esa vuelta de tuerca en la ropa masculina que nos saque del aburrimiento. Sastrería clásica pero con motivos singulares ya sea en bordados, estampados, tejidos y otros detalles. Adiós a la monotonía. En una de las chaquetas avisa de que vas armado (pero no dice de qué arma se trata), en otra simula que llevas un bolso de Vuitton colgado (ahí están en un terreno pantanoso, Vuitton puede denunciarlos por usar sus monogramas), otra parece mancillada por brochazos, en otras llevas la efigie de la Reina de Inglaterra en la espalda, etc…

Además tienen servicio de bespoke, pero no pienses que se trata de hacerte el traje a medida, no. Es un servicio que se llama Tat2 Suits por el que fotografían tus tatuajes y los replican en tu traje. Ahí ya puedes pasarte un poco de presupuesto ya que el precio parte de 3,600 libras, pero los modelos de colección rondan de las 400 a las 500 libras (de 466 a 583 euros).

Social Suicide es una firma del siglo XXI y aprovechan Internet 100% para hacer su negocio (Twitter, FaceBook, MySpace, YouTube). Además estamos en rebajas y su filosofía ahora mismo es “The hotter the day, the less you pay“, es decir que te hacen un descuento equivalente a los grados en Celsius que haga en Londres en el momento de la compra.

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Sin miedo al short

Mircoles, 1 Julio 2009

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Hoy quiero hacer una reivindicación: las jóvenes diseñadoras españolas. Hay una generación de jóvenes creadoras que rondan los 30 años que son realmente un activo nacional impresionante. Hablo de Txell Miras, Anjara, Silvia G. Presas de The Avant, Laura Figueras de la marca Bambi, etc… Hoy va por ellas, y en vez de ilustrar este post sobre shorts con imágenes de macro firmas de moda, lo haré con las propuestas de algunas de ellas.

Vamos a hablar del verano y de cómo cualquier cosa que no sea ir desnudo se nos hace insoportable. Afortunadamente existen reglas sociales que nos impiden hacer de naturistas todo el día, y digo afortunadamente no porque esté en contra de la desnudez, no, al contrario, ¡viva la desnudez!, sino porque no todos ganamos al quitarnos la ropa, y mejor ahorrar el espectáculo al prójimo. (Me tengo que poner en tratamiento para dejar de divagar, debe existir alguna pastilla para eso).

Bien, las que no puedan practicar la pelota picada no tienen otra que ‘recortar’ sus prendas. La falda pasa a ser minifalda, y el pantalón (que es a lo que iba) pasa a ser short. El short es una prenda bastante peliaguda y creo firmemente que quien mejor sabe cómo emplear esta prenda son las propias mujeres. Los diseñadores (hombres) terminan proponiendo shorts extra cortos porque visualizan a la mujer como icono sexual, y al final hacen shorts muy sexy pero poco prácticos para la vida real. Sin embargo las diseñadoras saben exactamente lo que la mujer demanda porque son las primeras en padecer la ignominia de un microshort pensado para coristas de Las Vegas.

De entre todo lo que he visto esta temporada me quedo con los shorts que realizan las jóvenes diseñadoras (como ya he dicho arriba): primero porque buscan cortes con un extra de patronaje que le confiera un sabor singular al pantalón; y segundo porque piensan esta prenda como un comodín versátil que pueda servir tanto para momentos de relax urbano así como para salidas nocturnas un poco más formales (basta conjugarlos para que cambie su cariz).

He encontrado especialmente interesantes los propuestos por la diseñadora Anjara (arriba), muy urbanos, de batalla, pero a la vez con actitud; y los pensados por Laura Figueras, creadora de la firma Bambi by Laura (abajo), porque tiene ese toque extra ‘deluxe’ que le otorga un tejido brillante.

No hay que tener miedo a lucir pierna y pensar que está fuera de lugar. Un short puede ser apropiado hasta para el trabajo siempre que no optes por versiones indecorosas que afecten al rendimiento de tus compañeros. De todas formas siempre es más peligrosa una minifalda que un short, ya que puedes cruzar y descruzar las piernas, subir y bajar escaleras, agacharte a recoger lo que se te ha caído, etc… sin miedo a ese mirón que está siempre apostado estratégicamente para obtener una visual excitante.

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