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Mi idilio con Inès

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A raíz del post anterior y de que hay gente  “pa tó”, incluso para defender la estética de Keyra Knightley (es broma, ya sé que son muchísimos los que sienten adoración por ella, a mí me gusta mucho su cara, en serio), se me planteó un debate interno peliagudo: ¿por qué no me apasionan las modelos de hoy?, ¿por qué soy incapaz de quedarme con sus nombres? La respuesta es simple, porque tengo claro que no pasarán a la posteridad. Con la invasión de las clónicas del Este, todas rubias, todas delgadas, todas producto con caducidad de dos o tres años… con la llegada de este perfil de modelos low cost a las pasarelas se perdió gran parte del glamour. La era de las supermodelos no se distingue por la imagen sana de las chicas (que sí), ni por el poder que emanaban sus cuerpos (que también), sino porque todas tenían el factor ‘singularidad’, no les hacía falta ni apellidos: Cindy, Claudia, Linda, Elle, Carla, Naomi, Stephanie, Christy… Niki Taylor, Shalom Harlow, Amber Valletta, Kirsty Hume, Yasmin Le Bon, Yasmeen Ghauri, etc. La lista es inabarcable, hasta que un día la pubescente chica del Este homogeneizó la pasarela. Ya no había historias de cómo habían sido descubiertas, ni cómo un corte de pelo las lanzó a la fama… No, eran traídas en manada, cual ganado vacuno, de pasarela en pasarela, vendidas por lotes por las agencias.

Nos decía nuestro amigo Grelinno referente a Keyra que “Keyra Knightley me encanta y me encanta por su imperfección porque su belleza no me parece fría, por su atractivo, por su extraña nariz, por su boca, por todos y cada uno de los defectos que tiene y, sobre todo (sí, me vas a matar) por esa publicidad de Chanel, por ser su Mademoiselle”. No, no te mato, pero sí creo que para ser Mademoiselle Coco hay que tener encanto francés (ojú, ya estoy yo xenófobo). Me explico. Los anuncios de Chanel que yo más venero son aquellos donde se reproduce el chic francés que caracterizó a Coco, y explicar qué es eso es muy difícil, porque es algo que no tiene traducción en palabras, sino en sensaciones.

El mejor ejemplo es el de Inès de la Fressange (Inès Marie Lætitia Églantine Isabelle de Seignard de la Fressange). Conquistó al mundo con su nombre de infanta y unos padres que mezclan lo más rancio y lo más moderno de la época, un marqués (André de Seignard de La Fressange) y una modelo argentina (Cecilia Sanchez-Cirez), y una abuela heredera de la fortuna bancaria de Lazard, Simone Jacquinot. Pero sobre todo su éxito radicaba en su estilo, en un cuerpo desgarbado pero con compostura aristocrática, de chica de internado que no sabe que los genes son los genes y está destinada a ser cisne.

Fue descubierta a principios de los 80 (Gilles Bensimon se adjudica el mérito y las primeras fotos hechas para Elle) y coincidió con que una resucitada casa Chanel, con un joven Lagerfeld al frente, quería relanzar el mercado de los perfumes y dejar de vivir el clásico Nº 5. En 1983 se preparaba el lanzamiento de Coco y buscaban desesperadamente la cara que reflejara la esencia de la modista. De pronto se dan cuenta que Inès no sólo tiene el chic de Mademoiselle Chanel, sino que hasta se le parece en las fotos. El mundo se postró a los pies de esta joven modelo que obtuvo un jugoso contrato en exclusiva con la casa, cosa no tan común en la época. Pero tal y como se convirtió en la musa oficial de Lagerfeld y representó ese nuevo aire que se quería dar a la casa (esas chicas con jeans y chaquetas cuatro bolsillos clásicas de Chanel de paseo por la Rve Gauche), con la misma rapidez llegó el adiós en 1989/1990.

Se dice que fue porque Lagerfeld no aprobó su decisión de prestar su imagen para un busto de Marianne, el símbolo máximo de la representación de la República Francesa, cosa que han hecho otras modelos posteriores como Laetitia Casta. Lo cierto es que el idilio acaba por celos, un desamor nacido del amor, del encontrado por la modelo en Luigi d’Urso con el que se acaba casando. Lagerfeld ve como Inès empieza a valorar su vida privada, ya no está dispuesta a hacer sesiones de pruebas a altas horas de la noche, que tiene prisa para volver con su amado… y Karl la quiere en cuerpo y alma para él. Así termina todo. Así comienza la historia de la otra Inès diseñadora, empresaria y consultora creativa para Gaultier.

Perdonadme si me agarro a la idea de que no habrá otra Coco más que la auténtica y Mademoiselle de la Fressange (ni Vanessa Paradis, ni Kate Moss, ni Shalom Harlow, Manon von Gerkan, ni Anouck Lepere, ni ninguna otra).

Pero para gusto los colores.

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9 respuestas to “Mi idilio con Inès”

  1. Rocío Melo Dice:

    Adoro a Inés, desde pequeña he sentido fascinación por ella. Tiene un gusto exquisito, y un porte magnífico. Que no, que no hay ninguna que le llegue ni a los talones.
    Un beso.

  2. xavs Dice:

    Adoroa Inés, me encanta..de veras. En otro día vi en The Selby una sesión de fotos en su estudio y sencillamente me parece divina…mágica, una Catherine Deneuve morena de la vida…sin ser, aparentemente, belle de jour!
    Un abrazo

  3. tuquenotienesblogdemoda.blogspot Dice:

    De keira no me gusta nada su cara sim embargo en el anuncio de coco mademoiselle si me gusta porque es muy expresiva y sensual

  4. sexyinthecity Dice:

    Totalmente de acuerdo, esta mujer tiene una personalidad fascinante que sabe transmitir y que muy poquitas llegarán a tener. Era la perfecta abanderada de Chanel.

  5. Katev Dice:

    Viste la peli Coco Avant Chanel, que tal te parecio?

  6. grelinno Dice:

    No sé, Agustín, no sé… como bien dices todo es cuestión de gustos y tal vez nada tenga porque ser en términos absolutos de Inés o Keyra, la Deneuve o la Bouquet, Vanessa o Kate…

    Inés es lo que es y fue lo que fue… y sí, absolutamente adorable pero Inés fue Coco y Keyra es Mademoiselle. Ni una más ni la otra menos, o así al menos lo veo yo. Y de la misma forma que Kate Moss me parece absolutamente genial para el nuevo Parisienne de YSL no me gustaba ni poco ni anda como Mademoiselle.

    Sigo diciendo que me gusta Keyra por sus rarezas, por sus defectos, por su elegancia (al menos yo se la veo) y por su sencillez… que está delgada, pues sí, pero también lo está y estaba la Paradise, la Moss y otras muchas y ¡ojo!, lo mismo que existe el photoshop para borrar arrugas, blanquear dientes y recortar lorzas también existe para marcar clavículas, pómulos y adelgazar todavía más a quien interesa vilipendiar y eso, con Keyra ha ocurrido y ocurre lo mismo que desde hace ya mucho tiempo vengo alucinando y riéndome de las fotos que Ralph Lauren publicaba de sus modelos y ahora se ha destapado y reconocido que sí, que sí, que las chiquillas delgadas son pero que vía photoshop todavía lo pueden ser más.

    Eso sí, veo poco la tele y quizás todo sea por eso o porque ya se acerca la Navidad, pero me ha hecho gracia ver de nuevo en antena el anuncio de Keyra siendo Mademoiselle… porque Inés fue y será Coco (sensual y barroca), pero Keyra es Mademoiselle (un destino fuera de lo común dónde la elegancia puede estar en la sencillez y el lujo en la pureza).

  7. grelinno Dice:

    Y que conste que todo esto lo digo y escribo mientras leo Coco Chanel de Edmonde Charles Roux y tras ver Coco avant Chanel este finde tan largo… no valoro la película peor sí me quedo con una escena, con ese diálogo a tres (más bien a dos con una Coco como testigo muda) en los establos… quizás precisamente eso sea Keyra, y hasta aquí puedo leer.

  8. jose_airam Dice:

    Parece que todos coincidimos en que la época dorada de las top models fue mejor que la que ahora nos toca sufrir. Me pasa lo mismo que a tí, soy incapaz de retener el nombre de las modelos y solo soy capaz de reconocer a unas cuantas, pero creo que esto no está del todo mal.

    Es lo que nos toca ahora en un mundo en el que cualquier cosa con más de un año es antigua, incluidos modelos y diseños.

    Un saludo!

  9. felishim Dice:

    Alguien recuerda el anuncio de Ines que salia vestida con un traje largo de gasa,como si
    fuera un smoking?

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